PALABRA DE VIDA
1 JUAN 5,513
¿Quién ha vencido al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
6 El es el que viene por el agua y la sangre: Jesucristo; y no sólo por el agua, sino por el agua y la sangre; y el espíritu también da su testimonio, el Espíritu que es la verdad.
7 Tres son, pues, los que dan testimonio: 8 el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres coinciden en lo mismo.
9 Si aceptamos el testimonio de los hombres, mucha más fuerza tiene el testimonio de Dios, y hay un testimonio de Dios, pues ha declarado a favor de su Hijo. 10 Quien cree en el Hijo de Dios guarda en sí el testimonio de Dios. Quien no cree, hace a Dios mentiroso, ya que no cree al testimonio de Dios en favor de su Hijo.
11 Pues bien, éste es el testimonio: que Dios nos ha dado la vida eterna, y que dicha vida está en su Hijo.
12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.
Guárdense de los ídolos
13 Les he escrito, pues, a ustedes que creen en el Nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.
SALMO 147, 12-15,19-20
2 ¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
12 a tu Dios alaba, oh Sión!
13 El refuerza las trancas de tus puertas
13 y bendice a tus hijos en tu seno;
14 guarda en paz tus fronteras,
14 te da del mejor trigo en abundancia.
15 Si a la tierra envía su mensaje,
15 su palabra corre rápidamente;
19 A Jacob le revela su palabra,
19 sus leyes y sus juicios a Israel.
20 Con ningún otro pueblo ha actuado así,
20 ni les dio a conocer sus decisiones.
20 ¡Aleluya!
LUCAS 5,12-16
2 Estando Jesús en uno de esos pueblos, se presentó un hombre cubierto de lepra. Apenas vio a Jesús, se postró con la cara en tierra y le suplicó: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme.» 13 Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda limpio.»
14 Y al instante le desapareció la lepra.
14 Jesús le dio aviso que no lo dijera a nadie. «Vete, le dijo, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como ordenó Moisés, pues tienes que hacerles tu declaración.»
15 La fama de Jesús crecía más y más, a tal punto que multitudes acudían para oírle y ser curados de sus enfermedades.
16 Pero él buscaba siempre lugares solitarios donde orar.
HOMILIA
Juan subraya la victoria del cristiano sobre el mundo y dice que es la fe. Para obtener tal victoria se requiere una lucha interna y externa contra to9do lo que es obstáculo al cumplimiento de la voluntad de Dios. Y la certeza de la victoria del cristiano está asegurada por el hecho de que en él, la vida divina con Dios son una fuerza superior a la vida mundana y a todo lo que es adhesión al reino del mal. Así pues, la fe en Cristo, Hijo de Dios, es el único medio p0ara derrotar al mundo (5, ver Juan 20,30-31).
Jesús ha venido para darnos la vida y quien cree en él “tendrá la vida eterna” (11). Esta vida eterna que Jesús ha traído a la humanidad es cosa cierta, porque El la ha ofrecido al comienzo de su vida pública mediante el bautismo “el agua” (ver Juan 1,31), y al final de su existencia terrena mediante la muere en la cruz (“sangre” ver Juan 6,51; 19,34), y es siempre actualizada en la eucaristía, eventos en lo que palpablemente se ha manifestado la potencia y el testimonio del Espíritu (6), que, es el garante de la fe y de la verdad de Jesús.
Obre este triple y concorde testimonio se funda la manifestación de Dios en Cristo su Hijo (7-8). Aquí Juan polemiza contra la falsa interpretación de los gnósticos, que afirman que la divinidad de Jesús se unió a su humanidad en el bautismo, pero ue en su muerte la divinidad se separó de la humanidad, de manera que murió sólo el hombre Jesús. Pues bien, quien niega este testimonio del Espíritu, niega también la fe en Cristo, que es cuestión de vida y de muerte. Sobre la acción del Espíritu está tejida la vida sacramental (bautismo, confirmación, eucaristía) mediante la cual el creyente se injerta en Cristo y es capaz de dar testimonio de él y de vivir en comunión con Dios (11-13).
En el evangelio Jesús encuentra un leproso y lo cura, enviándolo seguidamente al sacerdote no sólo para que haga la ofrenda por la purificación (ver Lucas 14), sino también para que sirva de testimonio a todos de sus presencia mesiánica entre el pueblo. El judaísmo, en efecto, consideraba la curación de la lepra como uno de los signos de la venida del Mesías (ver Lucas 7,22=.
La curación realizada por Jesús es descita con algunos elementos típicos: la súplica del enfermo (“Señor, si quieres puedes limpiarme” (12); la respuesta positiva de Jesús, que tocando al leproso realiza la curación (“quiero, queda limpio” (13); y el envío al sacerdote considerado como un magistrado por la comunidad de Israel, con la curación entra de nuevo a formar parte de ella. La curación realizada por el Nazareno es símbolo también del perdón y la misericordia de Dios, y es fundamento de la vida de la Iglesia (ver Juan 20,23).
La curación termina con una nota redaccional del evangelista, que presenta un aspecto particular de la persona de Jesús. El no sólo cura al que lo rodea, siendo así que su fama se difunde por doquier, sino que se retira a lugares solitarios para orar. En esto reside la fuerza de Jesús y su irresistible atractivo: en su coloquio filial con el Padre. La oración no sólo los sostiee frente a las muchas incomprensiones que experimenta en su ministerio público, sino que le permite sobre todo manifestar su misión en la lógica de la voluntad de Aquel que lo ha enviado al mundo. Lo dice Juan hoy: Dios nos ha dado la vida eterna que está en su Hijo.” (1 Juan 5,11).
ORACION
Padre santo, tu Hijo Jesús, se dejó amar por ti, cumplió tu voluntad y se entregó hasta la cruz con docilidad total hasta enviarnos el don del Espíritu. También para nosotros orar es penetrar en ese misterio de acogida y dee docilidad para imitar a Cristo, entrar en el misterio de la cruz y conservar el coraje de orar, además de en la alegría de la Pascua, en el silencio y en tu aparente ausencia. Es el silencio el que nos hace experimentar el estar solos ante Dios solo. En el silencio nos ejercitamos en conjugar la palabra con la escucha y adquirimos el recogimiento atento, que es el primer requisito para empeñarnos en caminar en la oración a ejemplo de Cristo.

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