Se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles al Señor Jesús
En aquellos días, los que se hablan dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquia, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquia, se pusieron a hablar también a los helenistas, anunciándoles la Buena Noticia del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor. Llegó la noticia a la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor. Más tarde, salió para Tarso, en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía. Durante un año fueron huéspedes de aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos.
Salmo Sal 86, 1-3, 4-5. 6-7
Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! R. «Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí.» Se dirá de Sión: «Uno por uno todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado.»
Juan 10, 22-30
Yo y el Padre somos uno
Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: - «¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.» Jesús les respondió: - «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no pe el alma del pueblorecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»
Siempre podemos preguntarnos: ¿Qué ha hecho Jesús para que crean en Él? Tenemos que pensar esto porque él ha curado a una multitud de gente, que el pueblo experimentó la alegría de la libertad y la solidaridad como comunidad y esto para compartir los bienes. Todo un mundo nuevo ha comenzado. Ya no existen los peligros de los demonios del fanatismo y nacionalismos estrechos que estaban emponzoñando el alma del pueblo. En este tiempo Jesús había desenmascarando la religión del templo y esto cuestionaba a las autoridades. El es como espada de dos filos que corta pa todos lados. El ha restablecido la relación intima de los esposos. Y en esa alianza de amor que descubre quién es Jesús y quién es el Padre.
La vida eterna que Jesús anuncia no es ya la salvación después de la muerte, sino que es entrar ahora en ese misterio de amor transformador que es regalo que nos viene de las manos de Dios Padre-madre y que es uno con Jesús y, para nuestra alegría, de esas manos benditas que han hecho alianza con el pueblo pobre, no hay poder político, económico, militar o religioso que pueda arrancarnos nada. ¡Absolutamente nada!
Por eso nos ha reunido en el tiempo de Pascua para enseñarnos unos a otros lo que el Señor tiene preparado para nosotros.
Lo que Pedro llevó a cabo con Cordelio lo llevan a cabo los discípulos perseguidos y dispersados y, además a gran escala. Los helenistas expulsados de Jerusalén, se transforman en misioneros y predican en Samaria, Fenicia, Chipre y Antioquía, dirigiéndose a loos griegos, es decir, a los paganos. Antioquía situada en Siria, junto al Mediterráneo, aparece como un lugar privilegiado de la misión a los paganos, como polo de difusión del “nuevo camino entre los griegos.” Es también el lugar donde la nueva realidad representados a los cristianos, su diferencia respecto a los judíos, su identidad específica y, por consiguiente, el nuevo nombre.
Pero Jerusalén vigila, las mismas reservas que aparecieron con respecto a Pedro surgen ahora con respecto a la comunidad de Antioquía. Y se envía una “inspección”. Afortunadamente, se escoge al hombre, Bernabé, que no por cualquier cosa recibe el nombre de “hombre que infunde ánimo”, el cual por encontrarse “lleno del Espíritu Santo”, esta en condiciones de discernir la obra del mismo Espíritu y de comprender sus caminos. Y por consiguiente se presenta a Bernabé con gran simpatía no sólo sabe ver la dirección de la historia de hombres justos para secundar la acción del Espíritu. Por eso no se queda mano sobre mano, sino que se va a “pescar” a Pablo, olvidado en Tarso, pero ahora maduro para las grandes empresas misioneras y lo inclu en el clima vivaz y dinámico de Antioquía.
En el evangelio nos encontramos con Jesús y los discípulos en la fiesta de la Dedicación del templo, en Jerusalén durante el período invernal y Jesús camino sobre el pórtico de Salomón por el lado que mira al Cedrón. Algunos se le acercan y le preguntan sobre su identidad mesiánica (24), una pregunta que parece ser una pregunta seria, aunque en realidad anque en realidad es una pregunta insidiosa y provocativa. Jesús responde en dos momentos sucesivos, en primer sobre el mesiazgo (25-31) y a conti-nuación, sobre la divinidad (32-39).
Es la gran polémico que enfrenta a Jesús con sus enemigos. Jesús había presentado sus propias credenciales de hijo de Dios y enviado del Padre, especialmente a través de sus obras extraordinarias. Si muchos no aceptan su testimonio, la verdadera razón de ello consiste en el hecho de que pertenecen a su rebaño. En cambio quien escucha da pruebas de pertenencia al nuevo pueblo de Dios (27s). Juan pone en boca de Jesús tres afirmaciones que señalan la identidad de las ovejas y sus características con respecto a Jesús: “Escuchaban mi voz, “me siguen” y no “perecerán para siempre”.
Los creyentes que caminan en la verdad y en la luz tendrán que sufrir, pero la vida de comunión con Cristo, vencedor de la muerte, le da la la seguridad de la víctima. Su vida es asimismo para siempre comunión con el “Padre”, cuya mano más poderosa que todo, lo sostiene y lo protege con la donación de su Hijo. La seguridad plena y definitiva que Jesús y el Padre garantizan a los creyentes se fundamenta en su profunda unidad y comunión: “el Padre y yo somos uno.” (30). Nosotros pertenecemos a Jesús porque Jesús pertenece al Padre. Somos una sola cosa con Jesús porque Jesús es una sola cosa el Padre. Creemos en las obras de Jesús porque Jesús realiza las obras del Padre. Jesús quiere establecer conmigo la misma relación que él tiene con el Padre. Por eso escucha su voz, que es eco de la voluntad del Padre. Por eso lo seguimos escuchando su voz que es un eco de la voluntad del Padre. Por eso le seguimos. Por eso nos aferramos a él, porque él me conduce al Padre para no parecer nunca, porque sabemos que nos conduce al Padre, y que permiten “no parecer para siempre.” Precisamente porque toman su luminosidad de la luz misma de Dios.
ORACION
Ilumina, Señor, mi corazón, tardo para comprender, abre mi mente a la comprensión de su Palabra tan grande que a veces me desconcierta.
Te suplico, Señor, por mí, que me acerca a tu Palabra, confírmala en mi corazón con la evidencia que sólo tu Espíritu puede darle. Te suplico también, Señor, por mis hermanos, inseguros, perdidos, confusos: háblale al corazón, hazte oír no como un maestro entre tantos, sino como el Maestro, porque tú eres “uno como el Padre."

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