Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,17-26):
HOMILIA
Isaías 35,1-10: Dios viene en persona y los salvará. Salmo 84: Nuestro Señor viene y nos salvará. Lucas 5,17-26: Hoy hemos visto cosas increíbles.
Estamos preparados para la venida del Mesías, estamos en el tiempo de Adviento cuando el Señor vendrá a vivir en medio de nosotros, su visión no es la visión de los fariseos y los escribas. Ellos están perdidos en discusiones teológicas, pero no esperan que el que vendrá es el mismo Señor porque es el único que puede perdonar los pecados. Pero no entienden, que la misión del Mesías, para ellos no es el perdón de los pecados, en lo que no creen. Perdonar los pecados en la visión del Mesías, es algo distinto a lo que ellos piensan porque no han entendido que el único que puede perdonar los pecados es Dios. Para Jesús, no es sólo una actitud de respeto sino que implica la reparación de los daños causados.
Perdonar los pecados para Jesús es la aceptación y la integración de todos los marginados en el nuevo orden social, donde el daño que los separaba y los excluía, es restituido y reparado. Jesús está en contra la actitud que separaba a los seres humanos. Jesús en nombre de Dios actúa restituyendo a los débiles, a los enfermos, a los rechazados por el sistema de anti-reino, restituyendo a los débiles a los enfermos, a los rechazados porque respeta su dignidad y su vida. Nos podemos preguntar en tiempo de Adviento ¿cuál es la camilla que nos impide dominar, luchar por ser sujetos sociales libres, dignos, reconocidos y valorados por todos.
En el texto que leemos hoy tomado de Isaías trae un auténtico canto a la alegría por la renovación cósmica y sobre todo antropológica que afecta a la debilidad del cuerpo mutilado y del ánimo apocado. Se trata de una renovación que lleva a cabo el Señor, creador y Salvador. No se trata solamente de una celebración de la vuelta de los deportados, sino una proclamación de fe que reconoce en el actuar del Señor el cumplimiento de los más auténticos deseos humanos, ese anhelo de feliidad que alberga en lo hondo del corazón.
El regocijo contrasta con el árido desierto y la estepa. Es la oposición entre el gozo que viene del Señor y que atraviesa, riega y vivifica toda la existencia y el dolor y la aflicción que ha pesado sobre el pueblo durante el destierro.. El motivo último de la alegría es la intervención del Señor, que ha dado un vuelco a la historia y ahora guía a su pueblo por un sendero seguro. Con la ayuda del Señor, el camino del Señor es ágil, hasta tal punto que los cojos no sólo caminan, sino que “brincan” y los mudos no solo hablan sino que “cantan”.
En el evangelio, los espectadores se han sorprendido por el hecho de que Jesús, ante este enfermo, que le presentaron de un modo un tanto especial, no lo curará inmediatamente, sino que le dirigiera unas palabras de perdón: “Hombre, tus pecados quedan perdonados” (20). Sin embargo, el mismo texto evangélico proporciona un indicio que ayuda a superar el asombro: “Jesús, viendo la fe que tenían, dijo…”. El evangelista nos indica con este detalle que es la “fe” de eso9s camilleros que no se obtienen ante ningún obstáculo a los que Jesús puede decir alogo semejante. Sólo quien tiene fe sabe reconocer que el problema más grande del hombre es el pecador.
Para eliminar de los hombres esta ceguera Jesús está obligado a hacer el milagro. (22) Ciertamente la objeción secreta de los escri8bas parece oportuna, pero enmascara su indiferencia, su sentirse superiores a los demás. A juicio de los escribas, Jesús es un blasfemo porque se arroga un poder que compite sólo a Dios (21). Pero tales pensamientos y su reto interior a Jesús les impide ver dos cosas: cuál es el verdadero mal que aflige al enfermo y el hecho de que Dios no es celoso de su poder de perdón. Con la venida de su Reino desea provocar una práctica profunda y universal del perdón, teniendo como modelo y fuente el perdón que el Hijo del hombre ha venido a traer (24). Esto es lo que debe suscitar la alabanza, indicada puntalmente por Lucas el evangelista de la oración.. Es lo que nos dice Isaías hoy en su texto: “!Animo! Nuestro Dios viene a salvarnos”. (Isaías 35,4)
ORACION
“Dios de la libertad y de la paz, que en el perdón de los pecados nos das un signo de la nueva creación, haz que toda nuestra vida, reconciliada en tu amor, sea alabanza y anuncio de tu misericordia.”
Ahora tu Palabra me ha manifestado mi verdadero mal y me ha llevado a tu salvación y mi guía. Ahora mi desierto ha florecido y mi estepa abunda de tu agua. Con el salmista también puedo proclamar: “Dichoso el que ve olvidada su culpa y perdonado su pecado… Reconocí ante ti mi pecado, no te encubrí mi falta; me dije: “confesaré al Señor mis culpas”, y tú perdonarás mi falta y mi pecados”. (Salmo 32)

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