Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 23 de diciembre de 2010

TIEMPO DE ADVIENTO DICIEMBRE 23, 2010

PALABRA DE VIDA



Malaquías 3,1-4.23-24

Os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor

Así dice el Señor: "Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos. Mirad: os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la tierra."

Salmo responsorial: 24

Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Señor, enséñame tus caminos, / instrúyeme en tus sendas: / haz que camine con lealtad; / enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.

El Señor es bueno y es recto, / y enseña el camino a los pecadores; / hace caminar a los humildes con rectitud, / enseña su camino a los humildes. R.

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad / para los que guardan su alianza y sus mandatos. / El Señor se confía con sus fieles / y les da a conocer su alianza. R.

Lucas 1,57-66

El nacimiento de Juan Bautista

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: "¡No! Se va a llamar Juan." Le replicaron: "Ninguno de tus parientes se llama así." Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre." Todos se quedaron extrañados.

Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: "¿Qué va a ser este niño?" Porque la mano del Señor estaba con él.

HOMILIA

Estamos ya muy cerca de la Navidad y el profeta Malaquías nos habla de la reconstrucción del templo, estamos en la segunda mitad del siglo 5 antes de Cristo, el culto y la pureza del pueblo están en decadencia a causa de los matrimonios mixtos de los que volvieron a Jerusalén del destierra de Babilonia y viven impunes y tranquilos. Los observantes se preguntan: ¿dónde está la justicia de Dios? En nombre del Señor, el profeta responde denunciando el pecado de los sacerdotes y la violación de la ley del culto por parte del pueblo y anunciando como inminente “el día grande y terrible” (23) de la venida del Señor en persona. El purificará el templo y sus sacerdotes y juzgará a los malvados.

Pero al Señor le precederá un mensajero, la identificación del profeta Elías (23; Eclesiás-tico48,10-11), cuya misión será preparar el camino, purificar al pueblo de sus pecados y dirigirlo, mediante la reconciliación de su corazón, a las santas tradiciones de los padres. La profecía de Malaquías leída en el concepto del Nuevo Testamento, se refiere a la venida de Cristo, precedida por un mensajero: Juan el Bautista, cuya misión de precursor es llamar al pueblo a la conversión y prepararlo al encuentro con el Mesías (“el mensajero de la alianza” (1), por todos esperados.

En el evangelio de Lucas, realizando la profecía de Malaquías en la figura de Juan el Bautista, nos describe dos episodios de su nacimiento, la participación de los parientes y vecinos que se alegraron con Isabel por su parto (57-58) y la circuncisión del niño al octavo día con la imposición del nombre (59-66)

El evangelista subrayando algunos elementos, advierte en el acontecimiento del nacimiento y de la imposición del nombre la intervención prodigiosa y misericordiosa del Señor actuando en la vida del pequeño de modo extraordinario: la alegría de todos por el Acontecimiento inesperado (58), el significado del nombre “Juan” (60-639, QUE QUIERE DECIR “Dios favorece y actúa con misericordia”, nombre rico en promesas futuras; el asombro de los presente mezclado con un temor respetuoso, y la divulgación de la noticia por toda Judea (65); Zacarías que recobra el habla y bendice y alaba a Dios, como signo de que todo lo dicho por el señor se ha cumplido (64); finalmente la reacción de aquellos que iban conociendo el nacimiento del niño, que se preguntaban: “?Qué va a ser dee este niño?”, y el mismo evangelista en una nota redaccional concluye diciendo: “El Señor estaba con él” (66).

La narración del nacimiento del Bautista anuncia ya maduros los tiempos nevos de la venida del Mesías. Lo importante es acogerlo como hizo el Bautista y saber reconocer en la historia la novedad radical de la relación entre Dios y el hombre.

En todas las épocas de la historia humana el Señor envía siempre mensajeros como Elías y el Bautista, para recordar que en él quien tiene en sus manos las riendas de los sucesos humanos y, a pesar de que el hombre rechace sus llamadas y huya de sus caminos, él siempre reanuda los vínculos con gestos de amor. Tampoco hoy faltan entre nosotros signos concretos y modos elocu7entes de su Palabra, persona como la Madre Teresa y acontecimientos extraordinarios como un concilio ecuménico; personas y acontecimientos que, siendo instrumentos del Espíritu, elevan las propias “antenas” para captar la onda del mundo nuevo que se perfila en el horizontes. Lo nuevo ya está y está vivo, hay que saberlo ver y respetar sin ceder a nostalgias del pasado o sueños del futuro, que son auténticas evasiones de la realidad.

Dios nos va educando con largos períodos de movimientos y silencios para que aprendamos a descubrirlo en la historia y en lo íntimo del corazón, donde mora el Espíritu de Cristo que nos guía e ilumina en nuestro camino de fe. Todo esto lleva consigo el romper nuestras seguridades para que nos fiemos de un Dios-Amor, como Jesús nos enseñó (1 Juan 4,16). Aceptar a Dios-Amor significa entrar en los caminos de Dios, fiarnos de su paternidad divina, que nos hace libre y nos restituye la dignidad de auténticos hijos; significa dejarse conducir por su Espíritu sin poner obstáculos a la acción interior y gratuita de Dios.

ORACION

Padre santo, que guías la historia y que por medio de tu Hijo Jesús la conduces por los caminos del amor, haz que la Iglesia en su peregrinación terrena hacia el Señor viva plenamente la tensión de la salvación entre el “ya” cumplido en Jesús y el “todavía no” actualizado en nosotros y manifestado en Cristo glorioso.

Queremos estar vigilantes en nuestro caminar para reconocer tus mensajeros que nos invitan a tu amistad. Pero, ante todo, que nos hagas capaces de mantener purificado el corazón, libre y sensible a la acción del Espíritu, para que actuemos como deseas, te encontremos en esta Navidad y podamos estar preparados en el día de tu última venida para confesar en alabanza que has sido padre y amigo.

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