Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 16 de diciembre de 2010

TIEMPO DE ADVIENTO DICIEMBRE 16, 2010


PALABRA DE VIDA


Lectura del libro de Isaías (54,1-10):

Alégrate, la estéril, que no dabas a luz, rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores: porque la abandonada tendrá más hijos que la casada –dice el Señor–. Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo tus lonas, alarga tus cuerdas, hinca bien tus estacas, porque te extenderás a derecha e izquierda. Tu estirpe heredará las naciones y poblará ciudades desiertas. No temas, no tendrás que avergonzarte, no te sonrojes, que no te afrentarán. Olvidarás la vergüenza de tu soltería, ya no recordarás la afrenta de tu viudez. El que te hizo te tomará por esposa: su nombre es Señor de los ejércitos. Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra. Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor; como a esposa de juventud, repudiada –dice tu Dios–. Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré. En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro, pero con misericordia eterna te quiero –dice el Señor, tu redentor–. Me sucede como en tiempo de Noé: juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; así juro no airarme contra ti ni amenazarte. Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no se retirará de ti mi misericordia, ni mi alianza de paz vacilará –dice el Señor que te quiere–.

Salmo 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.


Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.


Escucha, Señor, y ten piedad de mí, Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas;
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,24-30):

Cuando se marcharon los mensajeros de Juan, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con lujo? Los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti." Os digo que entre los nacidos de mujer nadie es más grande que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él.»
Al oírlo, toda la gente, incluso los publicanos, que habían recibido el bautismo de Juan, bendijeron a Dios. Pero los fariseos y los maestros de la ley, que no habían aceptado su bautismo, frustraron el designio de Dios para con ellos.

HOMILIA

En el tiempo de Adviento volvemos al profeta Isaías y en su profecía presenta a Sión, es decir, a la comunidad engendrada por la muerte del siervo del Señor que encontramos en el capítulo 53 del profeta, donde Isaías describe el sufrimiento del Siervo del Señor, en ese sufrimiento se realiza la renovación de la alianza, el florecer del amor conyugal y el legrarse de una íntima, amorosa relación que une a Dios con su pueblo redimido.

En el día de hoy el profeta repasa la historia del pueblo elegido, sirviéndose del simbolismo del amor esponsal entre Dios y Sión. Así el destierro se comparaba con la viudez y repudio (4), y la tragedia que había convulsionado a los habitantes de Jerusalén y se presenta como una triste condición de esterilidad de una mujer ansiosa de tener numerosos hijos (1). Pero el Señor cambia la suerte de su pueblo y así Jeru-salén, con la vuelta de los desterrados y la repoblación de la ciudad, puede experimentar sensiblemente la vitalidad de un amor que parecía corremediablemente acabado. La nueva y milagrosa fecundidad será signo de la bendición del esposo divino que, en realidad, nunca rechazó la propia esposa, aunque en los momentos dolorosos y sombríos afrontados por el pueblo hizo pensar a Sión que estaba olvidada y hasta castigada por el mismo Dios. Como, tras el diluvio, Dios se comprometió con Noé en una alianza eterna (ver Génesis 9,9ss)

El evangelio nos muestra la acción del Señor cuando se alejan los disc[ipulos de Juan, comienza a hablar de él, haciendo preguntas para suscitar la respuesta de la gnte. Quiere llevarles a que reconozcan a Juan no sólo como profeta, sino sobre todo el que ha abierto camino a Cristo. Juan es el profeta auténtico que busca a Dios en el desierto, en la penitencia, con fe firme, no vacilante, ajeno a cualquier compromiso con el mundo del poder, del aparentar (24-25). Y, sin embargo, esta interpretación de la figura de Juan, como profeta que ha dedicado toda su vida a la causa de Dios, no llega más profundo del significado de su misión. Jesús indica a Juan como el mensajero prometido por Malaquías (Malaquías 3, 1), esto es, el que abre el camino al Mesías, el que señala una etapa radicalmente nueva en la historia de la salvación, cuando reclama que debemos reconocer la necesidad de la conversión.

Pero el elogio del Bautista por parte de Jesús es también una seria reprobación para el que se tiene por justo, sin necesidad de conversión. La sentencia evangélica final es particularmente severa (30). Va dirigida a los hombres de religión que, presumiendo de justos, no han acogido la predicación de Juan ni su bautismo de purificación. Pues bien según Jesús, éstos han frustrado, con su comportamiento, el mismo designio salvífico de Dios para con ellos. Por eso nos dice hoy Isaías: “Mi amor por ti, es eterno, dice el Señor.” (Isaías 54,8)

ORACION

Hoy Señor, quiero cantar tu fidelidad, tu amor invencible, tu ternura ilimitada. Tú eres el Dios cercano, cuyos caminos son todos verdad, tú el esposo de Sión, tú el redentor de Israel. Tú te has inclinado a nuestra pobreza y nos has enriquecido de ti, has bajado a nuestro pecado y nos has curado, has alejado nuestro sonrojo y nos has revestido de ti mismo.

Tú, por nosotros has rasgado el cielo y en la plenitud de los tiempos nos has enviado a tu Hijo, que se ha constituido nuestro compañero de viaje, nuestro hermano y nuestro Señor.

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