Entonces Yavé bajó en la nube y habló, luego tomó del espíritu que estaba en Moisés y lo puso en los setenta hombres ancianos. Cuando el espíritu se posó sobre ellos, se pusieron a profetizar, pero después no lo hicieron más.
26 Dos hombres se habían quedado en el campamento, el primero se llamaba Eldad y el otro, Medad; el espíritu se posó sobre ellos. Pertenecían a los inscritos, pero no ha bían ido a la Tienda, y profetizaron en el campamento. 27 Un muchacho corrió para anunciárselo a Moisés: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento».
28 Josué, hijo de Nun, servidor de Moisés desde su juventud, tomó la palabra: «¡Mi señor Moisés, prohíbeselo!»
29 Pero Moisés le respondió: «¿Así que te pones celoso por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo de Yavé fuera profeta, que Yavé les diera a todos su espíritu!»
SALMO 19,8-14
8 es remedio para el alma,
8 toda declaración del Señor es cierta
8 y da al sencillo la sabiduría.
10 El temor del Señor es un diamante,
10 que dura para siempre;
10 los juicios del Señor son verdad,
10 y todos por igual se verifican.
12 También son luz para tu siervo,
12 guardarlos es para mí una riqueza.
13 Pero, ¿quién repara en sus deslices?
13 Límpiame de los que se me escapan.
14 Guarda a tu siervo también de la soberbia,
14 que nunca me domine.
14 Así seré perfecto
14 y limpio de pecados graves.
SANTIAGO 5,1-6
1 Ahora les toca a los ricos: lloren y laméntense porque les han venido encima desgracias. 2 Los gusanos se han metido en sus reservas y la polilla se come sus vestidos,
3 su oro y su plata se han oxidado. El óxido se levanta como acusador contra ustedes y como un fuego les devora las carnes. ¿Cómo han atesorado, si ya estamos en los últimos días?
4 El salario de los trabajadores que cosecharon sus campos se ha puesto a gritar, pues ustedes no les pagaron; las quejas de los segadores ya habían llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.
5 Han conocido sólo lujo y placeres en este mundo, y lo pasaron muy bien, mientras otros eran asesinados.
6 Condenaron y mataron al inocente, pues ¿cómo podía defenderse?
MARCOS 9,38-48
38 Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros.»
39 Jesús contestó: «No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. 40 El que no está contra nosotros está con nosotros.
41 Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa.»
Si tu ojo es ocasión de pecado, sácatelo 42 «El que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar.
43 Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida que ir con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga. 45 pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehenna. 47 pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno,
48 donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.
HOMILIA
Estaban aburridos de comer ese insípido maná y querían volver a sentarse alrededor de las ollas de comida. Al frente solo veían un inmenso y amenazante desierto que no les prometía nada bueno. Moisés no podía sólo con ese pueblo. Necesitaba personas que profetizaran, es decir que denunciaran esos bajos instintos de cobardía, pereza, falta de fe y de confianza en Dios. Que anunciaran la gran posibilidad de cambiar la historia, que más allá del horizonte los esperaba una tierra que trabajada de manera organizada manaría leche y miel. Tarea difícil para una sola persona.
Convocaron a los setenta ancianos al tabernáculo para recibir el espíritu. Y recibieron todos el espíritu. Pero sucedió que a dos personajes, Eldad y Medad, que no habían acudido al sitio indicado para la fiesta del “reparto del espíritu”, se les posó igualmente el espíritu. Aquella vez fue Josué, quien le pidió a Moisés que no permitiera que estos dos personajes continuaran profetizando porque no habían acudido al tabernáculo.
Con Jesús sucedió algo parecido: Él no era un maestro legítimo. Los “legítimos pastores” del pueblo de Israel se opusieron totalmente a su ministerio. Muchas veces lo cuestionaron por su procedencia, porque era hijo de un carpintero o porque conocían a su mamá y a sus hermanos; porque no era egresado de una gran escuela o porque, según ellos, actuaba en nombre de Belcebú, el príncipe de los demonios. A cada momento buscaban su caída para desprestigiarlo. Finalmente, lo procesaron, lo condenaron a muerte y lo asesinaron en el madero de la cruz, para librarse de ese “pastor ilegítimo”, de ese “falso profeta” que contaminaba el mundo y amenazaba la sagrada estructura religiosa con su “falsa doctrina”.
En las comunidades cristianas no faltó quién quiso adueñarse del proyecto de Jesús y reclamar “derechos de autor” sobre algo que le pertenecía a toda la humanidad y a nadie en particular. El evangelio de hoy nos dice que fue Juan quien dijo: “Maestro, vimos a uno expulsando demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no es de nuestro grupo.”
Josué y Juan están en la misma posición fundamentalista, exclusivista y fanática. Para Josué, Eldad y Medad no debían ser profetas porque no habían acudido al tabernáculo. Para Juan, el hombre que expulsaba demonios en el nombre de Jesús no debía hacerlo porque no era de su grupo.
“Tienes demasiado celo por mí. ¡Ojalá les diera el Señor a todos su espíritu y todos en el pueblo del Señor fueran profetas!” le respondió Moisés a Josué. “¡No se lo prohíban! Porque uno que hace un milagro usando mi nombre no puede a continuación hablar mal de mí. Quien no está contra nosotros, está a favor nuestro”, les dijo Jesús a Juan y a sus discípulos.
Esos son los verdaderos líderes. No los que acaparan, sino los que saben delegar. No los que temen perder el poder, sino los que saben reconocer que llega la hora de ser relevados. No los que se ponen como el centro del pueblo, sino los que saben que son uno más dentro del proceso. No los que se creen absolutamente necesarios e indispensables, sino los que, comprendiendo su limitación, dan lo mejor de sí para realizar a cabalidad la historia de salvación.
Aquí los cristianos y más los católicos, tenemos que reconocer los errores en los que hemos caído debido a exclusivismos fanáticos. Aquellos tiempos penosos de las cruzadas, de la conquista, de la colonización y de la “santa” inquisición, justificadas ideológicamente con la religión. Hace unos años Juan Pablo II pidió perdón por todos esos pecados de la Iglesia. ¡Qué bueno! Estamos reconociendo que nos equivocamos muchas veces como institución. Que no somos infalibles.
Pero después del Concilio Vaticano II y del “me a culpa” de Juan Pablo II, se siguen viendo actitudes como las de Josué y de Juan, cuando se dice que la única Iglesia de Cristo es la nuestra y que las otras tienen tan sólo algunos elementos eclesiales, mas no son Iglesia. Que las demás religiones no tienen fe sino sólo algunas creencias, y que tienen participación de una verdad que es nuestra, de la única revelación válida, la nuestra, cuyos representantes auténticos somos nosotros.
Este evangelio tiene que impulsarnos a dejar el miedo a perder el poder; a abandonar todo intento por adueñarnos del hermoso camino de Jesús. El Señor da su Espíritu a todo aquel que lo busca con sincero corazón. “Lo que en realidad importa no son tanto las Iglesias sino el fenómeno cristiano y su función benéfica en la espiritualidad de los seres humanos. Todas las Iglesias son de Cristo, pero Cristo es para los humanos y los humanos son para los otros humanos, hombres y mujeres, y todos somos para Dios” (L.B.).
Lo que tenemos que cortar y excluir no es a los seres humanos que piensan diferente y hacen el bien desde otro ángulo. Lo que tenemos que excluir es el fundamentalismo y el fanatismo que tanto daño y tantas muertes han causado y sigue causando en el mundo y también en nuestras Iglesias. Lo que tenemos que cortar es todo aquello que nos conduce a la muerte: el escándalo de una vida injusta y la acumulación de riquezas a expensas de la explotación del pobre. El lujo, la satisfacción desmedida de necesidades creadas, con el fruto de la trampa, la codicia, del no pago o del pago miserable a los empleados, la condena y el asesinato del inocente (2 lect.)
A nivel personal, familiar, eclesial, institucional o social, vale la pena hacer un análisis concienzudo para descubrir qué “tumores” debemos arrancar de nosotros para vivir mejor. Hay realidades que están tan pegadas a nosotros, tan profundamente adheridas a nuestro interior, que es muy difícil salir de ellas. Tal difícil como arrancarnos una mano, un pie, o un ojo. Hay vicios como la droga, el alcohol, la infidelidad, la pereza, el egoísmo, etc., que están tan profundamente arraigados en las personas que salir de ellos, les dolería tanto como si le arrancaran un ojo. Hay asimismo relaciones afectivas patológicas, que hacen tanto daño y son tan difíciles de abandonar, pero que si la persona quiere cambiar no hay otro camino que enfrentarse así mimo, y a sus propios vacíos, someterse a un tratamiento, hacer el esfuerzo y arrancar definitivamente de su vida eso que le hace daño. Puede ser su esposa, su mamá, un vicio, un amante, un negocio, o cualquier dependencia, cualquier atadura que lo está haciendo sufrir un horrible infierno.
ORACION DEL DOMINGO 26 DEL TIEMPO ORDINARIO.
Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia; derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONTEMPLACION
Se ha dicho que el Espíritu Santo ha sido derramado por Dios sobre todos los hombres para que quienes lo reciban puedan profetizar y tener visiones. La Efusión del Espíritu Santo es la causa del profetizar y del conocer el sentido y la belleza de la verdad.

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