Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado 9 de abril de 2011

TIEMPO DE CUARESMA, ABRIL 9, 2011

PALABRA DE VIDA

Lectura del libro de Jeremías (11,18-20):

El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó lo que hacían. Yo, como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: «Jalemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra vital, que su nombre no se pronuncie más.» Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, pruebas las entrañas y el corazón; veré mi venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.

Salmo 7,2-3.9bc-10.11-12

Señor, Dios. mío, a ti me acojo

Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio.

Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo.

Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día.

Lectura del santo evangelio según san Juan (7,40-53):

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: «Éste es de verdad el profeta.»
Otros decían: «Éste es el Mesías.»
Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?»
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?»
Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.»
Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.»
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?»
Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.»
Y se volvieron cada uno a su casa.

HOMILIA

Jeremías y Juan nos continúan presentando a Jesús como un inocente cordero, presentado por Jeremías y un discurso en torno a Jesús presenta-do por Juan. Los días de la Pascua se nos acerca y tenemos que vernos a nosotros mismos en torno a este Jesús cuya pascua celebramos.

Nos llama la atención que el profeta nos presenta a Jeremías ehn un diálogo con Dios y donde nos vemos enfrentados con un género literario que se lo debemos al profeta de Anatot. Jeremías nos habla en un monólogo consigo mismo o en un diálogo atrevido con Dios. A modo de un diálogo íntimo, se convierten en la enseñanza que recibieron del profeta y que representa la mejor herencia que recibieron del profta y que recibimos nosotros después de su muerte. Perdidos en los capítulos 11-20 podrían ser comparadas como la piedra escondida en el campo. Quien sabe descubrirlas las lee y las relee.

Ellas nos descubren a Getsemani de Jeremías durante el reinado del impío Joaquin; ellas nos permiten conocer mejor la vocación de una fuerza, la fuerza inspiradora del espíritu, la lucha interior debida a la despreocupación existente entre lo humano y lo divino. Uno de esos muchos modos o maneras como Dios nos ha hablado en el Anti8guo Testamento.

La circunstancia h que motivaron esta primera confesión de jeremías fue todo un complot tramado por los habitantes de Anatot para eliminarlo. Abiatar no podía ver con buenos ojos el sacerdocio de Jeremías; todavía menos que uno de los suyos fuera a predicarles a ellos. Quizás los directores de Jerusalén hicieran recaer sobre ellos la responsabilidad de aquella indeseable vocero de destrucción. Sea cual fuere, amigos y familiares conjuran contra su vida. Al enterarse, el profeta se vuelve agradecido a Dios que le ha avisado.

Pero el shock que ha experimentado le hizo reflexionar sobre su misión y el sentido de la existencia humana. Ajeno a todo, su actitud había sido la del cordero que es llevado incautamente al degolladero. El Siervo Paciene y Cristo volverán a servirse de esta imagen. El perfecto contraste pintará loas ardides para lincharlo de aquellos que creía sus íntimos. Hasta su nombre querían borrar de la tierra; “talemos el árbol, destruyanos su vida con muerte violenta.”

La situación de soledad su abandono, de duda y de incomprensión puede ayudarnos a entrar un poco a penetrar en la sicología religiosa y humana del profeta. Sólo acude a dios pidiendo no misericordia sino justicia. Entre líneas se escucha el angustiado que ponen contra él y le dice a Dios “por qué Dios mío”, no es por ser Jeremías sino por ser “profeta de Yahveh, pues su causa es la causa de Yahveh.” “Triunfa señor” diríamos nosotros. Véngate contra ellos” Diría Jeremías. Es una misma súplica con unos mismos intereses hecha del Antiguo y Nuevo Testamento.

Jeremías pidiendo venganza contra sus enemigos y Cristo perdonándolos en la Cruz, ambos ofrecieron sus vidas por el que “venga a nosotros tu reino”. ¿Cómo podía triunfar Yavheh sin vengarse de sus enemigos?, pensaba Jeremías. Amándolos responderá la reflexión en Cristo seis siglos después.

En el evangelio el pasaje está cargado de ironía. División en loa voz del pueblo; unidad de criterio en sus dirigentes, ligeramente empeñada por una voz un tanto desconcertante, aunque tímida, la Nicodemo; debilidad desesperante de los dirigente, que no ejecutan las órdenes recibidas.

Verdaderamente éste es el “profeta”. Así opinaban algunos y con razón. Jesús acabada de asegurar del agua para aquellos que se llegasen a él y creyesen. Había sido Moisés quien había hecho brotar para el pueblo, golpeando la roca, agua abundante en el desierto. Para los tiempos de la última intervención de Dios en la historia, se había anunciado la presencia de un profeta semejante a Moisés y ue haría cosas semejantes a él (Deuteronomio 18,15). Era lógico, que ante la afirmación de Jesús, era lógico que el pueblo pensase que él era el profeta.

Otros pensaban que la presentación de Jesús significaba su declaración “de ser el Mesías”. También era lógico su punto de vista. Porque el Mesías debía ser el iniciador de la nueva era. Una nueva era en la que se cumpliría la profecía de Ezequiel, según la cual en el templo de Jerusalén llegaría al desierto convirtiéndose en un oasis.

El origen humano de Jesús era conocido solamente por los lectores del evangelio. Pero ¿lo era para el público que Jesús tenía delante? Evidentemente que no, en todo caso, aunque lo hubieses sabido, hubiesen rechazado igualmente a Jesús. Nos encontramos una vez m´s con el reto que el ministerio de Jesús implica.

En la línea de este grupo popular se manifiesytan tamb ién las autoridades dirigente del pueblo. En este caso son mencionado los sacerdotes y fariseos. Los hombres de la Ley. Todo racionamiento que non encaje es las categorías legales es condenable. El rechazo de Jesús, otra ironía de la escena, se justifica entre ellos desde el estudio de la Escritura. Desde “el dogma” rechazan el punto de partida de esta reflexión dogmáti-ca: Jesús de Nazaret. No podía aducirse ni un solo pasaje de la Escritura según el cual Galilea fuese el lugar, la cuna de algún personaje importante en la historia de la salvación.

Por otra parte la reacción de los agentes de la autoridad, alguaciles los llama el texto, que se sienten incapaces de detener a un hombre que hablaba como nadie lo había hecho jamás. Desobediencia con visos de visión, para sus superiores. Algo intolerable. ?Desde cuando el inferior tiene derecho a pensar? Mucho menos a disentir del superior que lo mandaba.

Además la desobediencia estaba provocada por el desconocimiento de la Ley. No podía ser de otra manera y así lo entendieron los fariseos. Ellos habían establecido la tiranía de la Ley. Ellos estaban bien convencidos que los miembros de su secta cumplían la Ley con seriedad y objectividad. Los más eran unos malditos. Y, por supuesto, entre ellos estaban incluidos los alguaciles, que habían tenido la osadía de pensar por su cuenta. Entre ese grupo surgió su único defensor, Nicodemo. Pero su defensa resulta tan pobre como la que nace de la Ley, no se podía juzgar a un hombre sin oírlo. Pero el mismo Nicodemo juzga a Jesús con una medida humana. Por eso entre la argumentación “legal” de sus compañeros, se calla. Es imposible tomar en serio a un hombre que procede de Galilea.

ORACION

Dios todopoderoso:
Cuando la gente se encontró con tu Hijo,
él se convirtió en fuente de división:
Él afectó sus vidas
de una forma o de otra.
Nosotros queremos aceptar plenamente a Jesús,
y vaciarnos de nosotros mismos
para darle espacio a él
en nuestra vida de cada día,
aun cuando ello implique dolor y sacrificio.
Ayúdanos para que con él
busquemos y hagamos siempre tu voluntad.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo, nuestro Señor.