Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 19 de marzo de 2011

TIEMPO DE PASCUA, FIESTA DE SAN JOSE, MARZO 19, 2011

PALABRA DE VIDA

Lectura del segundo libro de Samuel (7,4-5a.12-14a.16):

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."»

Salmo 88,2-3.4-5.27.29

Su linaje será perpetuo

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.»


Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4,13.16-18):

No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,16.18-21.24a):

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

HOMILIA

Celebramos hoy la fiesta de San José, descendiente de David que, probablemente nació en Belén. Por motivos familiares o de trabajo más tarde vivió en Nazaret, y allí se convirtió en esposo de María. El ángel le trasmitió el misterio de la encarnación del Mesías en el seno de María, y José, hombre justo, aceptó, aunque no sin haber padecido una dura crisis interior.

Fue a Belén para el nacimiento del niño, y tuvo que huir a Egipto, de donde volvió para ir de nuevo a Nazaret. Cuando Jesús tiene doce años, vemos a José y maría en Jerusalén, donde encontraron a su hijo entre los doctores de la Ley en el templo. A continuación el evangelio calla. Es posible que muriera al comienzo de la vida pública de Jesús.

La primera lectura del segundo libro de Samuel nos habla con sentido histórico y teológico de la descendencia de David, que reinará para siempre. Seguramente la porfecía de Natán alude a Salomón, hijo de David y constructor del templo. Sin embargo las palabras “consolidaré su reino” (12) indican una larga descendencia sobre el trono de Judá.. Esta historia tuvo un final histórico, y entonces el oráculo recibió fuerza profética con una velada alusión con referencia al Mesías, descendiente de David. El reinará para siempre en su reino, un reino que no será de este mundo, sino espiritual. Según el designio de Dios para la salvación de la humanidad. La tradición cristiana ha releído siempre este fragmento como profético y mesiánico, aplicándolo a Jesús, Mesías, descendiente de David, y, de modo indirecto, también a José, último eslabón de la genealogía davídica y transmisor de la herencia histórica de la promesa divina hecha a Israel. En la segunda lectura nos encontramos con Pablo que establece en su intento de ve en el acontecimiento de Abrahán, donde establece el fuerte contraste entre la ley y la justicia que viene de la fe. En primer lugar, Pablo pone de relieve el hecho de que la promesa de Dios a Abrahán no depende de la Ley, y por eso establece, de modo inequívoco, que la promesa de Dios es absoluta, proveniente e incondicionada. En segundo lugar, el apóstol ratifica que la fe es la única vía que lleva a la justicia, esto es, a la acogida del don de la salvación. En este aspecto, la lectura se aplica espléndidamente a José, hombre justo. Los verdaderos descendientes de Abrahán no son los que viven según las exigencias y las pretensiones de la ley, sino más bien los que acogen el don de la fe y viven de él con ánimo agradecido. Desde esta perspectiva, Pablo define como “herederos de Abrahán a los que han aprendido de él la lección de la fe y no sólo la obediencia a la ley. Se trata de una herencia extremadamente preciosa y delicada, porque reclama y unifica diferentes actitudes de vida, todas ellas reducibles a la escucha de dios, que habla y manda, que invita y promete.

La fe de Abrahán, precisamente porque está íntimamente ligada a la promesa divina, puede ser llamada también “esperanza”: “contra toda esperanza creyó Abrahán” (18). De este modo, Abrahán entra por completo en la perspectiva de dios, “da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen” (17b). Y así, madiante la fe, todo creyente puede convertirse en destinatario y no sóloen expectador de acontecimientos tan extraordinarios que sólo pueden ser atribuidos a Dios. Este es el caso de José.

En el evangelio de Lucas, se encuentra el anuncio del ángel a María; en el de Mateo, en cambio, encontramos el anuncio a José. En este anuncio, el ángel manifiesta a José su misión de padre “davídico” del hijo concebido por María “por acción del Espíritu Santo”, será el Mesías de Israel, el Salvador )significado del nombre hebreo de “Jesús”.

Es probable que José conociera ya el misterio de La concepción, porque la misma María se lo podía haber revelado. Su dificultad o crisis interior no era tanto la aceptación delmisterio como aceptar la paternidad y la misión de ser el poadre legal ante la sociedad, guía y educador del que debía ser el Maestro de Israel. Su humildad (su justicia) iluminda por las palabras del ángel, le hace aceptar después plenamente, el designio de dios.

En la parte del fragmento evangélico omitida por la liturgia (22,23,24b-25) SE ALUDE AL CUMPLIMIENTO DE LA Escritura en la celebra profecía de Isaías sobre la Madre del Mesías, al significado al nombre “Emmanuel”” (“Dios con nosotros”) y al nacimiento de Jesús, al que José impuso, efectivamente, este nombre recibido del ángel. Estos versículos enriquecen desde el punto de vista teológico el fragmento y proporcionan al conjunto una hermosa unidad.

ORACION

Oh Dios y Padre nuestro:
Tú encomendaste tu Hijo Jesús
al cuidado delicado de José.
Danos la fe de este hombre justo,
Patrón de nuestra Iglesia,
para que siempre te escuchemos
y te sirvamos en todo lo que nos pides
aun cuando no entendamos perfectamente
a dónde nos llevas.
Haz que, como San José,
vivamos siempre cercanos e íntimos
a tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

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