Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 25 de diciembre de 2010

TIEMPO DE NAVIDAD DICIEMBRE 25, 2010

PALABRA DE VIDA

Isaías 52,7-10

Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: "Tu Dios es rey"! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Salmo responsorial: 97

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo, / porque ha hecho maravillas: / su diestra le ha dado la victoria, / su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria, / revela a las naciones su justicia: / se acordó de su misericordia y su fidelidad / en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado / la victoria de nuestro Dios. / Aclama al Señor, tierra entera; / gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor / suenen los instrumentos: / con clarines y al son de trompetas, / aclamad al Rey y Señor. R.

Hebreos 1,1-6

Dios nos ha hablado por el Hijo

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: "Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado", o: "Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo"? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: "Adórenlo

todos los ángeles de Dios."

Juan 1,1-18

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."" Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

HOMILIA

Las lecturas de este d[ia de navidad dejan el relato del nacimiento con el anuncio de Jesús-luz, salvación y gozo y nos presentan el mensaje más profundo de la solemnidad a través de una meditación riquísima del acontecimiento.

EL profeta Isaías expone el contenido salvífico del mensaje comenzando con la presentación de los centinelas de la ciudad santa, que divisan a Dios volviendo a Jerusalén para salvarla. Estos centinelas anuncian “alegres noticias” de paz y salvación al pueblo, diciendo que el Señor ha vuelto y ha retomado su puesto sobre al colina de Sión, estableciendo su morada definitiva entre los suyos (7-8, pueden ver Romanos 1º,15,Ezquiel 43, 1-5). Pero el Señor no sólo vive con el pueblo; también, como su esposo atento y solícito actúa y obra por su esposa. De hecho Isaías expone la actividad salvífica de Dios utilizando tres verbos significativos: “Consuelo, rescata, manifiesta su poder” (9-10). Estos tres verbos iluminan la acción amorosa, providente y vigilante en defensa del pueblo, especialmente contra los enemigos que hostigan.

El anuncio profético concluye con la constatación de que todos los puevblos de la tierra han podido ver que el Señor no abandona a su pueblo, sino que está siempre dispuesto para salvarlo (10; Mateo 28,28). La iglesia utilizando este texto estalla de alegría porque ve que el Señor ha cumplido la espera del nacimiento del Mesías anunciada en los siglos precedentes.

Nos encontramos ahora con el prólogo de la Carta a los Hebreos, que contiene todos los temas que el autor piensa desarrollar para reforzar la fe de los cristianos procedente de los hebreos, en una invitación a la comunidad cristiana a fijar su mirada sobre el misterio de Cristo desde su nacimiento, punto culminante de la revelación de Dios (ver Juan 1,18; Gálatas 4,4).

Jesús, el Hijo, es en efecto, la plena y completa revelación del Padre (2). El, como el Padre, es Dios y Creador; es “irradiación de su gloria e impronta de su ser” (3) y por esto es superior a todas las cosas (ver Romanos 8,17, Mateo 21,28). Por la misión que ha recibido del Padre y ha realizado entre los hombres con el anuncio de la Palabra de la verdad (ver Juan 14,6), ha cancelado el pecado del mundo, ha establecido la comunión entre dios y la humanidad, y con su muerte y resurrección ha sio ensalzado sobre todas las cosas, “se ha sentado a la derecha de Dios en lo alto del cielo” (3; ver Romanos 3,24-25; Colosenses 1,13-14; Filipenses 2,9-11) y ha sido reconocido por el Padre como Hijo unigénito. Este es el misterio de Jesús que ha sido revelado, que está presente y vivo en la Iglesia y que cada creyente debe imitar para ser manifestación de Dios entre los hombres y tener parte en la intimidad del Padre.

En el prólogo del evangelio de Juan se presenta como una síntesis meditativa de todo el misterio de navidad, porque el Niño de Belén es revelación de dios, la verdad de Dios y del hombre, y reflexionando sobre este evento nos penemos en actitud de comprender quién es el que ha nacido y quienes somos nosotros.

El centro del prólogo está en el versículo 14: “Y la palabra se hizo carne”, que contiene el hecho de la encarnación y, por lo tanto, la Navidad: el Hijo de dios se ha hecho hombre con la fragilidad e impotencia de toda criatura. Para comprenderlo Juan se remonta al misterio trinitario y luego vuelve a descender hasta el hombre. El inicio es pues, la afirmación que nos sitúa fuera del tiempo en el misterio de Dios: “En el principio era la Palabra” (1ª) y nos habla de una existencia sin comienzo ni devenir. Después de en la frase:”La palabra estaba junto al Padre” (1b), el evangelista precisa la situación del “Logos” (la Palabra), que existe desde siempre, en unidad con Dios tiene vida por la Palabra: “En ella estaba al vida y la vida era la luz de los hombres” (4) porque en Jesús, todo encuentra consistencia, significado, fin y especialmente salvación de todo hombre. Todas estas afirmaciones de Juan son importantes para comprender el papel de Jesús como revelador y testigo veraz de Dios. Por esto “de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia” (16), es decir, de su vida filial todos podemos recibir abundantemente. Por eso dice Juan: “La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1,14).

ORACION

Padre nuestro, en estos días hemos escuchado muchas palabras sobre Navidad y estamos saciados de ella, pero, en realidad, no hemos comprendido a fondo el sentido de aquellas verdades. Juan Pablo II ha hecho esta reflexión: “El Niño alienta. ¿Quién oye el vagido del Niño? Por él, empero, habla el cielo y es el cielo el que revela la enseñanza de este nacimiento. Es el cielo el que se explica con estas palabras: “Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres que gozan de s amor.” Es preciso que nosotros, tocados por el nacimiento de Jesús, escuchamos este grito del cielo.” ¿Cómo acoger y escuchar este vagido de este Niño? Esta es la pregunta que, tú Señor, suscitas en nuestro corazón. Nuestra respuesta quiere ser pronto y generosa, sobre todo con la escucha de la Palabra que se presenta educadora de sensibilidad cristiana para hacer la experiencia de que tú eres “Emmanuel”. Queremos además, corresponder a los dones, como el grandísimo que nos has hecho al nacer entre nosotros. Nuestro don es nada con respeto al tuyo, pero contiene esta donación por solidaridad y participación plena de la vivencia humana. Tu Navidad nos propone también la conciencia de la fraternidad universal. Cada uno de nuestros gestos navideños pretende ser no sólo privado o familiar, sino abierto a la solidaridad y a la bondad, especialmente con los más necesitados de ellas, como los pobres, los inmigrantes, los explotados, los que viven en soledad o son olvidados, porque justicia social y solidaridad van siempre juntas.

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