Eligieron a siete hombres llenos de espíritu
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: - «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.» La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía, Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.
Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Vieron a Jesús caminando sobre el lago
Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafárnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo: - «Soy yo, no temáis.» Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.
Cuando quisieron hacer rey a Jesús, él se fue sólo al monte. El monte es en la Biblia el lugar de la experiencia de Dios. Por el contrario los discípulos, decepcionados de que Jesús no haya aceptado la propuesta de poder que le ofrecía la gente (tal vez instigada por los propios discípulos), no suben al monte con Jesús sino que “bajan al lago y suben a una barca y se van a Cafarnaún”. No han comprendido el proyecto de igualdad que Jesús tiene. Dejan la tierra extranjera donde estaban (6,1) y regresan al país judío. Son nacionalistas acérrimos y no aceptan ese reino que propone Jesús donde caben todos en igualdad con el pueblo elegido. Cuando están en medio del lago anochece y el mar, símbolo de las fuerzas del mal, se embravece. Jesús no está con ellos y tienen miedo. El miedo es lo contrario a la fe. Fuera del proyecto de Jesús entramos en la oscuridad y hasta la naturaleza se rebela contra la injusticia. Jesús les dice “YO SOY” (Yave). Ellos lo aceptan y al querer subirlo a la barca llegaron a tierra. Apenas perdemos el miedo y aceptamos a Jesús, nuestra barca llega a su puerto.
La primera comunidad de los discípulos la empezamos a ver como una comunidad que procede de dos pueblos. Hoy se nos dice que además de judíos hay griegos dentro de la comunidad. Y siempre los problemas serán de integración y relación. Y esto va a obligar a la comunidad a tomar nuevas decisiones. Y eso es la enseñanza que nos da el evangelio de hoy. Cuando llega Jesús la barca llega a su puerto, donde todos tiene el mismo Espíritu. Y eso es lo que nos muestra la primera lectura de hoy.. Hay desconcierto entre los discípulos de la nueva comunidad, murmuraciones, descontento, y los apóstoles se lo toman en serio y lo resuelven. Hay, en primer lugar un “problema económico”, posiblemente con las mujeres de los hombres de la diáspora, que han venido a pasar los últimos días de su vida a Jerusalén, que han quedado ahora sin apoyo familiar. Se trata de una necesidad real, y tiene que ser enfrentado con sano realismo. Perp debía haber también un “problema cultural”: los heeistas hablan griego, leen la Biblia en la traducción griega de los Setentas, (hecha en Egipto dos siglos antes) y tienen una sensibilidad diferente. Y es necesario disponer de una estructura completa para ellos, dotada de una asistencia material y espiritual para ellos.
El pasaje tiene en cuenta estos dos aspectos: “los siete”, en realidad son destinados tanto al servicio de la Palabra como a las mesas. Aparecen como una organización eclesiástica “sectorial” para aquellos que tienen un idioma y una cultura económica diferentes de los judeocristianos de Palestina.
¡Cuántos problemas surgen, Señor, cada día! ¡Cuántas tensiones! ¡Y que difícil solucionarlas.” A menudo cuando me siento víctima, tengo la tentación de agredir y atacar a quien posee la autoridad, mientras que cuando soy yo quien cargo con ella, siento la tentación de consi-derar a los que critican como eternos insatisfechos, como gente imposible de contentar, como gente sedienta de dinero y poder.

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