Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 17 de enero de 2011

TIEMPO ORDINARIO, ENERO 17, 2011

PALABRA DE VIDA

Lectura de la carta a los Hebreos (5,1-10):

Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a si mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.» Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna, proclamado por Dios sumo sacerdote, según el rito de Melquisedec.

Salmo 109,1.2.3.4

Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»


Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.


«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré,
como rocío, antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado
y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,18-22):

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»
Jesús les contestó: «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.»

HOMILIA

El ayuno fue y sigue siendo una práctica religiosa que, bien entendida y utilizada, tiene su sentido y nos ayuda a crecer. No es exclusiva del ámbito eclesial; en el mundo deportivo, artístico o profesional competitivo, se practican ayunos muy variados y exigentes para alcanzar determinadas metas. Para los cristianos el ayuno cumple la función principal de entrenarnos en el dominio de nosotros mismos: en mí mando yo y no el conjunto de mis pasiones o instintos que, aunque ahí están, no dejo que me gobiernen: la promiscuidad, el deseo de venganza, el interés propio, la esclavitud y seducción del materialismo…, podríamos enumerar una lista interminable.

Jesús nos deja muy claro que el ayuno nos entrena en el crecimiento. Para ello es necesario que yo sepa gobernarme, saber qué quiero y a dónde voy. ¿Crecer en qué? En todo lo que sea Reino de Dios, en el camino del amor, porque el novio está con nosotros. Estoy convencido que ayunar de alimentos, televisión u otras cosas que nos tengan esclavizados es más fácil que ayunar de murmuraciones, prejuicios, sospechas, celos y odios. Por aquí parece que apunta el ayuno que Jesús quiere, en odres nuevos.

Hoy recordamos a san Antonio Abad. El desierto fue testigo de los fuertes ayunos que le llevaron a amar más a Cristo.

La Iglesia de Jerusalén, ayer, hoy y mañana. Es el lema de la Semana de Oración por la unidad de los Cristianos que comenzó ayer y que celebraremos hasta el próximo 25 de enero. Hace dos mil años, los primeros discípulos de Cristo reunidos en Jerusalén tuvieron la experiencia de la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés y han estado reunidos en la unidad que constituye el cuerpo del Cristo. Los cristianos de siempre y de todo lugar ven en este acontecimiento el origen de su comunidad de fieles, llamados a proclamar juntos a Jesucristo como Señor y Salvador. Aunque esta Iglesia primitiva de Jerusalén ha conocido dificultades, tanto exteriormente como en su seno, sus miembros han perseverado en la fidelidad y en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones. Nosotros oraremos esta semana para que esta unidad por la que todos trabajamos sea cada vez más efectiva. Puedes recoger más información en:

Oración por la Unidad de los Cristianos.

Dios, de quien procede toda vida en su gran diversidad, que llamas a tu Iglesia como Cuerpo de Cristo a estar unida en el amor. Haz que comprendamos aún más nuestra unidad en la diversidad, y que nos esforcemos en trabajar juntos para predicar y construir el reino de tu inmenso amor para la humanidad, acompañándonos unos a otros por todas partes y en todo lugar. Haz que tengamos siempre conciencia de que Cristo es la causa de nuestra vida común. Te lo pedimos en la unidad del Espíritu. Amén.

No hay comentarios.: