Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 6 de abril de 2010

SEMANA DE PASCUA, ABRIL 6, 2010

PALABRA DE VIDA
HECHOS : 2,36-41

Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel, que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes crucificaron.»
37 Al oír esto se afligieron profundamente y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»
38 Pedro les contestó: «Arrepiéntanse, y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el Nombre de Jesús, el Mesías, para que sus pecados sean perdonados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo.
39 Porque el don de Dios es para ustedes y para sus hijos, y también para todos aquellos a los que el Señor, nuestro Dios, quiera llamar, aun que estén lejos.»
40 Pedro siguió insistiendo con más argumentos. Los exhortaba diciendo: «Aléjense de esta generación perversa y sálvense.»
41 Los que acogieron la palabra de Pedro se bautizaron, y aquel día se unieron a ellos unas tres mil personas.

SALMO 33,4-5,18-20,22

4 Pues recta es la palabra del Señor,
4 y verdad toda obra de sus manos.
5 El ama la justicia y el derecho,
5 y la tierra está llena de su gracia.
18 Está el ojo del Señor sobre los que le temen,
18 y sobre los que esperan en su amor,
19 para arrancar sus vidas de la muerte
19 y darles vida en momentos de hambruna.
20 En el Señor nosotros esperamos,
20 él es nuestra defensa y nuestro escudo;
22 Venga, Señor, tu amor sobre nosotros,
22 como en ti pusimos nuestra confianza.

JUAN 20,11-18
María se había quedado llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro 12 y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies.
13 Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
14 Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie, pero no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.»
16 Jesús le dijo: «María». Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro».
17 Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes.»
18 María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto.»
HOMILIA

Hechos 2,36-41: Conviértanse y bautícense todos en nombre de Jesucristo Salmo: 32: La misericordia del Señor llena la tierra.Juan 20,11-18: Nuestro amigo Lázaro está dormido; voy a despertarlo.
El sentido de la Pascua es la comunicación, somos testigos del Señor, haciendo realidad la “resurrección”; es decir, nuestra vida es la proclamación de que el Señor vive en comunidad que escucha la Palabra y come del pan de la vida eterna. Es decir, el Resucitado es también el resucitador. La vida que ha recibido del Padre no se queda sólo en él, porque la vida es el bien supremo y por eso es defusivo. Nosotros hemos participado de la fuerza resucitadora que brota de Jesús. La resurrección no explica por la doctrinas o los credos de la Iglesia sino por el bien difusivo de la comunidad. Nosotros somos los que testificamos con nuestra vida que el Señor vive en realidad en nosotros. En la casa de las y los oprimidos que viven como hermanos y hermanas, es donde se experimenta la presencia viva y resucitadora del Señor.
Pedro, en la primera lectura de este martes de Pascua, concluye su sermón c0n cierto énfasis: los israelitas deben tener la certeza de que Jesús es Señor y mesías. La fe cristiana se afirma en el testimonio apostólico sobre la resurrección, que eleva a Jesús a la condición gloriosa de Señor y Mesías. Lucas usa eso dos títulos que anuncia la buena noticia que los ángeles llevaron a los pastores (Lucas 2,11), títulos realizados precisa-mente ahora. El testimonio de Pedro toca los corazones y se inicia la larga cadena de las conversiones. El apóstol pide el cambio de mentalidad y de comportamiento, eso es lo que significa el término “metanoia” y el bautismo “en el nombre de Jesús”, llamado simplemente “Cristo”, sin artículo: ahora es ya el Enviado, el Mesías, el Salvador. El bautismo es el signo de la conversión y apertura a la nueva vida, hecha de la destrucción del pasado de muerte y de la plenitud de la vida que procede del Espíritu Santo. De este modo se cumplen las promesas tanto para los que están presentes como para los “están lejos”, es decir,, para los que están fuera del judaísmo.

Aparece al final, la invitación a ponerse “a salvo de esta generación perversa”, esto es, de aquellos que con su religiosidad legalista no han sido capaces de acoger la novedad revolucionaria del mensaje y de la realidad de Jesús, y lo hicieron condenar recurriendo a la mentira. La primera pesca “del pescador de hombres” fue verdaderamente milagrosa: tres mil personas recibieron sus palabras y entraron en sus redes, unas redes que llevan a las aguas de la salvación.
La historia de Juan hoy está guiada con un ritmo creciente que mues-tra el nacimiento y la consolidación de la fe de los primeros discípulos en Jesús resucitado.. El texto de hoy tiene dos partes: 1) la aparición de los ángeles a María (11-13); 2) la aparición de Jesús a la mujer (18-18). María necesita ser librada de una adhesión demasiado sensible al Jesús terrero. La superación de esta visión terrena permite al discípulo encontrar al Señor. María llega a la fe en Cristo resucitado a través de los ángeles, que tienen una función de interlocutores: “?Por qué lloras?” (13) y lo recoge cuando le dice: “!María!” (16) inaugurando en ella una nueva vida. María, una vez que a reconocido “al rabboni” (16) es enviada por Jesús a anunciar a los otros discípulos, el acontecimiento de la resurrección. Es ahora cuando se convierte en el símbolo de la fe plena, haciéndose en misionera y evangelizadora de la Palabra de Jesús: “fue corriendo adonde estaban los discípulos y les anunció: “He visto al Señor” (18). El encuentro de Jesús con María magdalena y el anuncio llevado por la mujer para los discípulos de todos los tiempos: el Señor está vivo, y cada uno de nosotros debe buscarlo a través de una camino de fe, con la seguridad de que, si hace lo que le corresponde, el Señor, a su vez, no tardaré en salirle al encuentro y en hacerse reconocer.
Algo que tenemos que observar hoy, que el discurso de Pedro no tiene nada de extraordinario, pero estamos en Pentecostés, y el Espíritu no obra sólo en Pedro, sino también en los oyentes, cuyos corazones se sienten traspasados de una manera irresistible.. Los primeros capítulos del libro de los Hechos constituye la demostración de esta verdad elemental: el protagonista de la evangelización es el Espíritu Santo, que toca los corazo-nes cuando y como quiere, según sus deseos misteriosos. Por eso hoy tenemos que repetir con frecuencia la Palabra: “Estas palabras les llegaron hasta el fondo del corazón.” (Hechos 2,37).
ORACION
Oh Espíritu Santo, qué poco te invoco, y qué poco confío en ti y en tu acción misteriosa. Haz que comprenda interiormente tu absoluta necesidad y la necesitad que tengo de ti, en mi acción de testigo y de evangelizador. Hazme comprender que siempre estás presente, incluso cuando el Evangelio tiene dificultades para ser acogido, dándome paz y no quitándome el valor de sembrar sin tregua. Hazme ver claro que a mi me pides la siembra y te reservas para ti los frutos. Dadme sobre todo la seguridad de que siempre estás conmigo en cada momento de mi trabajo apostólico porque así estaré seguro de que nunca será inútil ninguna siembra aun cuando mayoría de las veces serán otros los que recojan. Y la seguridad de que, en el cielo, verán mis ojos ciertamente esos frutos tan esperados de mi trabajo y el tuyo.

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