Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 29 de mayo de 2007

Homilía La recompensa de Jesús

Los restaurantes siempre buscan nuevas ideas para traer a sus clientes. Después del éxito en Paris, donde los que servían eran ciegos o con problemas de visión abrieron uno de esos restaurantes en Londres. Los clientes eran conducidos a sus mesas por mozos ciegos con la confianza y experiencia que nos tenían los que gozaban de la vista. Es como si mundo fuera al revés.
Lo mismo pasa en el Reino de Dios. Los fuertes aparecen como débiles y éstos como fuertes. Los valores que dominan nuestro mundo, éxito, riqueza, fama, no cuentan. Pero aquellos que entregan sus vidas a la Buena Noticia de Dios son premiados, como nos lo dice el Evangelio de hoy.
No son premios en forma de dinero, o éxito visible. Pero gozan en ser miembros de una nueva familia, la familia de los cristianos. Esto será como recompensa, tal vez, ya que al convertirse y vivir como cristianos pueden haber encontrado el rechazo de sus propias familias. Y esta nueva experiencia hará mucho más, porque si la familia cristiana lo es en realidad, proveerá por las necesidades de sus miembros, como también el compartir la alegría de conocer y amar a Dios. Todos los que dirigen sus vidas con rectitud pueden aspirar a los bienes eternos, el mayor y más grande de los regalos. Sin embargo, no lo será sin sufrimiento. Es falso pensar que el mundo da la bienvenida y acogida a aquellos que rechazan sus valores. La persecución, en alguna de sus formas, los visitará. Jesús no ofrece cosas fáciles. Pero lo que Cristo ofrece a aquellos que lo siguen fielmente es mayor que las dificultades que debemos enfrentar y superar.
El texto del autor del libro del Eclesiástico nos lo muestra como ritualista y moralista, o sea, que se siente apegado al culto como a la ley divina en todas sus facetas. Hace concluir ambas tendencias, considerando que la misma práctica de la ley es culto. Por eso ofrece un paralelismo entre la observancia de la ley, o una de sus manifestaciones, y un acto de culto, habla de observancia de la ley-ofrendas, del cumplimiento de los mandamientos-sacrificios de comunión, del devolver un favor-flor de harina, practicar la limosna-sacrificios de alabanza.
Su pensamiento gira en torno a dos ideas. La primera más teológica (como Dios lee nuestra vida) y la otra ritual. Comienza con el principio: “La ofrenda del justo dignifica el altar… El sacrificio del justo es aceptable” (vv 5ss) al poner en relación el compromiso o santidad de vida (“justo”) con la acción de la ofrenda en el templo, anticipa y satisface la exigencia de la unidad-comunión de la persona, que luego Mateo exigirá de una manera categórica: “Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar, recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda…” (Mateo 5,23ss)
La otra idea recuerda la generosidad que hay que mostrar en la ofrenda al Señor. El pensamiento recoge el precepto de Éxodo 23,15: “Nadie se presentará a mi con las manos vacías…” enriqueciéndola con motivación de sabiduría: “Porque el Señor sabe retribuir, y te devolverá siete veces más…” (10) Dicho en términos populares, es como decir que con el Señor no se lleva nunca las de perder.
En el evangelio, se ha desarrollado una situación ante Jesús y sus discípulos de seguimiento naufragado, el hombre que al pedirle Jesús que venda todo lo que tiene y lo siga, se va entristecido porque era muy rico, lo cual ha enredado un sentimiento más noble, ganar la vida eterna. Jesús aprovecha para poner en guardia contra los peligros de las riquezas que esclaviza. Este es el antecedente del pasaje de hoy.
Pedro toma la palabra. No plantea una pregunta, pero su consideración equivale a una pregunta dirigida a Jesús. Pedro y los demás del grupo han dejado todo por seguir a Jesús y se han adherido al nuevo proyecto de Jesús. Se han mostrado opuestos al rico que se va entristecido. De una manera implícita, aflora la pregunta: si aquel se ha ido triste, en estado de quiebra ¿Qué será de nosotros? Jesús clarifica inmediatamente. Habla de una recompensa que se distribuye entre el hoy del tiempo “el tiempo presente…”y el mañana de la eternidad “el mundo futuro…” A quienes han dejado todo, y lo explica en siete realidades que abarcan el mundo del bienestar, de los afectos y de la profesión (casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos, campos…) se les promete cien veces más.
No se trata de una operación simplemente matemática y bancaria. Si bien el seguimiento ha traído consigo ruptura-separación con el programa de vida que teníamos (propiedades, familia, profesión…) también es verdad que no ha creado personas inadaptados o personas sin referencia. Aquí podemos ver una alusión a la vida de la primera comunidad de Jerusalén, donde era fuerte el sentido de pertenencia, y los miembros se llamaban “hermanos” entre sí. El añadido “junto con persecuciones…” (30) recuerda que en el tiempo presente no se puede alejar la sombra de la cruz. Se goza, se obtiene pero de un modo condicionado. El premio definitivo es “el mundo futuro…” y consiste en la “vida eterna…” Esto no necesita explicaciones, es la vida con Dios, una vida exuberante, que no conoce ocaso.
El v 31: “Hay muchos que serán últimos y muchos últimos que serán primero…” es un aviso para que nadie se considere nunca de los que han llegado, y por supuesto, a la vigilancia, porque el seguimiento es siempre compromiso de vida.
ORA Y REFLEXIONA y repite con frecuencia hoy la Palabra: “Da al Altísimo según te dio él a ti, con generosidad, según tus posibilidades…” (Eclesiástico 35,9)

Oración
Dios de amor, tú sabes que nos hemos entregado al servicio de tu Reino. Hoy te reafirmamos nuestro compromiso. Haz que hoy reflejemos los valores del Reino en todo lo que hagamos y digamos; fortalece nuestra debilidad, tú que amas lo que no es digno de amarse, pero levantas al desvalido y al pobre. Te damos gracias por todos tus dones y regalos que recibimos por Jesucristo tu Hijo.

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