Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 30 de noviembre de 2010

FIESTA DE SAN ANDRES, APOSTOL, NOVIEMBRE 30, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (10,9-18):
Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación. Dice la Escritura: «Nadie que cree en él quedará defraudado.» Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.» Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo, si no creen en él?; ¿cómo van a creer, si no oyen hablar de él?; y ¿cómo van a oír sin alguien que proclame?; y ¿cómo van a proclamar si no los envían? Lo dice la Escritura: «¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio!» Pero no todos han prestado oído al Evangelio; como dice Isaías: «Señor, ¿quién ha dado fe a nuestro mensaje?» Así pues, la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo. Pero yo pregunto: «¿Es que no lo han oído?» Todo lo contrario: «A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su lenguaje.»

Salmo 18,2-3.4-5
A toda la tierra alcanza su pregónEl cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,18-22):
En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.»Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

HOMILIA

Romanos 10,9-18: La fe nace del mensaje, y éste consiste en hablar de Cristo Salmo: 18: A toda la tierra alcanza su pregón. Mateo 4,18-22: Inmediatamente, dejando la barca y a su padre, le siguieron.

Hoy celebramos la memoria del apóstol Andrés; y junto con él celebramos el acto único que hace Dios, por medio de distintas personas y situaciones, de llamarnos por nuestros nombres para ser servidores idóneos del reino de Dios en distintos tiempos y lugares del mundo. Ello para ser constructores de una nueva sociedad en la que el Dios de la Vida y la Justicia reine. Jesús, de camino por el lago de Galilea, llama a los que serán sus discípulos, hombres y mujeres disponibles para seguir sus pasos, abiertos a la novedad del reino, dispuestos incluso a dar la vida por la causa de Jesús. Son personas del común que aceptan sin condiciones la invitación hecha por el Maestro, dejan atrás los miedos, los fracasos, las comodidades, e inician una nueva forma de vida inspirada y sostenida por la fe en aquél que proclama y realiza el reino de Dios: Jesús de Nazaret. Hoy, como creyentes, estamos llamados a continuar la obra iniciada por Jesús. Es la misión de toda la Iglesia ser testimonio vivo de ese llamado, ser discípulos/as oyentes y servidores, testigos fieles y apasionados de esa Palabra que se ha encarnado en nuestra historia, con el fin de trascendernos y hacernos libres.

Como Andrés y los otros discípulos el llamado llega a nosotros, sin condiciones, llenos de su Palabra para hacernos libres e invitar a la misma realidad a todos aquellos que como nosotros respondan a la causa de Jesús. Andrés tenía algo importante en su vida, era uno de los discípulos de Juan el Bautista y sigue a Jesús cuando Juan proclama a Jesús “como el Cordero de Dios” (Juan 1,35-40). Invitó a Pedro su hermano, con una única razón, “que había descubierto al Mesías” (Juan 1, 41ss). Ambos fueron llamados por Jesús en el lago de Genesaret “para ser pescadores de hombres” (Mateo 4, 18ss). Fue Andrés en que en loa multiplicación de los panes, indicó a Jesús, el niño que tenía cinco panes y dos peces (Juan 6,8ss) Junto con Felipe le dijo a Jesús que algunos griegos querían verle (Juan 12,20ss). Según la traidición Andrés murió crucificado en Patras, por eso se le honra de una manera especial en la iglesia griega.

En la primera lectura aprendemos por Pablo que es la fe lo que conduce a la salvación, por el simple hecho de que con ella nos abandonamos libre y totalmente a Dios (dice el Concilio Vaticano II, en Dei Verbum) reconociéndole como Salvador. Ahora bien a la fe se llega por la escucha de la predicación.

El objeto de ambas, la fe y la predicación, es el misterio de Jesús-Señor, muerto y resucitado por el poder de Dios Padre. Por eso, al creer, todo hombre de buena volun-tad sale de sí mismo y se convierte en propiedad de Dios, garantía y fundamento de todo confianza humana en él. Con todo, y según la enseñanza de Pablo, también la predicación presupone un acontecimiento de gran importancia: un carácter de carácter histórico, que aparece como absolutamente necesario. El que predica puede decir que ha sido enviado: la predicación presupone la misión, y ésta constituye el punto de amarre entre el que predica y el que es predicado, entre el enviado y el que envía.

El destino universal del mensaje evangélico pasa, por consiguiente, a través de un hecho histórico completamente particular: la elección que hizo Jesús de sus testigos y el envío de los mismos en misión.

Estamos en Mateo y Jesús se encuentra en el comienzo de su ministerio público, a reunir a su alrededor algunos discípulos, a los que dirige una enseñanza completamente particular, porque quiere que sean sus seguidores y sus testigos. A su tiempo, después de la resurrección de Jesús, serán enviados a todo el mundo, a fin de u el Evangelio pueda seguir su curso hasta el final. Los Doce, de pescadores, se convertirán en pescadores de hombres. No se trata de un simple juego de palabras, sino de que el mismo Jesús les dijo: ”Ellos dejaron al instantes las redes y lo siguieron.” (19)

Andrés con su hermano Simón, fue uno de los primeros que escuchó la llamada de Jesús y le siguió con prontitud. Mateo otorga un relieve particular a la prontitud con que Pedro y Andrés respondieron a la llamada de Jesús: “Y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, y le siguieron!. (20)

Andrés junto con su hermano Pedro, fue uno de los primeros que escuchó la llamada de Jesús y le siguió con prontitud. Mateo otorga un relieve particular a la prontitud con que Pedro y Andrés respondieron a la llamada de Jesús: “Y ellos dejando al punto la barca y a su padre, le siguieron”. (20)
Un poco más adelante (22) elo mismo evangelista Mateo9 afirma que, en realidad, los primeros discípulos de Jesús dejaron no sólo las redes, la barca y su profesión sino también a su padre. El seguimiento de Jesús, el auténtico que transforma la vida, no deja lugar a tergiversaciones ni concede descuesto alguno: es, por propia naturaleza, radical y totalitario. Por eso leemos en el evangelio de Mateo, “Venid detrás de mí y yo os haré pescadores de hombres,” (Mateo 4,19)

ORACION

¿Por qué, Señor, son tan pocos los que prestan oídos a tu voz? ¿Por qué disminuye cada vez más el número de los que están dispuestos a seguirte por el camino de la radicalidad evangélica? ¿Acaso se ha apagado tu voz entre nosotros? ¿O tal vez que es menos perceptible tu presencia entre los jóvenes de hoy? ¿Acaso estás tan escondido que ya es imposible reconocerte presente y cercano a cada uno de nosotros?

Sin embargo, oh Señor, tú estás en medio de nosotros, vives a nuestro lado, nos acompañas de una manera discreta, pero real, por los caminos que recorremos. Haz, oh Señor, que tu Palabra resuene más eficaz que nunca hoy para todos nosotros. Haz oh Señor, que tu presencia sea advertida y reconocida hoy más que nunca, sobre todo por los jóvenes. De este modo, el espinoso problema de la falta de vocaciones dejará de angustiarnos, porque todos nos abandonaremos a tu solicitud de pastor bueno.

lunes, 29 de noviembre de 2010

TIEMPO DE ADVIENTO NOVIEMBRE 29, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Isaías (2,1-5):
Visión de Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.»Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.
Salmo 121,1-2.4-5.6-7.8-9
Vamos alegres a la casa del Señor¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo.» Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,5-11):
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace.»Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.»
HOMILIA

Is 2,1-5: El Señor reúne a las naciones en la paz del reino de Dios Salmo responsorial: 121: Vamos alegres a la casa del Señor.Mt 8,5-11: Vendrán de oriente y occidente y se sentarán en el reino.

El reino de Dios es para toda la humanidad y no sólo para un pequeño grupo de personas; de igual forma, el mensaje de Jesús es universal, no es exclusivo, es una propuesta para el mundo entero. Y es esto lo que expresa el texto que leemos hoy. El centurión, quien forma parte del aparato opresor de la época y religiosamente es pagano, cree en la acción salvífica de Jesús, cree que es el Señor y que por lo mismo es superior a las fuerzas del mal y puede sanar y otorgar vida. Por esta expresión de fe, el centurión se convierte en modelo de creyente, pues se pone en manos de Jesús y tiene fe en sus palabras, superando los prejuicios religiosos y dando cabida a la misericordia universal de Dios. La fe del centurión sorprende a Jesús y lo lleva a afirmar que no ha encontrado en Israel una fe semejante a esta (v. 10), lo cual quiere decir que muchos israelitas se han cerrado a la Buena Noticia proclamada por Jesús, mientras los paganos han encontrado en él su propia esperanza, su propia salvación. Es un llamado a abrir nuestro horizonte misionero, a abrir nuestra mente a la constante novedad del Evangelio.

Por nos encontramos en el segundo día de Adviento. Nos encontramos en el misterio de la espera y la venida de Dios. Desde que Jesús con su Pascua, llevó a cabo nuestra redención, siempre celebramos “esperando su venida” por so aclamamos “Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús. En el adviento celebramos el acto de la venida personal y toda la historia humana. La espera que celebramos es “única” y sus momentos están vinculados entre sí: el adviento cotidiano a la Iglesia y al hombre, éste, a su vez, tiende hacia la vuelta de Cristo la parusía y el fin último de su espera.

El profeta Isaías nos ofrece una mirada de creyente sobre el curso de la historia humana, para él n o camina hacia una catástrofe sino hacia el don divino de la paz universal. La visión profética distingue en la historia humana un movimiento ascendente en correspondencia al movimiento descendente de Dios quien hace “salir” su Palabra para atraer hacia sí a los hombres (3). Y esto tiene un signo positivo; todos los pueblos vendrán a la unidad. La ruina sucedió en Babel, donde fueron confundidas las lenguas y la dispersión entró la vida humana. Isaías ve, en cambio, el prodigio de un movimiento opuesto: los hombres convergen hacia un centro, vuelven a unirse, se supera y olvidal la lejanía de Dios, Jerusalén será ciudad de Dios para siempre.

Para lograrlo, el Señor establece una “escuela” alternativa, la “escuela de la Palabra”, que, con la fuerza de su promesa, suscita un mundo de paz y proyecta en dirección positiva las energías del hombre, inclinadas al mal y a la muerte: “De las espadas forjaran arados” (4).
Ciertamente las obras humanas siempre serán parciales y frágiles, pero deben ayudar a comprender que la vida, con su proceder, -a veces doloroso y con sufrimiento- es una santa peregrinación iluminada con la luz que mana “del monte del templo del Señor” (2). Se trata de una luz que no sólo iluminará con todo su esplendor al final de los tiempos, sino que ya desde ahora orienta el camino del pueblo de Israel: “Estirpe de Jacob venida caminemos a la luz del Señor.” (5).

En el evangelio, la promesa divina, viene en auxilio de un pueblo que ha experimentado el pecado y sus trágicas consecuencias (4). Espera a un hombre nuevo, indicado por el término simbológico de “vástago”, que el Señor envía para sacar al país de la crisis: él es en verdad “honor, orgullo, adorno” para el país. Los caldeos pensaban también que Babilonia gozaba de esta condición de “joya y orgullo” (Isaías 13,19), y los israelitas decían lo mismo de Samaría (ver Isaías 28,1-6). Una y otro eran para sus habitantes corona de esp0lendor, diadema gloriosa. Pero el Señor juzgará a ambas. Sin embargo, Jerusalén podrá contar con la presencia del “vástago”, signo concreto de la fidelidad divina con la ciudad santa.

Elo profeta propone continuación, como en Isaías 1,9, el tema del “resto” (3). Si para los asirios “el resto” representaba despectivamente a los pueblos sometidos a su dominio, para el profeta “el resto” es el remanente de Israeñ. Constituir parte del “resto” no es cosa humillante, porque con él el Señor puede llevar a cabo nuevos prodigios y nuevas obras de salvación, prescindiendo de que sean pocos los destinatarios. Estos, formando parte de loos rescatados y salvados de la muerte, muestran que la iniciativa proviene del amor fiel de Dios, que encuentra en ellos una respuesta fiel a la lección.

Los versículos 3-6 describen la condición de ls que “quedan” en Sión. Se llamarán sanos, porque la relación entre Dios y este “resto” prevé una purificación. Por eso la nueva Sión, santificada por el Espíritu del Señor, verá renovarse los prodigios del éxodo y toda la asamblea litúrgica, antes contaminada con el culto vacío y formalista, será visitada por el Señor del éxodo (5).
Por eso, hay que prestar atención a las palabras de Mateo 8,8: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero dí una sola palabra y mi criado será sano.”

ORACION

“!Ven, Señor! Iluminas nuestros pasos con tu luz y fortalece nuestros corazones, para que tengamos la osadía forjar podaderas de las lanzas y arados de las espadas. Sólo con tu amor podremos emplear para el bien las energías que tenemos en vez de la fuerza terribles de la laceración y disgregación. “!Ven, Señor, no tardes.!

domingo, 28 de noviembre de 2010

TIEMPO DE ADVIENTO NOVIEMBRE 28, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Isaías (2,1-5):
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.» Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.

Salmo 121
Vamos alegres a la casa del Señor. Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.
Allá suben las tribus, las tribus del Señor según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios». R/.Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo». Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos (13,11-14):
Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (24,37-44):
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por lo tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

HOMILIA

Isaías 2,1-5: El Señor reúne a las naciones en la paz del reino de Dios Salmo 121: Vamos alegres a la casa del Señor. Romanos 13,11: Nuestra salvación está cerca Mateo 24,37-44: Estén prevenidos porque no saben cuándo llegará su Señor

Hoy comienza el «año litúrgico», que no coincide con el año civil, ni con el curso lectivo, ni tal vez con el «ejercicio económico anual» de tal ramo de empresas... El año litúrgico es una periodización propia de la Iglesia católica.

Comienza con el tiempo de «adiviento», uno de los varios que lo componen... «Ad-viento», apócope de «advenimiento», significa venida, y alude a la venida de Cristo, que, bíblicamente hablando, son dos: la que ya tuvo lugar, que celebraremos en Navidad, y la futura, la llamada «segunda venida» de Jesús, «en poder y majestad», que pondrá fin al mundo, inaugurará el «juicio final» o «juicio de las naciones», y abrirá la era definitiva, el «nuevo eón», la vida eterna beatífica para los salvados, y el sufrimiento en el infierno para los condenados. Todo ello, dicho en el lenguaje clásico tradicional, para situarnos.

Pero, ¿qué creemos realmente de todo ello? ¿Qué creemos de todo ello sólo simbólicamente, evocando otro significado que el literal?

Los dos últimos capítulos del evangelio de Mateo forman el llamado «discurso escatológico» de Jesús. El evangelista pone, agrupa en su boca los dichos «escato-lógicos», o sea, los que se refieren al final (del mundo). Ya sabemos hermenéutica bíblica y no vamos a entrar en el tema de la historicidad de esos dichos en cuanto efectivamente dichos por Jesús. Bien pudiera ser que Jesús expresara estas u otras ideas semejantes, porque Jesús estuvo inmerso en la mentalidad religiosa y cultural de su época -igual que dijo que Dios «hace salir el sol» sobre justos y pecadores, porque participaba de la visión cosmológica precopernicana-. Pero la pregunta importante para nosotros es: ¿debemos creer nosotros hoy la «descripción del final» propia de esa visión apocalíptica? ¿Creemos efectivamente que Jesús vendrá de nuevo, tal vez pronto, y con semejantes consecuencias?

El popular Richard DAWKINS, popular escritor, que se ha hecho muy popular con su combate crítico a las creencias religiosas, confiesa que queda «abatido al constatar que el 50% de los estadounidenses cree que el mundo tiene apenas 6 mil años», y añade: «La única superpotencia mundial actual está a punto de ser dominada por electores que creen que el universo entero comenzó después de la domesticación del perro. Creen también que serán personalmente ‘arrebatados’ a las alturas celestrianes todavía en el tiempo de su vida, hecho que será seguido por un Armagedón muy bienvenido como heraldo de la segunda venida de Cristo». Sam HARRIS por su parte (Letter to a Christian Nation), aduciendo encuestas del Instituto Gallup, sustiene que «nada menos que el 44% de la población estadounidense está convencida de que Jesús va a volver para juzgar a los vivos y a los muertos, en algún momento de los próximos cincuenta años». «Imagine usted las consecuencias, si algún miembro significativo del gobierno estadounidense realmente creyese que el mundo está pronto a acabar de esta manera... El hecho de que casi la mitad de la población de EEUU crea en eso, en base simplemente a un dogma religioso, debe ser considerado una emergencia moral e intelectual». Dawkins, que prologa el libro de Harris, añade que hablar de una «emergencia moral e intelectual» tal vez es muy moderado.

Efectivamente, aunque hayamos olvidado historias pasadas de los muchos movimientos milenaristas de siglos pasados, hoy sabemos bien de consecuencias terribles actuales de las creencias religiosas que derivan en violencia y terrorismo por motivaciones religiosas verdaderamente apocalípticas, tanto de un signo como de otro. Las creencias religiosas, sobre todo su interpretación, no son un mero «asunto privado» de cada quien. Qué crean los norteamericanos electores del gobierno de la mayor potencia militar del mundo, para mí no es simplemente un «asunto privado» de ellos. Qué crean y piensen sobre el final del mundo y sobre la intervención y el dominio que Dios tiene sobre nuestro modo de gestionar este mundo, no es un asunto religioso privado del que la sociedad no deba preocuparse, porque, en determinadas circunstancias, puede llegar a ser verdaderamente «una emergencia moral e intelectual». Pensemos también en la cantidad de creyentes de pequeñas iglesias «libres» que se multiplican entre masas de población que viven en sectores de pobreza o miseria, y en las creencias fundamentalistas que difunden... ¿No son realidades de interés público, tal vez de salud pública, o incluso de «emergencia moral e intelectual»?

Casi con toda seguridad, los lectores de este comentario bíblico no están en esas penosas situaciones religiosas que acabamos de aludir. Pero es bien probable que no sepan bien qué decir ante el evangelio de hoy: ¿seguimos creyendo en una «segunda venida de Cristo»? Probablemente no creen en su inminencia, ni en su carácter «apocalíptico», ni en Armagedón y sus amenazas... pero no han decidido si seguir creyendo o no en «la segunda venida de Cristo». Mientras no lo decidan críticamente -mientras no personalicen su fe, en ese sentido- seguirán creyendo con la creencia tradicional (confiarán una parte importante de suvida a esa creencia), de que lo más profundo de la realidad es que es el plan de un Dios que quiso crearnos y ponernos una prueba, y que esa «segunda venida» será el paso a la definitiva vida eterna. Eso es lo que significa la «segunda venida».

Ocasiones como ésta, del domingo que inaugura el Adviento (advenimiento, venida), que pone ante nuestros ojos meditativos esa segunda venida, son, deberían ser, una ocasión para «coger el toro por los cuernos» y abordar estos temas, sin contentarse con darles en la homilía simplemente varios «pases» litúrgicos que lo utilizan simbólicamente, sin responder ninguna de las preguntas que pasan por la mente de los oyentes.

La esperanza ha sido considerada clásicamente como la virtud típica del Adviento, la dimensión de nuestra vida en la que meditar, la fuerza personal que cultivar especialmente en estas cuatro semanas. Como el pueblo de Israel y tantos otros pueblos vivieron la historia como un caminar iluminado por la esperanza del encuentro con Dios, el adviento nos invita a considerar nuestra vida como un caminar que no podemos sobrellevar sino con la fuerza de la esperanza. ¿Cuál es el peso de la esperanza en nuestra vida?

Tal vez, en el ambiente de nuestra ciudad o de los medios de comunicación... ya se ha instalado la publicidad navideña. Para el comercio, adviento significa bombardeo publicitario prenavideño, una navidad que, para ellos, no sería tal sin un aumento del consumo en todos los campos. Un cristianismo coherente no debe caer en en la trampa del mensaje de tanto signo aparentemente religioso que lo que pretende es solamente hacernos consumir.

La primera lectura, de Isaías, una de cuyas frases -la de la conversión de las lanzas en podaderas- fugura en el vestíbulo del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, expresa bien la dimensión terrena de la utopía de esperanza que animaba a los profetas: un mundo reconciliado, en la paz de la convivencia y el trabajo, superadas las guerras y las preparaciones para las guerras -los arsenales de armas y las maniobras militares-. Por ser parte del Primer Testamento, a Isaías le falta la visión universalista: ni el «final» ni mucho menos el «fin» sean que la Humanidad caminen hacia el monte de Sión, sino simplemente hacia la Utopía de Dios, sea cual sea el monte sagrado de su religión.

ORACION
Dios todopoderoso, aviva a tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a tu derecha, merezcamos poseer el Reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.

sábado, 27 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 27 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (22,1-7):
El ángel del Señor me mostró a mí, Juan, el río de agua viva, luciente como el cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. A mitad de la calle de la ciudad, a ambos lados del río, crecía un árbol de la vida; da doce cosechas, una cada mes del año, y las hojas del árbol sirven de medicina a las naciones. Allí no habrá ya nada maldito. En la ciudad estarán el trono de Dios y el del Cordero, y sus siervos le prestarán servicio, lo verán cara a cara y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá más noche, ni necesitarán luz de lámpara o del sol, porque el Señor Dios irradiará luz sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.Me dijo: «Estas palabras son ciertas y verdaderas. El Señor Dios, que inspira a los profetas, ha enviado su ángel para que mostrase a sus siervos lo que tiene que pasar muy pronto. Mira que estoy para llegar. Dichoso quien hace caso del mensaje profético contenido en este libro.»

Salmo 94
¡Marana tha! Ven, Señor JesúsVenid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. Porque el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses: tiene en su mano las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes; suyo es el mar, porque él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,34-36):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»
HOMILIA

Apocalipsis 22, 1-7 No habrá más noche; el Señor irradiará luz sobre ellos Salmo: 94: Marana tha! Ven, Señor Jesús. Lucas 21, 34-36: Estén despiertos y oren incesantemente.

Nos encontramos en el último día del año litúrgico. Y el texto que leemos hoy es una exhortación a todos los cristianos a estar vigilantes, atentos, despiertos, en pie de misión, preparados en todo momento para la venida del Señor Jesús. Por lo que nos expresa el texto leído, la comunidad lucana atravesaba una fuerte crisis, causada por la espera larga de la venida definitiva de Jesús a la comunidad creyente (Parusía), lo cual era motivo para el desánimo, la desesperanza, el descuido en la tarea misionera encomendada y en la práctica de la caridad con los hermanos. Estas palabras, puestas en boca de Jesús, son un llamado de atención y a la vez una motivación para continuar creyendo y viviendo el estilo de vida propuesto por el Maestro, rechazando todo aquello que no va en consonancia con el proyecto de Dios y que debilita la esperanza en él: los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de la vida (v. 34). Dos actitudes son presentadas por Jesús como elementos fundamentales para poder mantener viva la esperanza: estar despiertos y orar constantemente (v. 36). El velar y el orar son constitutivos para todo aquél que asume como principio de vida los valores del Evangelio, pues éstos nos fortalecen y nos mantienen fieles a lo que profesamos, especialmente en los tiempos de crisis.

La última visión del libro del Apocalipsis nos presenta una visión “un río de agua viva” (1) y “un árbol de vida” (2) sorprendentemente fructífero, cuyas hojas tienen también un poder terapéutico. Las imágenes son extremadamente claras; más aún la claridad la claridad se hace mayor al final del libro. El evangelio del que procede, la bienaventuranza prometida, la perspectiva del gran bienestar están delante de todos nosotros, están a nuestra disposición: “Ya no habrá nada maldito… Ya no habrá noche… el Señor dios alumbrará a sus moradores” (3,5): aquí se indica el paso de las imágenes a la realidad. La luz que necesita el creyente es su Dios; la medicina que necesita es su Redentor; la vida que anhela sólo puede ser don de Dios.

El libro no puede dejar de acabar con una perspectiva profética: “Mira que estoy a punto de llegar” (7ª). A esta promesa le sigue una bienaventuranza: “!Dichoso el que presta atención a las palabras proféticas de este libro!” (7b, ver también 1,3). Es fácil intuir que la bienaventuranza delo creyente está ligada, en parte a las palabras de Jesús consignadas en el evangelio y, en parte a esta promesa.

Estamos efectivamente en camino entre el ya y el todavía no, sostenidos por la fe y animados por la esperanza: por eso nuestra bienaventuranza sigue siendo incompleta, hasta que vuelva el Señor para llevar a cabo un encuentro de comunión y de paz perennes.

Son dos cosas que pone el Señor en esta parte final del “discurso escatológico”: negativamente, pone en guardia contra el debilitamiento interior; positivamente, invita a tener ánimo y fuerza en vista al testimonio. Ahora bien, la intención primera de Jesús es preparar a sus discípulos para la lucha espiritual que no dejará de caracterizar su experiencia histórica. En las palabras de Jesús podemos intuir que, si han de ser temibles los ataques del exterior, no lo serán menos las debilidades interiores. La fidelidad al Evangelio exige vigilancia sobre nosotros mismos y fuerza de resistencia con los otros.

“Velad, pues, y orad en todo tiempo” (36): en esta doble invitación vemos sintetizadas las actitudes necesarias –más aún indispensables- para quien pretenda considerarse discípulo de Jesús. Estas dos actitudes, bien consideradas, no tienen que ver sólo con la vida personal, sino también con la vida comunitaria; son, son sobre todo, el indicador de una expectativa y una esperanza que deben consumarse todavía. Con la certeza de que todos deberemos comparecer “ante el Hijo del hombre” (36) nos indica Jesús la necesidad de proceder a algunas opciones decisivas, sin las cuales sería incierto nuestro camino. En primer lugar, “vigilancia”: ésta implica una examen crítico del tiempo en que vivimos, una presencia crítica en el tejido social en el que trabajamos y discernimiento crítico de las propuestas de la salvación que vienen de otras orillas. En segundo lugar, “renuncia”: a fin de prepararnos para el encuentro con el Señor, para mantenernos en una actitud de pureza interior y exterior, y no mostrarnos indulgentes con las seducciones del mundo y del maligno. Por eso nos ha dicho Juan con anterioridad: “Mira que estoy a punto de llegar.” (Apocalipsis 22,7)

ORACION

Estoy contento porque he comprendido que el secreto de la alegría consis más en dar que en recibir.}; porque me haces comprender que la alegría no consiste en saciar mis deseos, sino en responder a tus planes. Estoy contento porque he comprendido que la alegría no se puede comprar: es un modo de ser, porque voy experimentando que un que un estado de alegría contagia cada experiencia y transforma nuestra propia vida y la de los otros.

Es pecado, Señor, que el mundo no crea e insista en buscarte en el sepulcro entre los muertos. Pero tú has resucitado… y saberlo es nuestra alegría.

viernes, 26 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 26, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (20,1-4.11-15):
Luego vi a un Angel que bajaba del cielo y tenía en su mano la llave del Abismo y una gran cadena. Dominó al Dragón, la Serpiente antigua –que es el Diablo y Satanás– y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al Abismo, lo encerró y puso encima los sellos, para que no seduzca más a las naciones hasta que se cumplan los mil años. Después tiene que ser soltado por poco tiempo. Luego vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios, y a todos los que no adoraron a la Bestia ni a su imagen, y no aceptaron la marca en su frente o en su mano; revivieron y reinaron con Cristo mil años. Luego vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él. El cielo y la tierra huyeron de su presencia sin dejar rastro. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego –este lago de fuego es la muerte segunda– y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.

Salmo 83
Ésta es la morada de Dios con los hombresMi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carneretozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza: caminan de baluarte en baluarte.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,29-33):
En aquel tiempo puso Jesús una comparación a sus discípulos: «Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que la primavera está cerca. Pues cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios. Os aseguro que, antes que pase esta generación, todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.»

HOMILIA

Apocalipsis 20, 1-4. 11-21, 2: Los muertos fueron juzgados según sus obras.Salmo: 83: Ésta es la morada de Dios con los hombres.Lucas 21, 29-33: Sepan entonces que se acerca el reino de Dios
Ayer el evangelio nos presentaba de manera simbólica el cómo será la venida definitiva de nuestro salvador Jesús y lo significativo de esa venida gloriosa para la comunidad de creyentes; hoy, por medio de esta parábola, Jesús confirma la pronta venida del reino de Dios a la humanidad, advirtiendo a sus discípulos de la necesidad de estar atentos a los signos de los tiempos, al caminar en la fe de la comunidad, a los problemas que obstaculizan ese caminar, y a las diferentes soluciones transformadoras que dan a esos problemas. Sólo así los discípulos y las comunidades cristianas podrán descubrir en su propia historia la presencia liberadora de Dios. Es importante tener claro que Jesús no precisa el momento exacto en que irrumpirá definitivamente el reino de Dios en el mundo; es más bien una invitación a los creyentes de todos los tiempos a estar firmes en la esperanza proclamada por Jesús, es decir, vivir con alegría, fidelidad y perseverancia los valores que identifican el reinado de nuestro Padre Dios. Es necesario que como Iglesia nos mantengamos firmes en todo momento en esa esperanza que profesamos, pues nuestra misión en el mundo es ser esperanza, luz y sal para la humanidad.
La Palabra de Dios con sus anuncios de su próxima venida y el acontecimiento del reino de Dios, que nunca dice cuando sucederá porque lo que le interesa a Jesús es que la Iglesia se mantenga firme en la esperanza en permanecer fieles en vivir con alegría, fidelidad y perseverancia en los valores que nos ha dejado. Por eso Juan nos presenta hoy la lucha entre la antigua serpiente y el Cordero inmaculado de Dios. Pero nos dice que todo esto se llegará a cabo en la ciudad de dios, patria de aquellos que han sido “degollados por dar testimonio de Jesús y por anunciar la Palabra de Dios” (20,4) y lugar en lo que todos los que no han adorado a la bestia ni a su estatua recuperan la vida y reinan con Cristo.

Es, por consiguiente, la ciudad de la alegría, la ciudad de la vida, que triunfa sobre la muerte; la ciudad de Dios, que elimina cualquier otra ciudad alternativa. En el centro de esta ciudad se erige un trono blanco y sentado en él, aquel en cuyas manos está “el libro de la vida” (12) Es una imagen estupenda y sencilla al mismo tiempo para hacernos comprender que todas nuestras decisiones y nuestras obras son conocidas por Dios y serán sopesadas por él en su divina sabiduría y bondad. Junto al libro de la vida encontramos “el estanque de fuego” (14), que también recibe el nombre de “segunda muerte”, destino tremendo de todos los que están inscritos en el libro de la vida.

Con todo, la perspectiva final es absolutamente positiva: el final es absolutamente positiva: al final de la historia ya no tendrá la muerte ningún poder sobre los que siguieron al Cordero en su camino pascual. Serán admitidos a la plena y eterna comunión con Dios, simbolizada aquí por la Jerusalén celestial, que, “como toda novia que se adorna para su esposo” (21,2) será la ciudad santa.
Por último en el evangelio, en esta parte del discurso escatológico Jesús responde a la pegunta inicial: “Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Cuál será lña señal de que estas cosas están a punto de suceder?” (21,7) La respuesta viene en mano de la parábola: la de la higuera. El versículo 28 de este discurso había sido introducido ya por el gtema de la vigilancia: “Cobrar ánimo y levantad la cabeza”. Ahora se retoma y desarrolla ampliamente elo mismo tema. Aparece así la preocupación explicatiova del evangelista Lucas, que, en cuanto se le presenta la ocasión, exhortas a los destinatarios de su evangelio a extraer las debidas consecuencias del mensaje que les está entregando.

Mediante un pequeño retoque –a saber añadiendo “y los demás árboles 29)- Lucas ha querido hacer inteligible la parábola de la higuera también a los de fuera de Palestina. Con todo, no es preciso aplicar a las realidades del Reino de Dios el ritmo de las estaciones: por consiguiente, el retorno del Señor no debe ser considerado, como lo es el verano, como el tiempo de los frutos y la cosecha. Lo único que se pretende afirmar es que cuando aparezcan los signo premonitorios descritos en los versículos 20-28, entonces tendrá lugar la plena manifestación definitiva del Señor. En efecto, para Lucas, y esto es algo que conocemos bien –el Reino de Dios está “ya” en medio de nosotros (ver 12,20; 17,21): por eso intenta expresar aquí no el comienzo, sino la difusión del Reino de Dios hasta su última fase: “Se acerca nuestra liberación” (28): es como decir que Cristo, el liberador, tras haber inaugurado ya entre nosotros el Reino de su Padre, está perfeccionando su misión de salvador.

Por eso es admirable ver la expresión con que termina Juan la primera lectura: “Vi a la ciudad santa ataviada como una novioa que se adorna para su esposo.” (Apocalipsis 21,2).
ORACION

La muerte es la gran cita que nos espera a todos y que nuestra sociedad materialista ha convertido en un tabú insuperable, difundiendo su terror. Oh Señor Jesús, tú que venciste a la muerte, abre nuestros corazones y nuestras mentes para comprender que la muerte es un proceso humano como el nacimiento: es nacer a una existencia diferente.

La muerte es el punto de llegada tras la agotadora marcha de la vida, durante la cual caemos, nos cansamos, nos sentimos solos, sedientos, dudando si podremos llegar a la meta. Oh Señor, libéranos del miedo a la muerte y haz que su pensamiento nos ayude a vivir mejor, para poder habitar un día en tu casa.

A muerte es asimismo un punto de partido para quien ha vivido bien, intentando conocerte cada vez mejor, amarte cada vez más, y servirte en los hermanos. Oh Señor, concédenos experimentar en nuestro morir cotidiano el poder de tu resurrección, de suerte que podamos vivir cada acontecimiento a la luz radiante de la vida que nos espera.

jueves, 25 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 25, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (18,1-2.21-23;19,1-3.9a):
Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo; venía con gran autoridad y su resplandor iluminó la tierra. Gritó a pleno pulmón: «¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se ha convertido en morada de demonios, en guarida de todo espíritu impuro, en guarida de todo pájaro inmundo y repugnante.» Un ángel vigoroso levantó una piedra grande como una rueda de molino y la tiró al mar, diciendo: «Así, de golpe, precipitarán a Babilonia, la gran metrópoli, y desaparecerá. El son de arpistas y músicos, de flautas y trompetas, no se oirá más en ti. Artífices de ningún arte habrá más en ti, ni murmullo de molino se oirá más en ti; ni luz de lámpara brillará más en ti, ni voz de novio y novia se oirá más en ti, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, y con tus brujerías embaucaste a todas las naciones.» Oí después en el cielo algo que recordaba el vocerío de una gran muchedumbre; cantaban: «Aleluya. La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos. Él ha condenado a la gran prostituta que corrompía a la tierra con sus fornicaciones, y le ha pedido cuenta de la sangre de sus siervos.»Y repitieron: «Aleluya. El humo de su incendio sube por los siglos de los siglos.» Luego me dice: «Escribe: "Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero."»
Salmo 99,2.3.4.5

Dichosos los invitados al banquete de bodas del CorderoAclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores.
Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre.

«El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.»

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,20-28):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.»

HOMILIA

Apocalipsis 18, 1-2. 21-23; 19, 1-3. 9a: ¡Cayó la gran Babilonia! Salmo: 99: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero. Lucas 21, 20-28: Verán llegar al Hijo del Hombre con gran poder y gloria.

La destrucción de la ciudad de Jerusalén no puede ser comparada con la destrucción o final del mundo, más bien debe ser interpretada como la oportunidad precisa para que la comunidad creyente abra su horizonte de misión y lleve el testimonio de Jesús fuera de las fronteras de Israel, es decir, a los pueblos paganos. Cuando le ciudad sea entregada en manos de los paganos es el tiempo de Dios, donde él ofrece a todas las naciones del mundo conocido la salvación prometida a Israel. Lucas pretende expresar por medio de un lenguaje apocalíptico, la fuerza salvífica y liberadora de Jesús, el cual ha sido enviado para hacer presenta de manera efdinitiva el reino de Dios; así mismo, esa presencia gloriosa de Jesús en medio de la humanidad debe ser motivo de alegría y de esperanza, y mucho más para todos los que formamos parte de la Iglesia, ya que Jesús resucitado es la esperanza legítima de la comunidad de creyentes, es quien realmente da sentido a nuestra fe y a nuestras obras, es quien nos presenta el camino verdadero que nos conduce a la liberación y la vida en plenitud.

Por eso, la visión que nos presenta Juan tiene también como finalidad de iluminar la historia de Dios en marcha. El cielo y el resplandor que del se difunde (18,1) indican, de una manera clara, la procedencia divina de la Palabra que va a ser proclamada. Sólo quien escucha y recibe el mensaje podrá caminar seguro hacia la meta final.

Por un lado se proclama el final de Babilonia. Símbolo de las potencias adversas al Reino de Dios y tendientes a arrancar un culto idolátrico a los hombres. Se trata de una auténtica derrota de Babilonia, aunque de momento en su historia pueda a parecer vencedora. La ruina de la ciudad, según el juicio expresado por esta profecía, no es otra cosa que el mentís de cualquier intento humano de oponerse al designio divino. La ausencia total de alegría en ella –faltarán el son de las citaras, la luz del candil y el canto del novio y de la novia- es signo de la ausencia de Dios y de la sordera total de sus habitantes a la voz del Señor, que llama a la conversión (18,2.22ss).

Por el contrario, el aleluya proclamado inmediatamente después (19.1-3) expresa, con un contraste vigoroso e iluminador, la victoria de Dios sobre sus adversarios, la victoria del Cordero sobre sus enemigos y la alegría de los salvados con el poder de la pascua. El símbolo final de esta gozosa victoria es “elo banquete de bodas” (19,9) que ofrece el Cordero a todos los invitados. Se trata de un símbolo bíblico bien conocido, que nos invita a compartir el gran misterio de la salvación de Dios, nuestro salvador, en la fe y la esperanza.

En el evangelio se presenta de nuevo el “discurso escatológico”, que se divide en dos partes: en la primera se describe la destrucción de Jerusalén (20-24) en la segunda se describe el fin del mundo (25-28) La primera parte es la más característica de Lucas, ya que le gusta volver de la apocalíptica a la historia “Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos… son días de venganza” (20-22)

Queda claro que Lucas considera la destrucción de Jerusalén co moel inikcio del juicio de dios dirigido contra el comportamiento precedente de sus habitantes. De ahí que la perspectiva mire más al pasado que al futuro. Hay, no obstante, un matiz particular que merece ser destacado: lo que le ocurre a Jerusalén tiene una finalidad que abre la perspectiva al universalismo: “Jerusalén será pisoteada por los paganos hasta que llegue el tiempo señalado” (24), es decir, el tiempo del testimonio o, bien,el tiempo de los mártires (ver Hechos de los Apóstoles).

Es sabido que a Lucas le gusta distinguir con claridad los tiempos de la historia de la salvación: el tiempo del antiguo Israel, la plenitud de los tiempos caracterizada por la presencia de Jesús y el tiempo de la Iglesia. Los tiempos de los paganos se insertan en esta última sección de la historia. Es el paso de la primera a la segunda parte de este fragmento, Lucas deja entender que al tiempo de los paganos le sucederá el tiempo del juicio universal.

Los versículos 25-28 se caracterizan por la venida del Hijo del hombre para el juicio: el creyente no tiene ningún motivo para temer, aunque la descripción de este momento induzca sentimientos que suscitan el temor de Dios. El regreso del Señor se caracteriza, en efecto, por el “gran poder y gloria” (27): él traerá consigo el poder de la liberación total y definitiva, una “redención” que sólo puede ser un exquisito don divino. De ahí que Juan en Apocalipsis 19.9 diga: “Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.”

ORACION

La Primera Carta de Pedro 3,14.15 dice: “No temáis las amenzas ni os dejéis amedrentar. Dad gloria a Cristo, el Señor, y estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida explicaciones.”
S la esperanza lo que proporciona el valor para buscar mundos nuevos y para remover capaz de escombros y de hábitos que me incrustan y me entierran en seguridad precaria. La esperanza de alcanzarte me hace que no me desista nunca y me infunde el coraje necesario para seguir adelante a pesar de mis debilidades.

Es la esperanza lo que moviliza todos mis recursos para alcanzar para alcanzar la meta que tú me has reservado para luchar contra una existencia incolora que, poco a poco, nos va achacando y paralizando. La esperanza de reconocerte, porque la vida se renueva y no se repite nunca cuando se abre a ti y se inspira en el evangelio.

Es la esperanza lo que me da la fuerza necesaria para mantener viva mi luz, para no “rehacerme” como otros me quieren, vagando sin identidad y cerrado a la gracia. La esperanza de verte y quedar maravillado.



miércoles, 24 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 24, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (15,1-4):
Yo, Juan, vi en el cielo otra señal, magnífica y sorprendente: siete ángeles que llevaban siete plagas, las últimas, pues con ellas se puso fin al furor de Dios. Vi una especie de mar de vidrio veteado de fuego; en la orilla estaban de pie los que habían vencido a la fiera, a su imagen y al número que es cifra de su nombre; tenían en la mano las arpas que Dios les había dado. Cantaban el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: «Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiestos.»

Salmo 97,1.2-3ab.7-8.9
Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotenteCantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes. Al Señor, que llega para regir la tierra. Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,12-19):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»

HOMILIA

Apocalipsis 15, 1-4: Cantaban el cántico de Moisés y el del Cordero Salmo: 97: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente. Lucas 21, 12-19: Les daré elocuencia y prudencia ante los adversarios


El evangelio del día de hoy presenta las consecuencias que trae consigo el vivir con fe, esperanza y radicalidad los valores del reino de Dios en medio de una sociedad que tiene como principio de vida la búsqueda del poder personal antes que la solidaridad y la fraternidad. Cosas que tenemos que tomar en serio son la persecución, el enfrentar las fuerzas del poder y el martirio son realidades que tenemos que tomar en serio y que el discípulos y toda comunidad de creyentes debe asumir y aceptar en la lucha de instaurar el nuevo orden de relaciones en la que el respeto por la vida, la búsqueda de por la justicia social, la solidaridad y la fraternidad entre los pueblos son elementos esenciales. Es un ambiente hostil en el ue va creciendo la comunidad de testigos y seguidores de Jesús, como aquella semilla de mostaza, que debe animar la esperanza del tstimonio de Dios, de la Vida resistiendo a toda calumnia, a toda forma de muerte. Este testimonio que hemos leído hoy se realiza en todos aquéllos que de diversa manera se desgastan con fidelidad su vida en la construcción de la experiencia alternativa de comunidad al defender la vida en nombre del Evangelio.

Por eso en la primera lectura de hoy Juan hace referencia a los grandes hechos del Éxodo que hace esto más evidente: debemos establecer un puente entre el fin y el rpincipio entre lo que profetiza Juan y lo que Dios, al principio de la historia de la salvación, llevó a cabo a favor de su pueblo. Jesús, el Crodero inmolado, para introducir a los elegidos en el Reino de Dios, los hará pasar a través del “mar” que es el símbolo del mundo sumergido en el pecado. Este paso será por tanto, una pascua auténtica, una liberación de todo lo que es malo para alcanzar la salvación. En donde Dios tiene una eficacia particular: hace salir de Egipto, tierra de la esclavitud, y hace entrar en la tierra prometida “una tierra que mana leche y miel” (Éxodo 3,8); liberta del pecado e introduce en la comunión de vida con él.

Este pueblo, por haber sido liberado expresa su alegría mediante el canto; más exactamente “con el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero” (3) La referencia a Éxodo 15,1ss es clara y resulta iluminadora. También el salmo responsorial de esta liturgia de la Palabra evoca el gran acontecimiento, y por eso corresponde muy bien a la alegría de un pueblo de salvador. Este don de la salvación asume una dimensión universal: el Pso del Antiguo al Nuevo Testamento lo atestigua. “Todas las naciones vendrán vendrán a postrarse ante ti”. (4b): el don de Dios pasa a través de Israel, pero se abre a toda la humanidad. Dios no reserva sus dones sólo para algunos, sino que los ofrece a todos. De esta manera alcanza su meta el mensaje del Apocalipsis.

EL evanfelio continua con e mismo tema, continúa con el discurso escatalógico en un lenguaje profétio que dibuja el futuro de la vida de los creyentes y de la historia de la primera comunidad cristiana. La profecía de Jesús tiene que ver con los creyentes de todos los tiempos. En estas expresiones de Jesús podemos reconocer, una síntesis de los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles, casi un preludio a la historia de la Iglesia naciente, en la que la persecución es signo de segura pertenencia a Jesús en la fe y de la plena participación en su destino pascual; es un signo del acercamiento del Reino de Dios y es un estímulo para mantener vivo el deseo del retorno del Señor.

La pregunta es clara ¿Qué tiene que ver la persecución de la vida de los discípulos de Jesús y de la comunidad creyente? A buen seguro, no por una finalidad puramente negativa, ni sólo para poner a prueba la fidelidad de los seguidores de Jesús, sino para que éstos tengan la oportunidad de “dar testimonio” (13) del Señor resucitado y del Evangelio.

L don de la fe implica el deber de la misión y no puede dejar de expresar la alegría de la evangelización. Jesús no sólo se preocupa de confiar una misión, sino de indicar asimismo su método y su estilo. El testimonio de los discípulos, en efecto, será eficaz únicamente si es capaz de proseguir en el mundo “el estilo pascual” del testimonio de Jesús. No les hará falta preparar su propia defensa (14); no se les permitirá recurrir a métodos de defensa puramente humanos; no se les permitirá recurrir a estrategias terrenas.. En cambio sí necesitarán vivir de pura fe, abandonarse por completo al poder de Dios, confiar únicamente en la divina providencia, con la certeza de lo que es humanamente imposible será divinamente seguro. El Señor resucitado no dejará ciertamente a sus testigos fieles sin una elocuencia extraordinaria y un coraje indómito (15). Todo esto, en términos bíblicos, recibe el nombre de perseverancia que es el distintivo de lo mártires.

ORACION

Oh Señor, tú que eres el “Sufridor” por excelencia, ayúdanos a comprender que de la fidelidad a nuestra misión brota la disponibilidad al sufrimiento: sufrir para ser fieles a nuestra propia vocación o, mejor aún, a ti, que nos has llamado por nuestro nombre. Sufrir no como masoquistas, sino para llevar a cabo un designio de liberación a favor de los hermanos y para tu gloria. Sufrir para ser coherentes con un plan de vlores, pagando con la rebelión de nuestras pasiones y con el rechazo de quienes no piensan como nosotros. Sufrir convencidos de que podemos y debemos eliminar el sufrimiento inútil sustituyéndolo por un sufrimiento consciente y paciente.

Sólo así tendremos esa paz que simboliza el mal de cristial y se ofrece a quien, tras haber pasado por el fuego de la prueba, sale de él purificado y renovado. Oh Señor, da vigor a tus promesas, haznos perseverantes en tu amor, tú que eres el Dios fiel.

martes, 23 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 23, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (14,14-19):
Yo, Juan, miré y en la visión apareció una nube blanca; estaba sentado encima uno con aspecto de hombre, llevando en la cabeza una corona de oro y en la mano una hoz afilada. Del santuario salió otro ángel y gritó fuerte al que estaba sentado en la nube: «Arrima tu hoz y siega; ha llegado la hora de la siega, pues la mies de la tierra está más que madura.»Y el que estaba sentado encima de la nube acercó su hoz a la tierra y la segó. Otro ángel salió del santuario celeste llevando él también una hoz afilada.Del altar salió otro, el ángel que tiene poder sobre el fuego, y le gritó fuerte al de la hoz afilada: «Arrima tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque las uvas están en sazón.»El ángel acercó su hoz a la tierra y vendimió la viña de la tierra y echó las uvas en el gran lagar del furor de Dios. Pisotearon el lagar fuera de la ciudad, y del lagar corrió tanta sangre, que subió hasta los bocados de los caballos en un radio de sesenta leguas.

Salmo 95,10.11-12.13
El Señor llega a regir la tierraDecid a los pueblos: «El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente.»
Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque.
Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.


Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,5-11):
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien "El momento está cerca"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.»Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.»
Ap 14, 14-19: Ha llegado la hora de la siegaSalmo: 95: El Señor llega a regir la tierra. Lc 21, 5-11: De lo que ven no quedará piedra sobre piedra.

HOMILIA

Jesús usa los últimos momentos de su vida en enseñar a sus discípulos lo importante que es entender a Dios, no importa la grande o lo magnifico del templo, lo que importa es lo que representa, el proceder de Dios respeto de su pueblo. Jesús quiere hacer entender a sus discípulos la importancia del templo, que surge y se dirige al futuro de la humanidad. Lo quiere hacer entender lo importancia de la pronto venida del reino de Dios, es decir, la espera de una nueva forma de vida, es decir, la venida de Dios con su misericordia donde reinará su justicia y su misericordia destruyendo todas las estructura de violencia, hambre, marginación y muerte.
Las palabras que emplea Jesús para referirse a la novedad de Dios pueden parecer desesperanzadoras, trágicas y violentas; sin embargo, es un lenguaje que tiene como fin exhorta a sus seguidores a interpretar la realidad desde los valores del reino, sin dejarse convencer ni desalentarse por los falsos profetas ni por la majestuosidad y las promesas de los poderes opresores. Estamos llamados a estar vigilantes, en constante esperanza en Dios, viviendo en nuestras comunidades los valores del reino, construyendo así espacios alternativos de vida.

Tal vez será difícil para los discípulos pero es la única manera de construir ese reino de Dios, por eso Juan nos enseña algunos símbolos en el verículo 14 comienza con el símbolo de la nube, que según la tradición bíblica representa una teofanía, es decir, una aparición divina. En este caso es el Hijo del Hombre que aparece para pronunciar un juicio y ofrecer la salvación, esto es un símbolo cristológico, Juan quiere completar su mensaje sobre la persona y la misión de Jesús.
Luego vemos los símbolos de la siega (15B,169 y de la vendimia (18b,19) que presentan el juicio que Jesús ha venido y vendrá a pronunciar sobre la humanidad. Se trata de un juicio abierto a la salvación, que es precisamente cuyo nombre es salvador. Precisamente porque será Jesús quien pronuncie el juicio, no es lícito considerarlo sólo en su valor negativo: eso sería desconocer el don de Dios y sustraerse así a la voluntad salvífica universal del Señor. A buen seguro, el juicio manifiesta un momento negativo: aquellos que hayan rechazado la salvación se encontrarán separados de dios como objeto de su propia cólera (19), pero precisamente porque ellos mismos se han sustraído libremente a la divina misericordia.

El fragmento de Juan nos ofrece un mensaje: existe una estricta relación entre la vida presente y la futura, entre la vida terrena y la eterna. Todo dependerá de Dios y de su divina bondad, pero todo dependerá también de nuestras opciones personales y de las obras que realicemos.
En el evangelio de hoy nos encontramos ante el “segundo discurso escatológico” (17,20-37), donde Lucas habla de la perspectiva del fin del mundo y los mira desde la perspectiva de la espiritualidad cristiana. Las preguntas iniciales: “?Cuándo será esto?, ¿Cuál es la señal de que estas cosas están a punto de suceder? (7), son como dos puntas de búsqueda para comprender el mensaje que Jesús quiere trasmitir.

Hay otro punto, el hecho de que este discurso haya sido pronunciado en el templo, “con la belleza de las piedras y los exvotos, crea un fuerte contraste entre el presente, que amenaza con clausurar la religiosidad de los contemporáneos de Jesús, y el futuro, así el que, no obstante, quiere orientar Jesús su fe. Jesús predice en su respuesta el final del templo de Jerusalén y, en cierto modo, de todo lo que éste simboliza (6) Anuncia el final de un mundo que se concreta en esta catástrofe, del mismo modo que se concretará en muchas otras. No pretende decir que el fin del mundo esté cerca, pero sí desea recordar que todo lo que pertenece a este mundo tendrá, a buen seguro, un fin y que ante este fin debemos reflexionar con plena conciencia, dejándonos iluminar por su enseñanza.

Lo que debemos hacer mientras esperamos su retorno está expresado con claridad en lo que afirma Jesús respecto a los falsos profetas y a los falsos mesías (8) Jesús nos invita al discernimiento de las personas y los acontecimientos, a tener el valor de tomar o dejar, de asumir el riesgo de optar siempre y de todos modos por los valores que él nos ha entregado en su evangelio. Son muchos los que, tanto hoy como ayer, pretender abrir nuevos caminos de salvación delante de nosotros; son muchos los que anunciar el fin como algo inminente, más para intimidar y aterrorizar que para iluminar e infundir valor. Las palabras de Jesús van en un sentido diametralmente opuesto: incluso cuando anuncia el fin, se preocupa de iluminar y confortar a sus discípulos. Es el ejemplo que nos sugiere hoy Juan: “Mete tu hoz, y comienza a segar. Es el tiempo de la siega.” (Apocalipsis 14,15). Un tiempo como éste es mucho más que simplemente estar a la espera. Es la vida, la vida en cuanto participación gozosa en el milagro del Ser.

ORACION

Sé que la vida es una misión de la que deberé rendir cuentas: haz que permanezca vigilante para que –como decía Pascual- no me haga culpable de dejar correr el tiempo como un niño deja correr la arena entre los dedos.

Señor, haz que tus palabras: “Estad preparados para cuando venga” caminen siempre delante de mí.

lunes, 22 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 22, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (14,1-3.4b-5):
Yo, Juan, miré y en la visión apareció el Cordero de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabado en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre. Oí también un sonido que bajaba del cielo, parecido al estruendo del océano, y como el estampido de un trueno poderoso; era el son de arpistas que tañían sus arpas delante del trono, delante de los cuatro seres vivientes y los ancianos, cantando un cántico nuevo. Nadie podía aprender el cántico fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, los adquiridos en la tierra. Éstos son los que siguen al Cordero adondequiera que vaya; los adquirieron como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero. En sus labios no hubo mentira, no tienen falta.

Salmo 23,1-2.3-4ab.5-6
Este es el grupo que viene a tu presencia, SeñorDel Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares,él la afianzó sobre los ríos. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.
Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor,que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,1-4):
En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: «Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Apocalipsis 14, 1-3. 4b-5:Llevaban en la frente los nombres de Cristo y su Padre Salmo: 23: Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Lucas 21, 1-4: Ella ha puesto cuanto tenía para vivir

Jesús contempla la acción realizada por la viuda en el tesoro del Templo, la cual sirve como enseñanza para sus discípulos y también para nosotros: ante los ojos de Dios tiene mucho más valor la poca ofrenda depositada por la viuda que las grandes cantidades depositadas por el rico. Porque la viuda pone en el arca todo lo que tiene para sobrevivir; pone en manos de Dios todo lo que tiene; pone su vida, expresando así que su única esperanza es la misericordia de Dios. La ofrenda del rico no es válida ante los ojos de Dios porque es interesada; tal vez el rico busca con ella calmar su conciencia, remediar su injusticia, tal vez exhibirse como generoso y devoto, o bien, junto con depositarla, proyecta acrecentar sus riquezas sin pensar en las necesidades de sus paisanos, ni en la exigencia propia de la ley de compartir los bienes con los más pobres. El texto de hoy nos muestra que es a partir de la generosidad, del desprendimiento, como vamos construyendo una nueva sociedad y una nueva Iglesia, en la que el compartir fraterno y generoso son el fundamento para vivir en forma coherente nuestra fe en Dios.

Todos los que participamos de la sangre sagrada de Cristo alcanzamos la uni[on corporal con él. Como atestigua Pablo cundo dice, refiriéndose al misterio del amos misericordioso de Dios “no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu za sus santos apóstoles y profetas que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa de Jesucristo.”
Si, pues, todos formamos un mismo cuerpo en Cristo y no sólo unos con otros, sino también en relación con aquel que se hallen nosotros gracias a su carne, ¿cómo nos mostra- mos abiertamente todo sea unidad enre nosotros y en Cristo? Pues, Cristo que es Dios hombre a la vez, en el vínculo de la unidad.
Y, si seguimos por el camino de la unión espiritual habremos de decir que todos nosotros una vez recibidos el único y mismo Espíritu, es decir, el Espíritu Santo, nos fundimos entre nosotros y con Dios. Pues aunque seamos muchos por separado, y Cristo haga que el Espíritu del Padre y suyo habite en cada uno de nosotros, ese Espíritu, único e invisible, reduce por sí mismo a la unidad a quien son distintos entre sí en cuanto subsisten en su respectiva singularidad , y hace q1ue todos aparezcan como una so9la cosa en sí mismo.
Y así como la virtud de la santa humanidad de Cristo hace que formen un mismo cuerpo todos aquellos en quienes ella se encuentra, pues que de la misma manera el Espíritu de Dios que habita en todos, único e indivisible, los reduce a topdos en unidad espiritual.
Por eso nos exhorta también Pablo: “sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo espíritu, como una es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un Dios, Padre de todo, que los trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”. Pues siendo un solo Espíritu que habita en nosotros, Dios será en n0osptrps el único Padre de todos por medio de su Hijo con lo que reducirá a una unidad mutua y consigo a cuantos participan del Espíritu.

ORACION

“Dios ama a quien da con alegría”. (2 Corintios 9,7)

Señor ¿qué sería nuestra vida si fuera tocada por dones como las mismas característica y bienaventuranza que los tuyos?

Dones desinteresados que permitan crecer ¿conoceríamos la avidez y el engaño?
Dones que se muti0plican al ser distribuidos ¿Conoceríamos la indigencia?

Oh Señor, nuestra naturaleza herida y corrupta, so pretexto de acciones nobles, trasmite a menudo dones enmascarados por su propio egoísmo y por su propia vanidad. Haz que nuestros dones encarnen sólo las intenciones del amor.

sábado, 20 de noviembre de 2010

IEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 20, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (11,4-12):
Me fue dicho a mí, Juan: «Éstos son mis dos testigos, los dos olivos y los dos candelabros que están en la presencia del Señor de la tierra. Si alguno quiere hacerles daño, echarán fuego por la boca y devorarán a sus enemigos; así, el que intente hacerles daño morirá sin remedio. Tienen poder para cerrar el cielo, de modo que no llueva mientras dura su profecía; tienen también poder para transformar el agua en sangre y herir la tierra a voluntad con plagas de toda especie. Pero, cuando terminen su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra, los derrotará y los matará. Sus cadáveres yacerán en la calle de la gran ciudad, simbólicamente llamada Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado. Durante tres días y medio, gente de todo pueblo y raza, de toda lengua y nación, contemplarán sus cadáveres, y no permitirán que les den sepultura. Todos los habitantes de la tierra se felicitarán por su muerte, harán fiesta y se cambiarán regalos; porque estos dos profetas eran un tormento para los habitantes de la tierra.»Al cabo de los tres días y medio, un aliento de vida mandado por Dios entró en ellos y se pusieron de pie, en medio del terror de todos los que lo veían. Oyeron entonces una voz fuerte que les decía desde el cielo: «Subid aquí.»Y subieron al cielo en una nube, a la vista de sus enemigos.

Salmo 143,1.2.9-10
Bendito el Señor, mi RocaBendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea.
Mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio,que me somete los pueblos.
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:para ti que das la victoria a los reyes, y salvas a David, tu siervo

Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-40):
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro.»Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

HOMILIA

Apocalipsis 11, 4-12: Ambos profetas eran un tormento para los habitantes de la tierra Salmo 143: Bendito el Señor, mi Roca. Lucas 20, 27-40: El no es Dios de muertos, sino de vivos.

El Dios en el que Jesús cree es el Dios que ama la vida y la defiende, que se hace presente en la historia humana para conducirla a la plenitud de la vida, la cual está más allá de lo natural, más allá del tiempo histórico y de los modos de vivir. Jesús responde con sabiduría a la pregunta que qude le dirigen los saduceos teniendo como fundamento la fidelidad de Dios a lo largo de la historia de salvación. Responde que para Dios todos viven, que son “hijos de la resurrección”, pues lña muerte no es el destino final del ser humano, sino la vida: una vida plena y abundante que es dada por dios y confirmada opor Jesús en su resurrección. Estamos llamados como creyentes en Jesús a construir proyectos que favorezcan en todo momento la vida y la dignidad de las personas, en especial a los más débiles y necesitados, ya que de esta manera es como Dios mismo se ha manifestado a la humanidad. El nos llama a la vida, a loa fraternidad y debemos responder de la misma manera siendo testigos de esa vida y de esa esperanza prometida por Dios en la resurrección.

A eso apunta Juan en el Apocalipsis cuando nos presenta la figura “de los dos testigos” (3ª) símbolo de todos aquellos que han recibido la misión profética y, por eso, están dispuestos a anunciar el Evangelio. No es difícil intuir que en cierto modo, también nosotros nos convertimos en actores de este magnífico drama. Los dos testigos gozan de la protección de Dios, de él reciben poderes extraordinarios; sobre todo, el Espíritu Santo, que hace fecunda su acción evangelizadora. Son, por consiguiente, los instrumentos en las manos de Dios al servicio de toda la humanidad; son dignos de la veneración común y tendrán como premio la participación en la gloria de Dios.

Pero con una condición: que sigan el mismo camino que recorrió el Maestro, Jesús. Deberán pasar p0or la terrible experiencia de la persecución y de la muerte “la bestia que sube del abismo” (7) podrá cantar victoria, aunque de una manera provisional. “Sodoma y Egipto” (8) exultarán por la muerte de estos testigos: será el triunfo momentáneo de ls fuerzas del mal contra los testigos del Cordero. Pero “después de tres días y medio” cambiará la situación: los testigos resucitarán gracias “ a un espíritu divino” (11) y grande será el terror de todos.

El misterio pascual se realiza, por consiguiente también en vida: el camino del Maestro es también el suyo; su victoria es participación en la victoria de Jesús. Resucitaran y “subirán al cielo” (12), allí donde subió Jesús: el triunfo de los testigos debe llegar a su última meta: la comunión eterna con el Padre, tras haber vivido la comunión terrena con Jesús.

Os encontramos con Jesús en compañía de los saduceos que comienzan con una p0regunta tramposa materialista con un cierre total a la lógica del cielo. No se trata en efecto, de llevar consigo una mujer o cualquier otra cosa al cielo el día de la resurrección. Según el modo de ver de Jesús, la perspectiva se abre más allá de la muerte es “una realidad totalmente nueva” algo que no puede ser encerrado dentro de la lógica de la tierra.
Pero ¨de qué novedad se trata? Jesús habla, en primer lugar, de “inmortalidade”, una realidad que a nosotros, los hombres de la tierra, no nos ha sido dado experimentar y que, por consiguiente, debe ser considerada como un don exquisito der la divina bon dad. En segundo lugar, Jesús deja de entrever el hecho de que las relaciones interpersonales en la vida eterna serán de “otra especie y naturaleza: no de tal tipo que encierren a una persona en otra, sino de natural que nos abren a Dios y entre nosotros. Por último Jesús define a los resucitados como los ángeles (ver 36) para indicar un tipo de vida diferente a la actual, y de todos modos más cercana a la vida de Dios. Hemos de señalar que hay modos y modos de hacer referencia a las Escrituras; para ponerlas de nuestra parte, como hacen los saduceos, o para entrar en su mensaje genuino como hace Jesús. El Maestro nos ofrece de este modo las divinas Escrituras como tsoro de verdad, y de esperanza y liberación.

Es bueno señalar el detalle final (39): hay también entre los maestros de la Ley algunos bien dispuestos hacia Jesús, que reconocen la validez de su ministerio, pero sin tener, no obstante, el valro de llegar de llegar hasta el final de su discurso. En efecto, no se atreven a hacerle ninguna pregunta más, tal vez porque su corazón es tímido y no quieren comprometerse con Jesús. Podemos ve que Pablo en su carta sigue lo que ha dicho en la 1 Carta a los Corintios 15,43: “Se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible,”.

ORACION

Te doy gracias, Señor.
Por los apóstoles de todas las naciones que, obedeciendo tu invitación, ofrecen al mundo, tu Evangelio.

Por los misioneros conocidos o no que, incluso a riesgo de su propia vida, llevan tu mensaje de salvación allí donde todavía no eres conocido.

Por todos aquellos que en cualquier momento histórico han recordado a tu Iglesia el gran mandato de la evangelización.

Por todos aquellos que glorifican tu nombre en cada lengua y en cada nación, en cada pueblo y en cada cultura, en todas las partes del mundo.

Por los obreros que vendrán a trabajar en tu mies porque, al responder con fidelidad y firmeza a su llamada, saborean la alegría del servicio.

Oh Señor, asiste con tu presencia, guía con tu consejo y sostén con tu fuerza a todos aquellos a quienes has enviado a las naciones. Amén.

viernes, 19 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 19, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (10,8-11):
Yo, Juan, oí cómo la voz del cielo que había escuchado antes se puso a hablarme de nuevo, diciendo: «Ve a coger el librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra.»Me acerqué al ángel y le dije: «Dame el librito.»Él me contestó: «Cógelo y cómetelo; al paladar será dulce como la miel, pero en el estómago sentirás ardor.»Cogí el librito de mano del ángel y me lo comí; en la boca sabía dulce como la miel, pero, cuando me lo tragué, sentí ardor en el estómago.Entonces me dijeron: «Tienes que profetizar todavía contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.»

Salmo 118,14.24.72.103.111.131
¡Qué dulce al paladar tu promesa!Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas.

Tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros.

Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.
¡Qué dulce al paladar tu promesa: más que miel en la boca! Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón. Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,45-48):
En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: "Mi casa es casa de oración"; pero vosotros la habéis convertido en una "cueva de bandidos."»Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

HOMILIA
Apocalipsis 10, 8-11: Cogí el librito y me lo comí Salmo 118: ¡Qué dulce al paladar tu promesa! Lucas 19, 45-48: Mi casa es casa de oración, no cueva de asaltantes.

Jesús se encuentra ya definitivamente en Jerusalén done tendrá que desmantelar en Jerusalén frente a todo el tráfico económico, político y religioso presente en el templo el plan que ha venido a realizar.. Tiene que devolver la función original a la casa de Dios . En ese momento la actividad del templo se orientaba más a lo económico y a la venta de animales, el cambio de las monedas, de lo que cual se derivaba toda clase de abusos e impedía la relación entre Dios y el pueblo.

Jesús quiere desmantelar el trafico económico y religioso del templo: la oración allí en el templo que es el encuentro personal y la comunicación de Dios con el pueblo. Pues el templo se ha vuelto la venta de animales apra los sacrificios y al cambio del dinero, de lo cual se desarrollaba toda clase de abusos y conflictos entre los vendedores y cambistas que obstaculizaban las relaciones entre Dios y el el pueblo, especialmente con los pobres. Jesús purifica el templo y lo hace lugar para su enseñanza para expresar con palabras y obras que muestran el verdadero rostro de Dios, oculto hasta el momento por las leyes, los sacrificios y el mercado religioso. Muchas veces hemos convertido nuestra fe en un mercado, en el que buscamos los medios más efectivos para agradar a Dios y satisfacer nuestra propia conciencia, separando la fe de nuestra vida y de la vida de la comunidad, olvidando el servicio y el amor a los más necesitados.

Juan, autor del libro del Apocalipsis está metido en el aspecto profético en su enseñanza., Oye, en efecto, una voz del cielo que le invita a tomar el libro y devorarlo (8ss) Sigue la orden con prontitud y, apenas lo ha engullido, siempre al mismo tiempo dulzura y amargura (10). Tenemos aquí un símbolo claro de la misión profética a la que está llamado no sólo Juan, sino cualquier miembro del pueblo de Dios. La Palabra, que, aunque está sellada en el libro, quiere convertirse en una voz que llega a cada uno de nosotros, nos interpela y nos responsabiliza en neustra tarea de oyentes y de testigos de la misma. A nadie le es lícito desentenderla o9 desconocerla: el bautismo fundamenta en cada uno de nosotros el derecho-deber al apostolado entendido como “servicio” a la Palabra.
Dulzura en la boca y amargura en el estómago: en este contraste advertimos el drama de quien, en relación con la Palabra, siente no sólo el derecho a la escucha, sino también el deber del testimonio. En efecto, el verdadero profeta no puede dejar de compartir el destino de la Palabra, más precisamente de aquel que es la Palabra. Un destino pascual, como bien sabemos, es decir, abierto al sufrimiento y a la alegría, a las tinieblas y a la luz, a la muerte y a la vida. El mandamiento final: “tienes aún que profetizar” (11), tiene la función de atestiguar que la misión profética para el creyente no es algo “opcional”, sino –al contrario- objeto de un camino divino y la expresión más genuina de su ser.
Cuando entramos en el evangelio nos damos cuenta que está dividida claramente en dos partes: en primer lugar aparecen unas palabras de Jesús contra la vendedores del templo; en segundo lugar, un apunte recopilador con que Lucas quiere caracterizar los últimos días de la vida de Jesús.

“Está escrito: Mi casa ha de ser casa de oración.” (45). Sabemos bien, que para Jesús, el templo de Jerusalén no es el único lugar en el que se pueda orar; más aún, en algunas ocasiones ha expr4esado una valorización crítica con respecto a una con- cepción demasiado materialista de las instituciones religiosas. Ahora bie, sabemos así miso, que el templo, en cuanto casa de Dios, no pude ser desnaturalizado ni destinado a otros funciones que no sean las litúrgicas. Está prohibido, por tanto, cualquier intercambio comercial, que transformaría la casa de Dios en una “cueva de ladrones” (46, pueden leer Isaías 56,7, Jeremías 7,11.)

“Está escrito”: una frase que indica en labios de Jesús no que las profecías determinen elo compartimiento de Jesús, sino que el compartimiento de Jesús da pleno cumplimiento a las profecías. Para Jesús, la luz plena, que ilumina sus gestos y no permite reconocerlo por lo que es, proviene ciertamente del mensaje profético, pero sobre todo de su conciencia mesiánica.
La afirmación final de Lucas (47ss) viene a confirmar un hecho bien conocido: los que ejercen el poder siguen estando ciegos ante Jesús y ante la claridad de sus palabras, mientras que el pueblo en su sencillez, reconociendo que tiene necesidad de un Salvador y dee un Maestro, está pendiente de sus labios.

ORACION

“Si…” dice el Señor. Si aceptas la invitación a devorar mi Palabra, vivirás.
Sí la saboreas en la boca, la encontrarás dulce como la miel.

Si la engulles en tu estómago, experimentarás una gran amargura.
Si revelas el interés privado contra el bien común, serás criticado.
Si confías a tus fuerzas, vacilarás fácilmente.

S piensas que podrás ver los frutos de lo que siembras, esperarás en vano.
Si el pueblo está pendiente de tus labios, alabarás al Señor.

Si obras prodigios en los corazones, cantarás al Señor.
Si es reconocida tu misión, darás gracias al Señor.

“Este es mi profeta”, dice el Señor.