Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 28 de febrero de 2011

TIEMPO ORDINARIO, FEBRERO 28, 2011

LECTURAQ DE LA PALABRA

Lectura del libro del Eclesiástico (17,20-28):

A los que se arrepienten Dios los deja volver y reanima a los que pierden la paciencia. Vuelve al Señor, abandona el pecado, suplica en su presencia y disminuye tus faltas; retorna al Altísimo, aléjate de la injusticia y detesta de corazón la idolatría. En el Abismo, ¿quién alaba al Señor, como los vivos, que le dan gracias? El muerto, como si no existiera, deja de alabarlo, el que está vivo y sano alaba al Señor. ¡Qué grande es la misericordia del Señor, y su perdón para los que vuelven a él!

Salmo 31,1-2.5.6.7

Alegraos, justos, y gozad con el Señor

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,17-27):

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.» A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!» Los discípulos se extrañaron de estas palabras.
Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por todo el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios.
Dios lo puede todo.»

HOMILIA

Ben Sirá, el autor del Eclesiástico, afirma que todos, incluso los justos, están afectados por el pecado, y por lo tanto llama a todos a la penitencia.

Esta primera carta de Pedro se escribió en Roma, dirigida a cristianos no-judíos de la región de Asia. La asistencia de un secretario puede explicar cómo su griego es más bien sofisticado para un pescador de Galilea. Empieza su carta con un himno, como algunos autores griegos solían hacer. Los temas claves de la carta, como el bautismo y las dificultades de parte de los no cristianos, aparecen en este himno.
Evangelio. El joven del evangelio está orgulloso, quizás un poco farisaicamente, de haber observado los mandamientos desde su niñez. Pero Jesús pide más: Por el reino de Dios uno tiene que estar dispuesto a seguir radicalmente a Jesús, y por él a renunciar a todo lo demás. La oferta de Jesús es demasiado exigente para poderla aceptar. El joven no estaba dispuesto a pagar el precio. --- ¿Estamos nosotros siempre dispuestos a pagarlo totalmente?

El evangelio de hoy nos presenta al joven rico. ¿Cuántas veces no nos hemos identificado con él? Solemos hacerlo en una dimensión culpable: vivimos muy apegados a los bienes materiales, a algunas personas, a situaciones…O bien, nos identificamos con este personaje cuando no somos capaces de dar lo que Dios nos pide; y, como consecuencia, nos pesa esa mirada triste con la cual -nos dice el texto- se marcha el joven.

Sin embargo, llama la atención que sea él quien se acerque a Jesús y pregunte por lo que tiene que hacer para ganar la vida eterna. Si seguimos el diálogo posterior parece como si se estableciera un juego de preguntas y respuestas (Mc 10, 18-22).
Me gustaría fijar la atención en este punto. La respuesta de Jesús deja desconcertado al chico. No basta cumplir una serie de normas para entrar en la vida eterna. La misma no es mérito nuestro, más bien es un regalo de Dios, que ofrece a todos y podemos acogerlo o rechazarlo. Y ambos, acogida o rechazo, traen consecuencias, como toda decisión en la vida.

Lo que se encuentra al fondo del diálogo es la gratuidad en nuestras relaciones personales y con Dios ¿Alguna vez nos hemos preguntado si sólo establecemos vínculo con aquellos que puedan aportarnos “algo”? o ¿actuamos en la vida de modo que los demás nos “deban” favores? Nuestra fe no queda excluida de estos interrogantes. También tenemos la tentación de creer que haciendo (más que siendo) lo que agrada a Dios nos garantizamos una cierta prosperidad y seguridad en la vida, en esta y en la futura.

Que el Señor nos conceda un corazón generoso, libre frente a la dinámica comercial que nos toca enfrentar cada día.

ORACION


Oh Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús nos mira con amor
y nos pide que le sigamos
generosa y radicalmente.
Pero tú sabes lo difícil que es para nosotros
no sentir mayor atracción
por las cosas y por la gente que por ti.
Sostennos en nuestras luchas
para que seamos totalmente libres
para servirte a ti y a los hermanos,
ya que lo que es imposible para nosotros
tú lo puedes hacer en nosotros
por medio de Jesucristo nuestro Señor

domingo, 27 de febrero de 2011

TIEMPO ORDINARIO FEBRERO 27, 2011

PALABRA DE VIDA

Lectura del libro de Isaías (49,14-15):

Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.» ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 61,2-3.6-7.8-9ab

Descansa sólo en Dios, alma mía

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación;
mi alcázar: no vacilaré. R/.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. R/.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme, Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón.
R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (4,1-5):

Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,24-34):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

Isaías 49,14-15: Aunque una madre se olvidara de su hijo, yo no te olvidaré
Salmo 61: Descansa sólo en Dios, alma mía.
1 Corintios 4,1-5: El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón
Mateo 6,24-34:
No se agobien por el mañana

Uno de los elementos que caracterizan al Dios cristiano es su infinita generosidad para con sus hijos, que se expresa plenamente en la vida y misión de Jesús de Nazaret, quien con sus actitudes y comportamiento hacen presente el Reino de Dios, es decir, el amor y la solidaridad incondicional de Dios que sale al encuentro del ser humano, con el fin de darle vida en abundancia. Éste es el tema central de hoy.

El texto que leemos del profeta Isaías se enmarca en la época de la deportación en Babilonia, en donde la mayoría del pueblo de Israel pierde su confianza y esperanza en Yahvé a causa de la fuerte y violenta influencia religiosa, política y social de Babilonia y por la poca capacidad de espera y resistencia del mismo pueblo desterrado; Israel se siente abandonado y olvidado por Dios, siente que las promesas de liberación nunca se cumplirán, y se resigna y doblega por entero al dominio babilónico. La tarea del profeta es entonces animar la esperanza del pueblo resignado, por medio de la Palabra, haciéndole ver que Dios no le ha abandonado, que está ahí junto a él sufriendo y luchando por la liberación, que no lo ha olvidado y que lo ama entrañablemente como una madre ama a sus hijos. Con este texto, Isaías manifiesta la ternura de Dios, su preocupación de madre por el bienestar de sus hijos, distinta a la experiencia de sufrimiento en Babilonia. Dios actúa desde la ternura, desde la misericordia con quien sufre. Ésta es la manera como Yahvé anima y salva a su pueblo.

Pablo, en esta sección de su primera carta a los corintios, responde a las críticas de quienes, después de tomar partido por un anunciador del evangelio en particular y por una manera concreta de proclamarlo, juzgan el modo de actuar del mismo Pablo, juicio que es apresurado, poco fundamentado e inmaduro. Pablo les recuerda que lo importante para él es que lo consideren servidor y administrador fiel de los misterios de Dios, pues los creyentes sólo pueden ser eso y nada más. Por lo tanto, el juicio sobre la forma de servir y administrar de las personas le corresponde únicamente a Dios. Lo importante es el servicio fiel al misterio y la correcta administración de los carismas dados por Dios a los apóstoles. Lo que verdaderamente juzga Dios es la capacidad de servicio y entrega de los anunciadores del Evangelio; lo que a Dios le importa es qué misericordiosos y justos somos con nuestros hermanos, pues en esto se distingue a un legítimo apóstol de Cristo.

La exhortación que Mateo pone en boca de Jesús se dirige particularmente a la gente pobre que sigue al Maestro, a la gente que siempre está en riesgo, que está preocupada por el presente y el futuro, preocupada por su subsistencia y por su vida. Jesús los invita a ponerse en las manos de Dios, quien es tierno y compasivo para con todos, que mira por las necesidades de todas sus creaturas. Con la mente y el corazón puestos en la generosidad de Dios, lo realmente importante o prioritario entonces es buscar el Reino de Dios y su justicia. Ésa debe ser la preocupación fundamental del seguidor de Jesús. Es un llamado a ser como el mismo Dios es, justo, tierno, compasivo, solidario, amante de los pobres y débiles; por eso, es tarea de todos expresar al mundo, por medio del testimonio y la fraternidad, la ternura de nuestro Dios Padre-Madre de la Vida.

La primera lectura pone ante nosotros uno de los poquísimos textos en que la Biblia compra a Dios con una madre. Es muy importante pues destacar ante los oyentes esa peculiaridad. Porque aunque a nivel teológico la afirmación de que Dios es tanto Padre como Madre no tiene ninguna dificultad y es ya algo pacíficamente poseído en el cristianismo actual, no deja de haber sectores que se resisten, y manifiestan su rechazo a la utilización de atribuciones femeninas a Dios. Hay que insistir que el tema no queda sobreseído con la simple admisión de que Dios no tiene sexo; el problema es más profundo; porque aunque teóricamente nadie afirme que Dios «sea» masculino, lo cierto es que durante mucho tiempo la imagen que de él nos hemos hecho ha sido claramente masculina, y en la sociedad y en la Iglesia se ha considerado que sólo el varón podría representar funciones de mediación sagrada, haciendo de la mujer una realización humana de segundo orden. Esto no es una «teoría feminista», sino una realidad penosa y lacerante que debemos reconocer y remediar. No deben los varones sentirse incómodos ante la reivindicación de las mujeres. Aunque la situación que se genera sea, a veces, un tanto incómoda, mucho más lo ha sido la situación de marginación a la que tantísimas mujeres se han visto sometidas históricamente. Las incomodidades que experimentemos son un pequeño tributo que debemos pagar para seguir avanzando hacia una sociedad y hacia una Iglesia igualitarias. No hace falta ser mujer para asumir como propia la Causa de la Mujer, tanto en la Sociedad como en la Iglesia. Todos debemos hacer nuestra esta Causa, conscientes de que nuestra pequeña aportación no deja ser significativa.

El evangelio de Mateo que hoy leemos nos estaría presentando ese carácter materno de Dios a través de lo que tradicionalmente hemos llamado «la divina Providencia», una dimensión del amor de Dios a la que la tradición espiritual popular le ha dado mucha relevancia en la vida diaria. Ha sido una forma de ejercicio de la fe que nos hacía descubrir la mano materna de Dios cuidando nuestros pasos, para evitarnos problemas, para atender siempre nuestras necesidades.

Antiguamente fue fácil la fe en la Providencia de Dios, la confianza en que él intervenía en las condiciones externas para cuidarnos maternalmente. Hoy día, después que la modernidad ha dejado claro que Dios no interviene ni puede intervenir en las leyes de la naturaleza para hacer que nos vaya bien, la fe en la Providencia debe reformularse radicalmente. No sólo no tenemos por qué creer en la intervención de Dios sobre las causas segundas, sino que podemos creer en forma adulta, como personas que se consideran enteramente responsables de su destino, sin consolarnos creyendo que Dios mismo está trabajando para facilitarnos la seguridad o la vida. No. Sabemos que en este mundo moderno estamos solos, sin un dios-tapaagujeros que nos proteja, sino bajo Justificar a ambos ladosnuestra única responsabilidad, y en manos de un sin fin de imponderables que debemos asumir adultamente, con coraje y valentía. Es ese sentido de responsabilidad y nuestro coraje el que nos permite superar la angustia existencial que siempre rodea y acecha nuestra vida, como vida de seres limitados, contingentes y sometidos a toda clase de amenazas.

ORACION

Señor, Dios nuestro, tú nos has dado lo que debemos ofrecerte y miras esta ofrenda comomun gesto de nuestro devoto servicio, confiadamente suplicamos que lo que nos otorgas, para que redunda en mérito nuestro, nos yude también a alcanzar los premios eternos. Por Cristo nuestro Señor.

viernes, 25 de febrero de 2011

TIEMPO ORDINARIO, FEBRERO 26, 2011

PALABRAS DE VIDA

Lectura del libro del Eclesiástico (17,1-13):

El Señor formó al hombre de tierra y le hizo volver de nuevo a ella; le concedió un plazo de días contados y le dio dominio sobre la tierra; lo revistió de un poder como el suyo y lo hizo a su propia imagen; impuso su temor a todo viviente, para que dominara a bestias y aves. Les formó boca y lengua y ojos y oídos y mente para entender; los colmó de inteligencia y sabiduría y les enseñó el bien y el mal; les mostró sus maravillas, para que se fijaran en ellas, para que alaben el santo nombre y cuenten sus grandes hazañas. Les concedió inteligencia y en herencia una ley que da vida; hizo con ellos alianza eterna, enseñándoles sus mandamientos. Sus ojos vieron la grandeza de su gloria, y sus oídos oyeron la majestad de su voz. Les ordenó abstenerse de toda idolatría y les dio preceptos acerca del prójimo. Sus caminos están siempre en su presencia, no se ocultan a sus ojos.

Salmo 102,13-14.15-16.17-18a

La misericordia del Señor dura siempre,
para los que cumplen sus mandatos

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos de barro.

Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla.

Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,13-16):

En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

HOMILIA

En algunos contextos sociales, a los niños se les ha consentido tanto, que se han convertido en auténticos tiranos frente a sus padres cuando se han hecho adolescentes. Los psicólogos y terapeutas familiares hablan del “paidocentrismo”, el niño como el rey de la casa, el centro de todas las atenciones, el que manda. Una infancia tan consentida da lugar a una adolescencia agresiva que puede derivar hasta en el maltrato físico hacia los propios padres. No es que se haya extendido mucho este fenómeno, pero algunos expertos familiares ponen en guardia ante esta deformación en la educación. En el contexto de Jesús, más bien ocurría lo contrario. Los niños estaban marginados, no contaban para nada y eran mal vistos socialmente, molestaban. Sólo cuando crecían, empezaban a ser alguien. Ser niño no era un privilegio en la época de Jesús.


El Señor los alaba, no sólo porque eran últimos –que lo eran-, sino porque ve en ellos las actitudes que un creyente no debe perder: sencillez, inocencia, capacidad de sorpresa, pureza de corazón, alegría, espontaneidad, disponibilidad, frescura… Y es que si no rescatamos este “yo niño” que todos llevamos dentro, el camino del seguimiento se nos hace muy cuesta arriba. El Señor nos invita a renovar estas actitudes que el mundo adulto ha censurado. No se trata de ser infantiles, sino sacar de nuestros sótanos lo que el desgaste de la vida, las heridas y el paso del tiempo han escondido, lo mejor de nosotros mismos. Hoy sábado recordamos especialmente a María, nuestra Madre. Pidámosla que interceda por todos los creyentes, para que con lo mejor de nosotros seamos dignos de ese Reino que intentamos vivir todos los que permanecemos en la lucha del seguimiento de Jesús.
Madre, muéstranos a tu Hijo.

ORACION

Señor, nuestro Dios que admirable es tu nombre en toda la tierra.

de los labios de niños de pecho, levantas un fortaleza frente a tus adversarios, para hacer callar al enemigo y al rebelde.

Al ver el cielo obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre que has creado, el ser humano para que de él que acuerdes? Lo hiciste inferior a un dios coronándolo de gloria y esplebdor; le diste dominio sobre todas las obras de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies, rebaños y vacadas, todos juntos, y aún las bestias salvajes, las aves de cielo, los peces del mar y todo cuanto surca las sendas del agua.

Señor, nuestro Dios, que admirable es tu nombre en toda la tierra. (Salmo 8)

jueves, 24 de febrero de 2011

TIEMPO ORDINARIO FEBRERO 24, 2011

PALABRA DE VIDA

Lectura del libro del Eclesiástico (5,1-10):

No confíes en tus riquezas ni digas: «Soy poderoso»; no confíes en tus fuerzas para seguir tus caprichos; no sigas tus antojos y condiciones ni camines según tus pasiones. No digas: «¿Quién me podrá?», porque el Señor te exigirá cuentas; no digas: «He pecado, y nada malo me ha sucedido» porque él es un Dios paciente; no digas:«El Señor es compasivo y borrará todas mis culpas.» No te fíes de su perdón para añadir culpas a culpas, pensando: «Es grande su compasión y perdonará mis muchas culpas»; porque tiene compasión y cólera, y su ira recae sobre los malvados. No tardes en volverte a él ni des largas de una día para otro; porque su furor brota de repente, y el día de la venganza perecerás. No confíes en riquezas injustas, que no te servirán el día de su ira.

Salmo 1

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.


Sera como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,41-50):

En aquel tiempo,, dijo Jesús a sus discípulos: «El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hacer caer, córtatelo; más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo; más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la salva se vuelve sosa, ¿con qué la sazonaréis? Que no falte entre vosotros la sal, y vivid en paz unos con otros.»

HOMILIA

En la Biblia siempre encontramos advertencias amenazadoras, como hoy, pero con una sentencia positiva.

EL hombre sabio, rico en experiencias, se ha dado cuenta de muchas actitudes ilusorias que destruyen la vida. Lanza un mensaje de peligro para ayudar a los ingenuos a no caer en la trampa. Alguno hasta trata de jactarse de decisiones, que a la larga, se convierte en una autocondena. Es mejor estar informado, seriamente avisados antes de que sea demasiado tarde. Aquí tenemos pues, un “decálogo en forma negativa”: son diez “noes” que pretenden cerrar el paso a decisiones ruinosas. No son leyes para imponer sino señales de peligro graves enviadas al oyente-lector. A él corresponde a continuación opropiarse del mensaje y orientar con él su vida. Obrando de ese modo se hace sabio; de lo contrario, sigue siendo estúpido.

Las prohibiciones pueden ser agrupadas en tono al tema de la riqueza, la fuerza y presunción ante Dios. El esquema se repita: la primera parte se abre parte con el “no” y el comportamiento errado (e3n forma de prohibición; por ejemplo, “no te fíes”); la segunda recuerda la intervención de Dios, que no deja sin castigo una decisión equivocada. El castigo no es un modo de hacer triunfar la sabiduría,

En el evangelio en el versículo 41 se refiere un gesto de bondad motivado, no simplemente automático o instintivo. Se trata de una acción modesta, a fin de introduceir el orden necesario. La primera y última decisiones forman una especie de marco de todo el decálogo y tratan de la “riqueza”. El peligro está en darle el excesivo valor, como si fuera la única cosa indispensable (“Con esto me basta”: ver versículo 1), o en garantizar el mañana (ver 8). Los versículos siguientes 2ss tienen que ver con la fuerza o el poder de que muchas veces se jacta la gente. El ejercicio de esa fuerza, con frecuencia, pude prepotencia, está bloqueada por el amenazador ”el Señor no dejará d castigarte” (3b). El punto álgido de la desfachatez se alcanza en los versículos 4-7, donde le hombre peca y con desvergonzada arrogancia se pregunta: “pequé y ¿qué me ha sucedido?”, o bien se apoya de un modo desconsiderado en el perdón de Dios como si fuera un derecho, olvidándose del deber del arrepentimiento y de la conversión.

Son estas actitudes la ruinosa presunción, contra las que el sabio sabe resonar su decálogo. Urge que nos demos cuenta de la gravedad de la situación y corremos a los refugios. Las sugerencias del sabio y la misericordia de Dios son unos instrumentos preciosos para renovar la existencia.

En el evangelio la afirmación: “Os aseguro que el que os dé a haber un vaso de agua en mi nombre porque sois el Mesías no quedará sin recompensa” se refiere a un gesto de bondad. Se trata de una acción modesta, como si el ofrecimiento de un vaso de agua, pero se agiganta si pensamos que estamos en zonas desérticas, donde el agua es un don precioso. La wue cuenta sobre todo es la motivación, exquisitamente teológica: m}el agua se da “en mi nombre porque sois del Mesías” (41). Quien así obra piensa en Jesús y ve en el otro a un hermano. Con esta condición, la acción la acción no será olvidad y obtendrá su recompensa. Con ello no pretende excluir el valor de una bondad natural: el bien siempre es bie. Lo que aquí se quiere sugerir es el gran valor que lleva anexo es una acci+ón rica en motivación interior.

Sigue uhna serie amenazadora de dichos, catalizados en torno a la expresión “ser ocasión de escándalo” (que se repita cuatro veces). El discurso se vuelve duro y sin posibilidad de apelación. Esta severidad explica ka gravedad de la situación, que el lector debe percibir con toda urgencia. El “escándalo” era, era originariamente un piedra de tropiezo que el normal proceder hacia la meta. Más tarde pasó a indicar un obstáculo puesto voluntariamente para impedir el camino del crecimiento y de la fe. El ámbito religioso del escándadlo se comprende mediante el añadido “pequeños que creen en mi”, o bien por el hecho de que la mkitads es “entrar en la vida” (la eterna, como es obvio.) Son los miembros de la comunidad, los llamados precisamente “pequeños”, los afectados pro el escándalo. ¿Quién son los pequeños? Son lñas persons sencillas, dotadas de un corazón libre que han llevada a cabo una opción de fe. En consecuencia, la amenaza se dirige en particular a aquellos que bloquean la actividad espiritual de cuantos quieren ponerse a seguir a Cristo. La gravedad del escándalo, una pena muy grave, pero que debe preferirse a pesar de todo (“sería lo mejor”). La pena consiste en colgarle alo cuello una piedra de molino (literalmente “de asno”, porque era grande y hacía girar este animal) y ser echado al mar.

A continuación, se ponen tresw ejemplos –la mano, pie y ojos: simétricos, porque están construidos del mismo modo y llevan una misma idea. Se parte de la hipótesis de un miembro o de un órgano humano que causa es cándalo, después sugiere privarse de él voluntariamente con una extirpación radical. Por último se presenta el hecho de que es mejor gozar de la vida, le eterna, privados de ese miembro que poseerlo e ir a la perdición. Esta última se concretiza en la Gehenna (45-47), un pequeño valle situado al fin de Jerusalén, imagen popular del infierno a causa de las basuras que ardían allí continuamente. Era una especie de vertedero de basura e la ciudad, donde el fuego incineraba todos los deshechos.

¿Cuál es el significado de significado de Jesús? ¿Pide una mutilación del cuerpo cuando una parte del cuerpo es causa de escándalo? Como en otros casos las palabras son fuertes y despiadadas, a fin de indicar la gravedad de la situación. Pero tenemos nque entender que la petición de Jesús está relacionada a la conversión y ésta “infecta” toda la vida. La mano, o le pie o el ojo que pecan están dirigidos por un cerebro y una voluntad enfermos. De nada serviría privarse de un miembro sin intervenir sobre las causas. La conversión tiene que ver con todo el ser humano y no con una de sus partes. Marcos recuerda que la maldad viene del interior del hombre no del exterior (ver 7,20-23). La conducta de Jesús durante su vida pública refuerza esta interpretación. Jesús nunca le pidió a un pecador que se privara de alguna parte del cuerpo que hubiera sido ocasión de pecado. En definitiva nos encontramos frente a unas palabras fuerte que deben ser comprendidas y acogidas con toda severidad, sin someterse a una interpretación literal que estaría en contradicción tanto como el textp como con el comportamiento de Jesús.

ORACION

Señor, haz de mi mi un instrumento de tu paz, que donde haya odio ponga yo amor

Que donde haya ofensa, ponga yo perdón

Donde haya duda, ponga yo la fe.

Que donde haya erroe, pongayo la verdad.

Que donde haya desesperación, ponga yo la esperanza. Justificar a ambos lados

Que donde haya tinieblas, ponga yo tu luz.

Que donde haya tristeza, ponga yo la alegría.

Oh Maestro, haz que yo busque tanto

Ser consolado como consolar,

Ser comprendido como comprender,

Ser amado como amar.

Porque es dando como se recibe, es olvidándose como se encuentra,

Es perdonado como se es perdonado,

es muriendo como se resucita a la vida eterna. (San Francisco de Asís)