Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 1 de abril de 2010

SEMANA SANTA 2010, ABRIL PRIMERO, 2010

PALABRA DE VIDA
EXODO 12,1/8,11/14

Yavé dijo a Moisés y a Aarón, en el país de Egipto: 2 «Este mes será para ustedes el comienzo de los meses, el primero de los meses del año.
3 Hablen a la comunidad de Israel y díganle: El día décimo de este mes tome cada uno un cordero por familia, un cordero por casa. 4 Pero, si la familia es demasiado pequeña para consumir el cordero, se pondrá de acuerdo con el vecino más cercano, según el número de personas y conforme a lo que cada cual pueda comer.
5 Ustedes escogerán un corderito sin defecto, macho, nacido en el año. En lugar de un cordero podrán tomar también un cabrito.
6 Ustedes lo reservarán hasta el día catorce de este mes. Entonces toda la comunidad de Israel lo sacrificará al anochecer. 7 En cada casa en que lo coman ustedes tomarán de su sangre para untar los postes y la parte superior de la puerta.
8 Esa misma noche comerán la carne asada al fuego; la comerán con panes sin levadura y con verduras amargas.
11 Y comerán así: ceñidos con el cinturón, las sandalias en los pies y el bastón en la mano. Ustedes no se demorarán en comerlo: es una pascua en honor de Yavé.
12 Durante esa noche, yo recorreré el país de Egipto y daré muerte a todos los primogénitos de Egipto, tanto de los egipcios como de sus animales; y demostraré a todos los dioses de Egipto quién soy yo, Yavé. 13 En las casas donde están ustedes la sangre tendrá valor de señal: al ver esta sangre, yo pasaré de largo, y la plaga no los alcanzará mientras golpeo a Egipto.
14 Ustedes harán recuerdo de este día año tras año, y lo celebrarán con una fiesta en honor a Yavé. Este rito es para siempre: los descendientes de ustedes no dejarán de celebrar este día.

SALMO 116,12-13,15-16,17-18

Tiene un precio a los ojos del Señor
15 la muerte de sus fieles:
16 «¡Mira, Señor, que soy tu servidor,
16 tu servidor y el hijo de tu esclava:
16 tú has roto mis cadenas!»
17 Te ofreceré el sacrificio de acción de gracias
17 e invocaré el nombre del Señor.
18 Cumpliré mis promesas al Señor
18 en presencia de todo su pueblo.

1 CORINTIOS 11,23-26

Yo he recibido del Señor lo que a mi vez les he transmitido. El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan 24 y, después de dar gracias, lo partió diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía.»
25 De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía.»
26 Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga.

JUAN 13,1-15

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre, co mo había amado a los suyos que que daban en el mundo, los amó hasta el extremo.
2 Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle.
3 Jesús, por su parte, sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de Dios y que a Dios volvía. 4 En tonces se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura.
5 Echó agua en un re cipiente y se puso a lavar los pies de los discípulos, y luego se los secaba con la toalla que se había atado.
6 Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?» 7 Jesús le contestó: «Tú no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo com prenderás más tarde.»
8 Pedro replicó: «Jamás me lavarás los pies.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no podrás tener parte conmigo.» 9 Entonces Pedro le dijo: «Señor, lávame no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
10 Jesús le dijo: «El que se ha bañado está completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos.» 11 Jesús sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos ustedes están limpios.»
12 Cuando terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? 13 Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy.
14 Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.
15 Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo.
HOMILIA

ExODO 12,1-8.11-14; Salmo 116; 1 Corintios 11,23-26; Juan 13,1-15
¿A qué se refiere el ‘esto’? Ciertamente a repetir haciendo memoria de la cena que este Jueves Santo Jesús compartió con sus discípulos. Cena que fue anticipación del sacrificio en la cruz, por lo que este pan y este vino son su cuerpo y su sangre que se nos dan como alimento de gracia y redención. Perder de vista el que Cristo se nos ofreció en sacrificio, de que su entrega y muerte fueron sacrificiales significa no entender nada de lo que fue su vida ni su muerte. Deberíamos saltarnos los escritos de san Pablo y todos los paulinos. Deberíamos borrar con piedra pómez la carta a los Hebreos. Deberíamos olvidar que por su muerte en cruz Dios Padre, en su misericordia, nos ha redimido del pecado y de la muerte. De que murió por nosotros. Mas el ‘esto’ tiene también otra vertiente de referencia, que hagamos lo que él hace, lo que él hizo en la última cena: lavar los pies de sus discípulos. ¿Entendemos esto? Pedro, como siempre, se entromete. Señor, ¿lavarme tú los pies a mí? No me los lavarás jamás. Si no te lavo nada tienes que ver conmigo. Porque el gesto de este sacrificio es el lavatorio de los pies. ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Nosotros tenemos que hacer el ‘esto’ que él hace con nosotros. No son cosas disyuntas, sino dos vertientes de un mismo ser. Ayuntadas en un solo acto. Redimidos del pecado y de la muerte por su sacrificio en la cruz, quedamos sueltos para, como él, lavar los pies a todos los que necesitan de nosotros, los caminantes, los pobres, los necesitados, los enfermos, los murientes, los pecadores.
Porque nosotros, desde hoy, pues celebramos el sacrificio litúrgico de lo que mañana acontecerá en la cruz, somos ahora las manos del Señor. Porque cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, proclamamos para los demás la muerte del Señor hasta que el vuelva al final de los tiempos. Este es el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la alianza eterna, como nos ha dicho la oración colecta. No, lo que acá comemos y bebemos no es para nuestro pingüe engorde como si fuéramos terneros cebados, sino para regalarlo a los demás haciéndonos nosotros embajadores del sacrifico de la cruz. ¿Y cómo lo haremos? Cuando tras la celebración del misterio de la cruz, lavemos los pies y las manos y la boca y las heridas y el hambre y el sufrimiento, con los gestos de gracia y de misericordia que el Señor pone en nuestras manos.
Un lavamiento del que hayamos quitado el haced memoria de esto, es decir, de la muerte salvadora en la cruz, no es suficiente. Es querer dejar ls cosas en nuestras manos, como si fuéramos nosotros también diosecillos. Como si cupiera en nuestras manos la redención. No, así, nuestra redención no terminaría siendo sino llamada a la esclavitud, de manera que seamos nosotros los amos. En ningún caso redención del pecado y de la muerte. Esto sólo Dios Padre nos lo concede, y lo hace a través de la carne crucificada de su Hijo. Quien nació del vientre de María, ahora muere en la cruz y, según la tradición más piadosa, es recogido de nuevo en su regazo antes de ponerlo en la tumba. Misterio de la carne. Misterio de su carne.
Es decisivo comprender lo que es la sacramentalidad de la carne. Sacramento del pan y del vino.
ORACION
Escucha nuestras súplicas, Señor, y mira con amor a los que han puesto su esperanza en tu misericordia; límpialos de todos sus pecados, para que perseveren en una vida santa y lleguemos de este modo a heredar tus promesas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

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