Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 22 de abril de 2010

TIEMPO DE PASCUA. ABRIL 22, 2010

PALABRA DE VIDA
Hechos de los apóstoles 8, 26-40

Siguió su viaje lleno de alegría
En aquellos días, el ángel del Señor le dijo a Felipe: - «Ponte en camino hacia el Sur, por la carretera de Jerusalén a Gaza, que cruza el desierto.» Se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candases, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido en peregrinación a Jerusalén. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo el profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe: - «Acércate y pégate a la carroza.» Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: - «¿Entiendes lo que estás leyendo?» Contestó: - «-Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?» Invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste-' «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de los vivos.» El eunuco le preguntó a Felipe: - «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?» Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús. En el viaje llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: - «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?» Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su viaje lleno de alegría. Felipe fue a parar a Azoto y fue evangelizando los poblados hasta que llegó a Cesárea. .
Salmo 65, 8-9. 16-17. 20
Aclamad al Señor, tierra entera.
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, haced resonar sus alabanzas, porque él nos ha devuelto la vida y no dejó que tropezaran nuestros pies.
Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo: a él gritó mi boca y lo ensalzó mi lengua.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor.
Juan 6,44-51

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: - «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
HOMILIA

Hechos 8,26-40:: Siguió su viaje lleno de alegría Salmo 65: Aclamen al Señor, tierra entera. Juan 6,44-51: Atraídos por el Padre

Todo este último tiempo, y estamos en el tiempo de Pascua, lo hemos centrado en Jesús que resucitado ha ascendido y vive con el Padre, nos ha hecho vivir en el Espíritu Santo, cuya venida celebramos en Pentecostés, el 23 de mayo. Todo este tiempo vivimos en la acción del Espíritu Santo, él nos preparará para la venida definitiva de Jesús, cuando el Reino de Jesús vuelva de nuevo a las manos de Jesús. Para nuestra sorpresa el texto ha sido cortado en pedacitos, tal vez para que nos fijemos bien en cada versículo, por eso los de hoy están centrados en el Padre de Jesús, al que llamamos cariñosamente “Papá, papito”. ¿Por qué? Cómo quería Jesús que conociéramos al Padre, o que supiéramos que al seguirlo a él (Jesús) estamos siendo atraídos por el Padre. Y profetas, hombres y mujeres trasformaos en apóstoles, mensajeros, testigos, anunciáramos, como lo hicieron los de antiguo “que todos serán discípulos de Dios”. Es cir, todos escucharán su voz y aprenderán y le harán caso. El gran mensaje de Dios hoy es “ser testigos” y harán que la humanidad le oigan y aprenderán a hacerlo caso. A veces tenemos que preguntarnos ¿qué nos estará pasando que por más que lo escuchamos no aprendemos nada? Teólogos modernos nos dicen “que a Dios hay que creerlo y practicarlo”. Tal vez por eso nuestras celebraciones religiosas no nos alimentan para la vida del Reino. Como decía aquel teólogo, escuchamos y decimos creer pero “no practicamos a Dios”. Somos como el hijo de aquella parábola que dijo “ya voy pero nunca fue.” Tenemos que pedirle a Dios que nos haga volver a él atraídos por el Padre como las pequeñas partículas de hierro son atraídas por un poderoso imán, el imán de su amor por la fascinación que brotan de su amor sin medida. Lo mismo que el pasó a Jesús.

Aprovechemos las palabras de Jesús hoy y dejémonos conducir por ellas como hizo el etíope encontrado en el desierto por Felipe. Aquí Lucas continúa prosige su esmerada presentación de la difusión del evangelio a grupos cadaía más alejados del judaísmo. Después de los samaritanos nos encontramos con un representante de la diáspora (judíos que viven lejos de la Tierra Prometida. Tal vez éste no era un judío desde el puntoi de vista de la étnica, y que sin embargo formaba parte de la comunidad judía “había ido a Jerusalén y formaba parte de la comunidad judía en calidad de “prosélito”. Se trata de un etíoper: por consiguiente viene de lejos y llevará luego el Evangelio. Es un eunuco, alguien que para el Deuteronomia, no puede ser admitido en la comunidad del Señor, aunque para Isaías ya no será excluido. Es un personaje influyente y rico, puesto que dispone de medios para realizar un largo viaje y consta con una costoso rollo manuscrito de la Biblia.

A este personaje le envía Dios a Felipe a través de un ángel, y por medio del Espíritu le guía hasta la obra que debe llevar a cabo. La ocasión se la brinda la Escritura, mientras que la mediación es apostólica (Felipe). A partir de la profecía de Isaías sobre el siervo de Yahvé lleva a cabo Felipe su misión salvífica de predicador del evangelio.

El eunuco plantea con claridad la gran pregunta de siempre desde los orígenes: “Te ruego que me digas de quien dice esto el profeta, ¿de sí mismo o de algún otro?” Por medio de la Iglesia (Felipe) y con la gracia de dios es posible disipar la duda de quien, de quien pensativa aunque sinceramente, va buscando la verdad. Al don de la fe le sigue el bautismo, y de ambos brota la salvación.

En el evangelio nos encontramos con otro enfrentamiento entre la multitud y Jesús sobre sus revelaciones sobre su origen divino. Ya ha dicho Jesús sobre esto, “Yo soy el pan de vida” (35) y “Yo he bajado del cielo” (38) lo que ha provocado la protesta entre la multitud, que murmura y se vuelve hostil. Resulta difícil reconocer el origen humano de Cristo y reconocerlo como Dios (42). Pero Jesús evita con ellos una inútil discusión y les ayuda a reflexionar sobre la dureza de su corazón, hablando de condiciones necesarias para creer en él.

La “primera” es el hecho de ser atraídos por Dios (44), don y manifestación del amor de Dios por la humanidad.
Nadie puede ir a Jesús si no es atrído por el Padre. La “segunda” condición es la docilidad a Dios (45ª). Los hombres deben darse cuenta de la acción salvífica de Dios respecto del mundo. La “tercera” condición es escuchar al Padre (45b). De la enseñanza interior del Padre y de la vida de Jesús es de donde brota la fe obediente del creyente en la Palabra del Padre y del Hijo.
Escuchar a Jesús significa ser enseñado por el Padre mismo. Con la venida de Jesús queda abierta la salvación a todo el mundo; ahora bien, la condición esencial que se requiere es dejarse atraer por él escuchando con docilidad la Palabra de vida. Aquí es donde el evangelista precisa la relación entre la fe y la vida eterna, principios que resume toda regla para acceder a Jesús. Sólo el hombre que vive en comunión con Jesús se realiza y abre a uan vida duradera y feliz. Sólo “quien come de Jesús-pan no muere.” Jesús, pan de vida, dará la inmortalidad a quien se alimenta de él, a quien en la fe, interioriza su Palabra y asimila su vida.

En el ralato de los Hechos que hemos leído nos encontramos muy lejos de una acción humana planificada. Es Dios quien tiene su plan, un plan que nosotros hemos de secundar. Felipe recibe orden de ir por una camino que cruza por el desierto, a pleno sol, precisamente hacia el sur. Pero es aquí donde Dios ha predispuesto un encuentro importante. De él ha hecho partir la tradición la evangelización de África. Lo que parece decisivo aquí es la disponibilidad de Felipe, su impulso evangelizador, que no deja perder ninguna ocasión; su capacidad para interpretar la Escritura. Con otras palabras: su convencida entrega a la causa del Evangelio y a “su preparación”. El resto lo ha hecho el Espíritu, que hizo posible el encuentro y favoreció el acercamiento misionero..

En cualquier lugar, incluso en el más improbable, es posible encontrar una pregunta, a veces rechazada, y en alguna ocasión acogidda como liberadora.

ORACION

Te pido, Señor, tener una confianza en el Evangelio. Puedo ser rechazado pero es necesario “respetar”, los tiempos de maduración y las opciones de los otros, no debemos ser “fanáticos”, no debemos “forzar” las cosas y los tiempos pero el hecho cierto es que cada vez hablo menos de ti.
Es posible que tú, Señor, me hayas llevado desde la excesiva seguridad, a la desconcertante incertidumbre para traerme a ese momento, en el que me siento un humilde servidor de la Palabra, consciente de que no soy quien decide las conversiones, sino de que eres tú el dueño de la mies, y de que yo debería estar, como Felipe, sólo dispuesto a introducir en la comprensión de tus caminos.
Gracias, Señor, por haberme indicado este camino.

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