Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 1 de diciembre de 2010

TIEMPO DE ADVIENTO DICIEMBRE PRIMERO 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Isaías (25,6-10a):
Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Lo ha dicho el Señor.Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Salmo 22,1-3a.3b-4.5.6
Habitaré en la casa del Señor por años sin términoEl Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,29-37):
En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel.Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.»Los discípulos le preguntaron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?»Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»Ellos contestaron: «Siete y unos pocos peces.»Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas.

HOMILIA

Isaías 25,6-10a: El Señor invita a su convite Salmo 22: Habitaré en la casa del Señor por años sin término. Mateo 15,29-37: Me da lástima esta gente, porque no tiene qué comer.

Mateo nos muestra en el evangelio de hoy dos signos del proyecto del reino dado.
s por Jesús: el primero es la curación de los enfermos, signo de liberación para con los excluidos por la sociedad y las estructuras presentes, con el fin de restablecer las condiciones de vida y dignidad que les han sido negadas. El segundo es la multiplicación de los panes para satisfacer las necesidades más urgentes de quienes le siguen, dicho milagro se obra a partir del compartir solidario entre las personas con sentido de responsabilidad, siendo capaces de romper con el egoísmo y dar de lo que se tiene en la construcción de una comunidad más justa, donde haya pan y dignidad para todos. Este evangelio nos invita a tomar conciencia y ser responsables de los signos del reino: re-dignificar a los que son excluidos hoy en nuestra sociedad y ser constructores de solidaridad en medio de tantos rostros concretos que pasan situaciones de marginación por causa de las estructuras que enajenan al ser humano. Preguntémonos ¿cómo estamos haciendo nosotros para restablecer esas condiciones de vida y dignidad desde donde me encuentro? Y cuáles son mis propias actitudes de compartir solidario en mi propio entorno?
Por eso Isaías comienza con la imagen del banquete, uno de los signos fundamentales para expresar la comunión, el diálogo, la fiesta, la victoria. El banquete anunciado por Isaías para el fin de los tiempos celebra la victoria de Dios sobre los poderes que esclavizan al hombre, proclamando su realeza universal. El lugar del banquete, abierto a todos los pueblos, es también bastante3 significativo. Se trata de Sión, lugar simbólico de la elección de Israel.

En el banquete el Rey ofrece regalos a los invitados, a la usanza de los reyes y príncipes al ser entronizados. El primer regalo es su presencia, su manifestación a los pueblos que antes caminaban como ciegos: “Arrancará en este monte el velo que cubría la faz de todos los pueblos” (7). A este don sigue otro más llamativo: aniquilará la muerte. A continuación Dios, amorosamente, enjugará las lágrimas de todos los rostros, consolará a todos de su dolor. ¡Este es un tercer regalo personalizado!

Esta esperanza estriba exclusivamente en la promesa de Dios y no en las conjeturas del hombre sobre su futuro, como subraya el versículo 8; “Lo ha dicho el Señor.” En este punto desborda el himno de alabanza por la victoria del Señor, quien, aun antes de derrotar a los enemigos, se constituye en salvación del pueblo que ponga en dios su esperanza: “Este es nuestro Dios, de q uien esperamos la salvación.” (9).

Lo que marca el milagro de la multiplicación de los panes es la misericordia de Jesús que cura los enfermos (30) Y que da a todos su alimento, signo del banquete mesiánico.

Su misericordia es la que se cuenta de lo que loo9s discípulos no advierten: el hambre y la debilidad de sus oyentes. Por eso Jesús antes de actuar, convoca a sus discípulos, para que participen en su visión comp0asiva de los pobres y necesitados (32).

El hecho de pocos antes el evangelista nos haya narrado el viaje de Jesús a tierra extranjera (Mateo 14,13-21) Nos hace pensare que el gentío le sigue desde lejos y pertenece al pueblo pagano. Mateo aún siendo consciente de que la misión universal es postpascual (vean Mateo 28,18-20), quiere subrayar la misericordia de Dios que se manifiesta en Jesús y se proyecta a todos los pueblos. En la primera multiplicación (Mateo 14,13-21) Jesús se manifestó como el buen pastor de Israel, haciendo visible la fidelidad de Dios con su pueblo. Ahora son todos los invitados al banquete mesiánico, incluso los paganos por la misericordia de Dios.

El pan que reparte recuerda el banque en el cual hay sitio para todos: el número “siete” de las cestas de pan sobrante, como el número “cuatro mil” de los comensales (los cuatro puntos cardinales) simboliza también el tema de la salvación universal que lleva a cabo Jesús. Observemos la disposición de Jesús en sus Palabras: “Me da lástima de esta gente.” (Mateo 15,32)

ORACION

Te bendecimos por el pan de cada día, signo de tu solicitud por nosotros.
Te pedimos que refuerces nuestra caridad para que en nuestro compartir y en el servicio, podamos ser auténticos testigos de tu gran corazón de pastor que sana y apacienta a sus ovejas.

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