Salmo 97,1.2-3ab.3c-4
El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,3-6.11-12):
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1.26-38):
HOMILIA
Génesis 3,9-15.20: Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer Salmo responsorial: 97: Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas Efesios 1,3-6.11-12: Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo Lucas 1,26-38: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
La acción en las lecturas de hoy, son acciones de Dios en María, en Isabel que expresa el canto de Zacarías, aunque éste no cree en el mensaje del ángel del Señor. Pero María le dice “sí” al proyecto de Dios. Lucas compara las dos anunciaciones a María y a Zacarías, el sacerdote que oficiaba en el templo. El no cree en el mensaje, pero María, lejos del templo cree en el mensaje, acepta lo increíble y lo más deseado en la historia del pueblo, elige ser la madre del Mesías. Todo esto sucede en lo más sencillo, en lo que no es importante para el pensamiento social, político y económico, y también religioso, es decir, en lo cotidiano, en medio de los pobres.
Este anuncio revela la novedad de Dios en Jesús, que en lugar de limitar lo sagrado al templo y los oficios religiosos, desea santificar la vida, con sus tareas, luchas, fiestas y fatigas. Celebrar la Inmaculada Concepción de María es comprometernos con los planes de Dios para con la humanidad: la salvación para todos, sin exclusiones ni divisiones. ¿Cómo estamos aceptando hoy la voluntad de Dios en nuestra propia vida?
Y comienza la historia del día, la historia de Dios, con la creación de la humanidad, el pecado de Adán y Eva. Esto no es motivo de fiesta. Ahora Adán se oculta. Pero la voz le interpreta: “?dónde estás?” (9b) Adán sale de su escondite aunque ya no está en Dios, sus palabras expresan esta triste realidad. Luego de escuchar a los tres culpables Dios pronuncia la sentencia. Si no fijamos en la Escritura, Génesis 2,17, el hombre esperaría la condenación de dios, sí, se propone un castigo que aparece como el camino de purificación, una salvación prometida (15) Dios comienza a revelarse como Misericordioso, se ha puesto de parte del hombre contra la serpiente, símbolo del mal, que recibe la maldición. La humanidad está ciertamente herida pero sólo en el calcañar, es decir una parte no vital y fácil de curar, la serpiente por el contrario es herida en la cabeza, derrotada definitivamente. Pero eso llamamos al versículo 15 como “protoevangelio”, el primer anuncio de la victoria del hombre sobre el pecado y la muerte.
La victoria se atribuye “al linaje de la mujer”. El hombre le da un nombre nuevo a la mujer, “madre de los vivientes”, no de los mortales. Podemos ver la prefiguración de María, la nueva Eva, Jesús la consignará como la madre de la Iglesia naciente, justo en el momento de su uerte en la cruz.
En la carta de Pablo a los efesios, que llamamos el “magnifica de Pablo.” Está en prisión por la fe, por eso alaba a Dios en un canto de bendición y alabanza, invocando a Dios, no como “el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob” sino como “el Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Cristo es el único mediador, el Mesías, plenitud de la espera de Israel. Es un canto de admiración. Pablo va a decir que María es la realización de los planes divinos, de “hacernos en ella y él, “santos e irreprochables ante él por el amor.” Es decir, consagrados exclu-sivamente a su servicio “santos”, separados de todo lo que es mundano y pecaminoso, “irreprochables”. Todo esto no por poder humano sino por puro don.
María, la Virgen Inmaculada no es un superhumano, es la elegida para ser morada del Verbo, ha sido preservada del pecado original “en previsión de los méritos de Cristo Redentor” en razón de su propia vocación. En María llega a realidad el cumplimiento del plan del que nos “ha predestinado a ser hijos adoptivos”. En Pablo esto significa que la vida del hombre no ha sido aban-donado a su suerte, ni está destinado a la nada sino a una comunión con Dios, vida de plena libertad, en el amor, en la alabanza, en la gloria.
La historia de la anunciación en la fiesta de la Inmaculada, merecen especial atención dos expresiones del saludo a María. Entrando en su presencia la llama ”llena de gracias”, significa el texto griego “la agraciada”. María es la creatura humana redimida por Dios de modo radical, perfecto. Su inmaculada concepción es obra de gracia, que en ella se ofrece a todos los hombres, la imagen y el modelo de la vocación de la humanidad.
El segundo saludo es “el Señor está contigo”, la expresión del pueblo de Israel usada con frecuencia en el antiguo Testamento. El Señor siempre ha estado con su pueblo, aunque el pueblo no siempre haya estado con Dios. Hasta llegaron a preguntarse “Está Dios con nosotros o no?” (Éxodo 17,7b). Aquí estas palabras asumen un sentido pleno, como si el ángel dijera: “Tú estás siempre con el Señor; tú estás unida a él en la medida en que es posible a una criatura.” No se trata de un momento de gracia particular, que lentamente se debilita; la contrario, es una unión que se va haciendo más y más íntimo.
A las palabras del ángel –indica el evangelista- María “se turbó” (29). No es el temor que tuvo Adán, consciente de su pecado; aquí se trata del sagrado temor ante la maravillosa realidad de Dios; es el sentimiento que invade tanto más a la criatura cuando más pura es.. Es su perfecta humildad, María comprende la grandeza de la misión recibida, la gratuidad del don, la desproporción entre la propia debilidad y la omnipote3ncia divina.
El sí que María da como respuesta resuena como la alabanza perfecta de la criatura, eco fiel del “aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” (salmo 39,8) con el que el mismo Jesús se adhiere a la voluntad salvífica de Dios. Es el encuentro de estas dos obediencia el se cumple el plan de salvación. Es lo que elángel le dice a la Virgen: “Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.” (Lucas 1, 28).
ORACION
Oh María, toda santa, todo el poaraíso se goza en ti, Con tu belleza consoladora reafirma nuestro corazón para que sepamos comprender la espertanza a la que Dios nos ha llmado, el tesoro de gloria que nos espera en la eterna comunión de loos santos.
Oh María, icon o de la interioridad, te miramos en tu humilde y fiel permanecer re3cogida bajo la mirada de Dios, abandonada al poder del Altísimo. Por tu maternal intercesión haz que se borre abundantemente la gracia del Señor sobre nosotros que contemplamos la gracia del Señor sobre nosotros que contemplamos el inefable misterio de tu belleza, para vivir también nosotros profundamente, allí donde mana como perenne juventud la fuente del amor.
Oh Virgen purísima, que nos has engendrado en el Hijo unigénito de Dios, hijos tuyos de adopción, enséñanos el camino de la caridad sincera, del humilde servicio y del celo infatigable, para que también nuestra vida se fecunda en la gracia a fin de que todos lleguemos a la presencia del Altísimo, “santos e irreprochables".

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