Sí, vanos por naturaleza son todos los hombres que han ignorado a Dios,
1 los que, a partir de las cosas visibles, no fueron capaces de conocer a “Aquel que es”,
1 y al considerar sus obras, no reconocieron al Artífice.
2 En cambio, tomaron por dioses rectores del universo
2 al fuego, al viento, al aire sutil, a la bóveda estrellada,
2 al agua impetuosa o a los astros luminosos del cielo.
3 Ahora bien, si fascinados por la hermosura de estas cosas,
3 ellos las consideraron como dioses,
3 piensen cuánto más excelente es el Señor de todas ellas,
3 ya que el mismo Autor de la belleza es el que las creó.
4 Y si quedaron impresionados por su poder y energía,
4 comprendan, a partir de ellas,
4 cuánto más poderoso es el que las formó.
5 Porque, a partir de la grandeza y hermosura de las cosas,
5 se llega, por analogía, a contemplar a su Autor.
6 Sin embargo, estos hombres no merecen una grave reprensión,
6 porque tal vez se extravían buscando a Dios y queriendo encontrarlo;
7 como viven ocupándose de sus obras, las investigan
7 y se dejan seducir por lo que ven:
7 ¡tan bello es el espectáculo del mundo!
8 Pero ni aún así son excusables:
9 si han sido capaces de adquirir tanta ciencia
9 para escrutar el curso del mundo entero,
9 ¿cómo no encontraron más rápidamente al Señor de todo?
SALMO 19,2-5
El cielo proclama la gloria de Dios
2 y el firmamento anuncia la obra de sus manos;
3 un día transmite al otro este mensaje
3 y las noches se van dando la noticia.
4 Sin hablar, sin pronunciar palabras,
4 sin que se escuche su voz,
5 resuena su eco por toda la tierra
5 y su lenguaje, hasta los confines del mundo.
5 Allí puso una carpa para el sol,
EVANGELIO LUCAS 17,26-37
En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé. 27 La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos. 28 Sucederá como en tiempos de Lot: se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía. 29 Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos. 30 Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre.
31 En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. 32 Acuérdense de la mujer de Lot. 33 El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará. 34 Les aseguro que en esa noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el otro dejado; 35 de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada». 36 . 37 Entonces le preguntaron: «¿Dónde sucederá esto, Señor?». Jesús les respondió: «Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres».
HOMILIA
Lucas presenta dos ejemplos del Antiguo Testamento para enseñarnos que las situaciones-límite no deben tomarnos por sorpresa. El primero es el de la gente de tiempos de Noé, que se interesaba sólo en lo terrenal. Pero vino el diluvio y los hizo perecer a todos. El segundo ejemplo es el de los habitantes de Sodoma en tiempos de Lot. Estos comían, bebían, compraban, vendían, construían… Pero llovió fuego y azufre, y todos perecieron. A Noé y Lot apenas se les menciona, pero son ejemplos típicos del creyente salvado en medio de la perdición general. Este evangelio es una invitación al desprendimiento. Sodoma y los contemporáneos de Noé perecieron por su indiferencia y su apego a lo material, olvidándose de Dios y de los demás. Comencemos por revisar nuestra actitud ante las cosas y nuestra apertura a los hermanos. Cuántas veces nos aferramos a lo material, a proyectos o ideas, y sólo pensamos en lograr lo que queremos. El evangelio es un llamado de atención a quienes propugnan un mundo sin valores evangélicos. Y éstos nos dicen que quien quiera ganar su vida la perderá; en cambio el que la pierda, la ganará; porque no buscarse a sí mismo, sino entregarse por entero a los demás por la causa de Jesús, es trabajar por la vida plena del ser humano.
Pablo y Lucas nos ponen en advertencia ante las cosas de nuestra vida ordinaria. Y ambos nos hacen preguntarnos ¿qué es lo que estamos haciendo con la vida de todos los días? El mundo en que vivimos no se centra en nuestra vida. Debemos mirar al prójimo y relacionar nuestra vida en la relación con Dios y con el prójimo.
En el evangelio, Jesús se remite a los acontecimientos de Noé (pueden leer Génesis 6,8) y la de Lot con sus esposa (Génesis (versículos 28 y siguientes) para caracterizar que respectivamente, el diluvio y el fuego, sorprendieron a los hombres ocupados en comer, beber, casarse, trabajar, también es posible que la venida del Señor nos coja sin estar preparados..
Se nos pide repetir con frecuencia y vivir la palabra hoy: “el que intente salvar su vida la perderá, pero el que la pierda la salvará.” (Lucas 17,23)
Una oración de San Francisco de Asís: Alabado seas, mi Dios, en todas las creaturas tuyas, especialmente el ser humano Sol, por quien nos das el día, y es bello y radiante con gran esplendor, Altísimo, es significación. Alabado seas, mi Señor por la hermana luna y las estrellas: en el cielo las formaste claras, preciosas y bellas. Alabado seas mi Señor por el hermano Viento, el Aire y la Nube, por el Cielo sereno y todo Tiempo: por ellos a todas las creaturas das sustento. Alabado seas, mi Señor, por la hermana Agua, la cual es más útil y humilde, preciosa y casta. Alabado seas, mi Señor por el hermano Fuego, por él nos alumbras la noche, y es bello y alegre, vigoroso y fuerte. . Alabado seas, mi Señor, por la hermana y nuestra madre Tierra, que nos mantiene y sustenta, y produce los variados frutos con las flores coloridas y las hierbas.
Y quiero invocarte: en vías tu Espíritu para que nosotros creaturas humanas, comprendamos la importancia de poner todos los medios para no apagar la voz de los seres que, con nosotros, pueblan este mundo: cada uno por su parte refleja algo de tu belleza para estar contido por la eternidad.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la Muerte corporal, de quien ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueran en pecado mortal. Bienaventurados los que los que encuentren cumpliendo tu muy santa voluntad, pues la muerte segunda no les podrá hacer mal. Amén.

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