PALABRA DE VIDA
DANIEL 2,31-5
Viste una estatua muy grande y de un resplandor extraordinario; estaba de pie delante de ti y su aspecto era terrible. 32 Esa estatua tenía una cabeza de oro fino, el pecho y los brazos eran de plata, el vientre y las caderas de bronce, 33 las piernas de hierro, y los pies de hierro mezclado con arcilla.
34 Tú estabas mirándola, cuando se desprendió una roca sin que nadie la moviera; pegó a la estatua a la altura de los pies de hierro y de arcilla y los rompió.
35 Y en aquel mismo instante se hicieron trizas el hierro, la arcilla, el bronce, la plata y el oro; el viento se los llevó sin dejar huella como se lleva la paja del trigo en la era durante el verano. Y la piedra que había golpeado a la estatua se convirtió en una gran montaña que abarcó toda la tierra.
36 Ese fue el sueño: Ahora daremos al rey su explicación. 37 Tú eres el rey de reyes, el Dios del Cielo te dio la realeza, el poder, la fuerza y la gloria.
38 El puso en tus manos los hombres, los animales del campo y los pájaros del cielo, te hizo su dueño doquiera ellos vivan. La cabeza de oro eres tú. 39 Después de ti seguirá un reino inferior al tuyo, luego un tercero que será de bronce y que dominará toda la tierra.
40 Después vendrá un cuarto reino que será fuerte como el hierro. Así como el hierro rompe y lo reduce todo a polvo, así romperá y lo arrasará todo. 41 Como bien lo viste, los pies y los dedos son una mezcla de hierro y de arcilla de alfarero; ese será un reino dividido. Tendrá la solidez del hierro, pues viste al hierro mezclado con arcilla barrosa. 42 Pero los dedos de los pies son mitad hierro y mitad arcilla; el reino será fuerte sólo a medias, pues también será frágil. 43 Así como viste el hierro mezclado con arcilla barrosa, así estos reinos se mezclarán debido a un matrimonio, pero no estarán unidos el uno al otro, igual como el hierro no puede unirse con la arcilla.
44 En tiempo de esos reinos, el Dios del Cielo suscitará un reino que nunca será destruido; su poder no pasará a pueblo alguno. Derrotará y destruirá a todos los reinos y los reemplazará para siempre. 45 Viste como se desprendió una roca de la montaña sin que mano alguna la tocara, y como pulverizó el hierro, el bronce, la arcilla, la plata y el oro: eso mismo va a acontecer.
SALMO de Daniel 3,57-61
¡Bendito seas en la bóveda del cielo, cantado y glorificado eternamente!
57 ¡Todas las obras del Señor, bendigan al Señor, cántenle y glorifíquenlo eternamente!
58 ¡Angeles del cielo, bendigan al Señor, cántenle y glorifíquenlo eternamente!
59 ¡Bendigan los cielos al Señor, cántenle y glorifíquenlo eternamente!
60 ¡Todas las aguas del cielo, bendigan al Señor, cántenle y glorifíquenlo eternamente!
61 ¡Todos los poderes del Señor, bendigan al Señor, cántenle y glorifíquenlo eternamente!
LUCAS 21,5-11
Como algunos estaban hablando del Templo, con sus hermosas piedras y los adornos que le habían sido regalados,
6 Jesús les dijo: «Mírenlo bien, porque llegarán días en que todo eso será arrasado y no quedará piedra sobre piedra.» 7 Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso, y qué señales habrá antes de que ocurran esas cosas?»
8 Jesús contestó: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar; porque muchos usurparán mi nombre y dirán: “Yo soy el Mesías, el tiempo está cerca”. No los sigan. 9 No se asusten si oyen hablar de guerras y disturbios, porque estas cosas tienen que ocurrir primero, pero el fin no llegará tan de inmediato.»
10 Entonces Jesús les dijo: «Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. 11 Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en diversos lugares. Se verán también cosas espantosas y señales terribles en el cielo.
HOMILIA
Daniel 2,31-45: “Dios suscitará un reino que nunca será destruido” Daniel 3,57-61: “Ensálcenlo con himnos por los siglos” Lucas 21,5-11: “De esto no quedará piedra sobre piedra”
Los discípulos de Jesús están asombrados por la majestuosidad de las construcciones del Templo. Ellos no han entendido las palabras y los gestos proféticos de Jesús en torno al Templo. De él no quedará piedra sobre piedra. Los dirigentes religiosos de Israel lo han convertido en un foco de corrupción y explotación de los pobres. Los discípulos preguntan, quizá intrigados, quizá confundidos, cuándo sucederá la destrucción del Templo. La respuesta de Jesús refleja los conflictos que tendrá que vivir la Iglesia naciente: tempestades, terremotos, guerras, falsos profetas, pestes, hambre… Pero Jesús no sólo anuncia tragedias; también da luces de esperanza. La consigna que el Señor reitera muchas veces es no tener miedo ni alarmarse, porque ése no será el fin. Lo que Jesús pretende recalcar es que en medio de las dificultades y conflictos que vivamos no debemos dejarnos dominar por el miedo, porque la última palabra la tiene Dios. Los cristianos mantenemos firme la esperanza en que la vida triunfará sobre todas las formas de muerte; y para quien vive con la esperanza de la resurrección, la muerte juega otro papel, quizás de menor importancia, porque la vida está por encima de ella. Ya no tememos a las estructuras que generan muerte, porque tenemos fijos nuestros ojos en el Señor de la vida.
La importancia de la enseñanza de Jesús es bien simple “la última palabra la tiene Dios…” lo solemos decir pero como los discípulos no las hemos hecho realidad como el entro del mensaje de Jesús. Ello, como nosotros, estaban preocupados por la grandiosidad del templo. Lo mismo, nosotros, ¿pero en realidad qué encierran todas esas nuestras afirmaciones? Como nos dice el texto, todo eso engendra destrución, por más que sea para la gloria de Dios. Por eso es bueno volver a leer al profeta Daniel en la interpretación que le hace al rey. No solamente porque todos los adivinos del reino habían fracasado en la interpretación. La grandiosidad de la estatua cae ante3 una piedrita, porque en toda esa grandiosidad aparecerá, dice Daniel, la obra de Dios, un reino eterno que aniquilará a lops otros, simbolizado por la piedra. Puede ser que el autor peinsa en la disgregación del imperio de Alejandro Magno en los reinos de sus sucesores, con la imagen escatológica de la unificación normal. Todo esto no lo dice el texto, pero basta ver la historia que sucede a los babilonios. Como el reino de Nabucodonor la enorme sociedad creada por él se hunden mientras que la la piedra e convierte en un monte que llena toda la tierra (31-35)
El evangelio de Lucas, nos ofrece el “discurso escatológico”. del fin de los tiempos. Jesús se encuentra en el templo donde enseña públicamente, y hay tenido alguna disputas con los maestros de la ley y con los saduceos. SU discurso se inspira en la admiración que le produce la belleza del templo (5). La predicación es drástica y fulminante, “vendrá un día…” (6), hasta tal punto que provoca en sus oyentes la inmediata pregunta “Maestro ¿cuándo será esto, cuál será la señal? Jesús simplemente pone en en guardia contra los falsos signos que pueden inducir a los discípulos (8-11) y, a continuación predice la persecución como signo inequívoco (12-19=.
“Estad atentos para que no os engañen (8). Son muchos en realidad, los que hablarán en nombres en nombre de Jesús, pero lo harán en falso; por eso las guerras y revoluciones no deberán asustar a los discípulos. Lucas escribe en un tiempo en la que el “retraso de la parusía, supone ya un problema, para la comunidad que padece persecuciones y desgracias, pero no sabe cuando vendrá el fin; de ahí que sea necesario reforzar la paciencia y la esperanza y tranquilizar respecto al cumplimiento del futuro, que está en las manos de Dios. Todo esto dice Jesús, deberá “suceder” antes del fin, pero el fin no vendrá inmediatamente .” La descripción de los acontecimientos que precederán al fin es incluso detallada (10ss) para hacer entrever la posibilidad de un tiempo intermedio (el tiempo de la Iglesia) muy largo, en el que la comunidad deberá perseverar en el testimonio.
Quisiéramos saber siempre por anticipación lo que nos espera, y nos sentimos atemorizados por los profetas de los “malos agüeros”, como los llamaba el papa Beato Juan XXIII, Jesús nos tranquiliza, pero sin permitirnos que nos hagamos ilusiones, es cierto, trastornos y desastres, pero el mano está en manos de Dios y debemos confiarnos con sencillez a él. No hay ningún motivo para tener miedo.Se nos repite con frecuencia y se nos invita a vivir hoy su Palabra: “El Señor del cielo hará surgir un Reino que jamás será destruido.” (Daniel )
ORACION
Señor, tengo miedo.
Y sentirme sonreir ante las terribles previsiones apocalíticas, como si fueran fabulas de otros tiempos. Sin embargo, tengo miedo del mañana, tengo miedo delsufrimiento, tengo miedo de lo que no conozco.
También me gustaría preguntarte cuándo tendrá lugar todo esto, pero no me atrevo a hacerlo. Concédeme, Señor, unos ojos puros y un corazón sencillo, para que sepa situar cada cosa bajo juicio de la palabra y para sepa leer los signos de los tiempos. Me gustaría pedirte que me ahoraras las calamidades de las que hablas. Me gustaría pedirte que amejaras de la tierra las guerras, las destrucciones, las carestías, las pestilencias. Hazme comprender, Señor, qué no es necesario que todo esto tenga lugar. Solamente, Señor, para que la fe que me hjas dado me ayude a vencer el miedo.
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