Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 28 de diciembre de 2010

TIEMPO DE NAVIDAD DICIEMBRE 28, 2010

PALABRA DE VIDA

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (1,5–2,2):

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Salmo 123,2-3.4-5.7b-8

Hemos salvado la vida,
como un pájaro de la trampa del cazador


Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.


Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.


La trampa se rompió, y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra

Lectura del santo evangelio según san Mateo (2,13-18):

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»
José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.»

HOMILIA

A los tres días de la navidad, se celebra la fiesta de los “santos inocentes”, partiendo del relato de Mateo de la matanza de los niños por Herodes.

Toda una escena en la que aparecen los “personajes principales” de este tiempo de Navidad: la luz y las tinieblas, la debilidad y la esperanza.

La luz molesta a las tinieblas. Porque son incompatibles. Por eso Herodes quiere hacerla desaparecer, y trama su plan. Y en esa lucha, recreada en tantas escenas de la Biblia y del cine contemporáneo, resplandece la fuerza de la debilidad: una pareja que se pone en camino con su hijo recién nacido, huyendo a la tierra donde sus antepasados habían sido esclavos para salvar su vida. Y en esa debilidad, surge la esperanza…

Jesús, desde su nacimiento, asume la historia de su pueblo, pasando por los mismos lugares por donde pasó y por sus mismos aprietos. Y al asumir esa historia, asume también nuestra historia de luces y tinieblas, de luchas y de esperanzas. Porque la historia del Pueblo de Dios narrada en la Palabra es también nuestra historia.

En la fiesta de hoy recordamos a todos los que en el mundo han vivido esta misma historia de persecución, de huída y de muerte inocente. En el pasado y en el presente… Víctimas concretas de las tinieblas que quieren dominar la historia: niños, mujeres, hombres, ancianos…

Frente a esa tiniebla, Dios no despliega sus ejércitos ni acaba con el mundo de manera drástica… sino que ofrece algo mejor: su Hijo, naciendo entre nosotros, es la fuerza en la debilidad, la luz que alienta toda esperanza y que ya se ha comenzado a transmitir… hasta los confines del mundo.

Ya hay mucho camino recorrido y aún queda mucho por hacer. Pero ya está puesto, en el corazón del mundo, la semilla de un mundo nuevo.

La fiesta de los Santos Inocntes pone no s[olo el don del martirio, sino la gran verdad de la muerte del inocente y revela la maldad del pecador, que como Herodes siembra odio y muerte, mientas el amor del justo inocente., como Jesús, nos trae frutos de vida y de salvación. También la Carta de juan nos presenta un mundo divido en dos partes: el de la luz, el mundo de dios, el de las tinieblas, el mundo de Satanás. Quien “camina en la luz y practica la verdad (7-8) vive en comunión con Dios y con los hermanos y es purificado de todo pecado por la sangre de Jesús derramada en la cruz. Quien por el contrario “camina en las tinieblas, y practica la verdad” (6-8) se engaña a si mismo, no vic en comunión con Cristo o los hermanaos y está lejos de la salvación. Los verdaderos creyentes, en efecto, reconocen a Dios yante sí mismos su pecado, lo confiesan y confiando en el Señor “justo y fiel” (9), son salvados. Los malvados por el contrario, no reconocen sus pecados, hacen vano el sacrificio de Cristo y su Palabra de vida no pueden transformarlo interiormente.

En conclusión, Juan exhorta a recurrir a Jesús como ”abogado junto al Padre” (1), porque es él quien expía no sólo los pecados de sus fieles, sino las de la humanidad entera. Cierto, el cristiano no debe pecar, poero en el caso de tener la experiencia del pecado, lo más importante es reconocerse pecador y, confiando en la misericordia de Aquel que puede liberarlo de su pobreza moral, restablecer inmediatamente la comunión con Dios.

El evangelio nos presenta una de las muchas pruebas que tuvo que sufrir la familia de Jesús apenas él ha nacido. Partidos los Magos, José es advertido en sueños en llevar al Niño y a su Madre a Egipto para escapar el plan de Herodes, que ha decidido matar al Niño (14-16). La familia experimenta una experiencia de persecución.

El lenguaje simple y breve de Mateo sugiere que para esta familia no hay privilegios especiales. En su camino no sólo hay Magos que le buscan, hay también un Herodes que, a la noticia de su nacimiento se turba. Jesús permanece como signo de contradicción, hay geste que lo busca para adorarlo y gente que lo busca para matarlo.

El relato presenta otro tema: la vivencia humana de Jesús, ya desde su infancia, y la historia es leída la vida de Moisés y su pueblo. El nacimiento de moisés y de Jesús coincide n la matanza de los niños hebreros inocentes (Éxodo 1,82,10 y Mateo 2, 13-189; Ambos van a Egipto (Éxodo 2,10; 4,19 y Mateo 2,13-14) en ambos se cumple la Palabra: “De Egipto llamé a mi hijo” (Éxodo 4,22; Oseas 11,1 y Mateo 2,15). Por último, la profecía de Raquel que llora a sus hijos (Jeremías 31,15) nos recuerda que Jesús es el Mesías buscado y rechazado, en quien se cumplen las promesas de Dios y las esperanzas de los hombres. Algo de esto nos recuerda Juan: “La sangre de Jesús nos purifica de todo pecado” (1 Juan 1,7).

ORACION

Jesús, tú eres el único intercesor que pude defender nuestra causa junto al Padre, cada vez que hacemos la experiencia negativa del pecado y del alejamiento de ti. Muchas veces la humanidad ha quebrantado tu alianza y otras tantos tu has reanudado sin cansarte jamás, manifestándose rico en perdón y en bondad. No dejes de ser nuestro defensor, a pesar de las muchas matanzas de inocentes que se repiten en todo tiempo sobre nuestro planeta.

Ciertamente es obra tuya loa unión de los dispersados, la justicia absoluta y la concordia, la paz mesiánica que tú predicado, pero también nosotros queremos colaborar a la construcción de un mundo más justo y fraterno, donde los lazos del egoísmo se rompan, donde todo pacifismo aparente sea superado por la justicia quebrantada. Señor Jesús que nuestra vida cristiana nos haga capaces de edificar la nueva familia humana, basada en el amor al otro.

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