Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 17 de abril de 2010

TIEMPO PASCUAL. ABRIL 17,2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 1-7

Eligieron a siete hombres llenos de espíritu
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: - «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.» La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía, Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Salmo 32, 1-2. 4-5. 18-19
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de
Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.
Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Juan 6, 16-21

Vieron a Jesús caminando sobre el lago
Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafárnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo: - «Soy yo, no temáis.» Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.
HOMILIA
Hechos 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de espíritu Salmo 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Juan 6,16-21: Soy yo, no teman

Cuando quisieron hacer rey a Jesús, él se fue sólo al monte. El monte es en la Biblia el lugar de la experiencia de Dios. Por el contrario los discípulos, decepcionados de que Jesús no haya aceptado la propuesta de poder que le ofrecía la gente (tal vez instigada por los propios discípulos), no suben al monte con Jesús sino que “bajan al lago y suben a una barca y se van a Cafarnaún”. No han comprendido el proyecto de igualdad que Jesús tiene. Dejan la tierra extranjera donde estaban (6,1) y regresan al país judío. Son nacionalistas acérrimos y no aceptan ese reino que propone Jesús donde caben todos en igualdad con el pueblo elegido. Cuando están en medio del lago anochece y el mar, símbolo de las fuerzas del mal, se embravece. Jesús no está con ellos y tienen miedo. El miedo es lo contrario a la fe. Fuera del proyecto de Jesús entramos en la oscuridad y hasta la naturaleza se rebela contra la injusticia. Jesús les dice “YO SOY” (Yave). Ellos lo aceptan y al querer subirlo a la barca llegaron a tierra. Apenas perdemos el miedo y aceptamos a Jesús, nuestra barca llega a su puerto.

La primera comunidad de los discípulos la empezamos a ver como una comunidad que procede de dos pueblos. Hoy se nos dice que además de judíos hay griegos dentro de la comunidad. Y siempre los problemas serán de integración y relación. Y esto va a obligar a la comunidad a tomar nuevas decisiones. Y eso es la enseñanza que nos da el evangelio de hoy. Cuando llega Jesús la barca llega a su puerto, donde todos tiene el mismo Espíritu. Y eso es lo que nos muestra la primera lectura de hoy.. Hay desconcierto entre los discípulos de la nueva comunidad, murmuraciones, descontento, y los apóstoles se lo toman en serio y lo resuelven. Hay, en primer lugar un “problema económico”, posiblemente con las mujeres de los hombres de la diáspora, que han venido a pasar los últimos días de su vida a Jerusalén, que han quedado ahora sin apoyo familiar. Se trata de una necesidad real, y tiene que ser enfrentado con sano realismo. Perp debía haber también un “problema cultural”: los heeistas hablan griego, leen la Biblia en la traducción griega de los Setentas, (hecha en Egipto dos siglos antes) y tienen una sensibilidad diferente. Y es necesario disponer de una estructura completa para ellos, dotada de una asistencia material y espiritual para ellos.

El pasaje tiene en cuenta estos dos aspectos: “los siete”, en realidad son destinados tanto al servicio de la Palabra como a las mesas. Aparecen como una organización eclesiástica “sectorial” para aquellos que tienen un idioma y una cultura económica diferentes de los judeocristianos de Palestina.
Ayer vimos el milagro de la multiplicación de los panes, que tiene como fin revelar a Jesús como el Mesías y profeta escatológico (del fin de los tiempos), ahora el signo de Jesús caminando sobre las aguas, que es sólo para los discípulos, tiene como finalidad hacerles com-prender la divinidad de Jesús, prevenirles ante el escándalo de la muchedumbre e impedirles que abandonen a Jesús.
Los discípulos están en la barca, ya es de noche. Han remado fatigosamente luchando contra las dificultades del momento, cuando ven a Jesús caminando sobre el lago, y le entra mucho miedo (19). El enfrentar al Maestro constituye para ellos un examen de conciencia en el misterio del hombre Jesús. Con la palabra “Yo soy. No tengáis miedo” (20) Jesús los tranquiliza y se hace conocer revelándose como el Señor en quien recide la presencia poderosa y salvífica de Dios; es decir, se auto revela a sus discípulos no sólo como Mesías que sacia su hambre, sino com persona divina que, una vez más, va a su encuentro con amor. A continuación, en el momento en el que los discípulos acogen a Jesús y aceptan reconocer su identidad en un ámbito superior, llegan de inmediato a loa orilla a la que se dirigían (21). Jesús es el lugar de la presencia de Dios entre los hombres. Bajo el rostro humano de Jesús se ocultan su misterio y su identidad. Quien sabe leer en la persona del Nazareno la manifestación misma de un Dios que ama, se convierten en su discípulo y permanece unido al profeta de Galilea, a pesar del halo inaccesible que envuelve a su persona.
ORACION

¡Cuántos problemas surgen, Señor, cada día! ¡Cuántas tensiones! ¡Y que difícil solucionarlas.” A menudo cuando me siento víctima, tengo la tentación de agredir y atacar a quien posee la autoridad, mientras que cuando soy yo quien cargo con ella, siento la tentación de consi-derar a los que critican como eternos insatisfechos, como gente imposible de contentar, como gente sedienta de dinero y poder.
Señor, veo que la fraternidad está construida a base de todo y de todos: desde la crítica a la escucha, por la inteligencia y por el deseo de que todo se resuelva con espíritu fraterno. Muéstrame, Pastor eterno, los caminos cotidianos y concretos de la construcción paciente y sabia de la vida fraterna, con los materiales de nuestros límites, de neustras exigencias, de nuestro amor.

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