Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes 19 de abril de 2011

SEMANA SANTA ABRIL 19, 2011

PALABRAS DE VIDA

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Salmo 70,1-2.3-4a.5-6ab.15.17

Mi boca contará tu salvación, Señor

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame.

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa.


Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías.

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas.

Lectura del santo evangelio según san Juan (13,21-33.36-38):

En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?»
Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.»
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás.
Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.»
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: "Donde yo voy, vosotros no podéis ir."»
Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.»
Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.»
Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

HOMILIA

Nos encontramos en los últimos momentos de la vida de Jesús. En la primera lectura nos encontramos con un momento en la vida del profeta Isaías. El pueblo ha sido liberado pero Jerusalén sigue devastada.

Ahotra se habla de la redención de Sión y de su vocación misionera y es el punto central de los capítulos 48 a 55. Nos encontramos en el segundo cántico de Isaías, el cántico del Siervo de Yavhéh con Israel. Pero no con el Israel histórico pecador y rebelde, objeto del juicio justo de Dios a quien el señor tiene la misión de misión de congregar. Sino con el Israel teológico, con el que Isaías había llamado “el resto”. Es la diferenciación que quedará estereotipada en el distinción paulina entre el Israel de la carne y el Israel del espíritu . Históricamente serían aquellos veinte mil judíos que volvieron esperanzados para reconstruir la nueva Jerusalén. La historia no tardó en demostrar que tampoco ellos eran el verdadero Israel.

El Israel del espíritu se hay convertido en profeta, en vehículo transmisor de salvación desde el seno de su existencia histórica. Desde entonces ya tenía nombre propio, misión concreta que realizar. Dios preparó su instrumento como el guerrero sus armas. Su espada será la palabra, con efecto cortante y doloroso, ajeno a la violencia física y eficaz con la violencia moral. Acariciado constantemente como acaricia el guerrero la empuñadura de su espada. Convirtiéndolo en saeta mimada, guardada con predilección para los momentos difíciles.

Pero basta de imágenes y metáforas. Mi siervo eres tú. Apenas pronunciada esta identificación la reaccionaria postura del siervo nos sorprende. “Yo me dije.” Es el desaliento humano. Es el “el pase de mi este cáliz”. que el que siembra ni el que riega. Lo humano es precioso cuando lo robustece dios.

Sólo Entonces Yahvéh lo confirma en su misión. Rompiendo los dicques nacionales, Yahvéh le hae comprender lo insignificante de su misión entre sus compatriotas comparada con la nueva comparada con la nueva que le ha sido encomendada: “ser luz de las gentes para llevar mi salvación hasta los confines de loa tierra.

Imposible decir más en pocas palabras. El Resto se ha convertido en rey, sacerdote y profeta de la humanidad entera. El Nuevo Testamento nos revelará que el Siervo de Yahvéh es la comunidad de redimidos que viven unidos a su cabeza, Jesús, el ungido del Padre. En verdad podemos cantar litúrgicamente que somos un pueblo de reyes, pueblo sacerdotal, pueblo profético encargado de llevar la redención del mundo sin distinción de colores o razas.

ORACIÖN

Señor Dios nuestro:
Tu Hijo, Jesucristo,
tuvo que sufrir la humillación
de ser negado y traicionado
por aquellos a quienes llamaba sus amigos.
Pero convirtió su pasión y su muerte
en instrumentos de amor y reconciliación.
Haznos como él, “personas-para-los-demás”,
que aceptemos dificultades,
incluso incomprensiones y traiciones
de nuestros mejores amigos,
y que las transformemos
en fuentes de vida y alegría
para todos los que nos rodean.
Guárdanos siempre fieles a ti y los unos a los otros.
por medio de Jesucristo nuestro Señor.