Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-42En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:-«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.»
1Reyes 21, 1-16: Nabot ha muerto apedreado Salmo 5: Atiende a mis gemidos, Señor Mateo 5, 38-42: Ofrécele también la otra.
Jesús especifica a sus discípulos y a nosotros el sentido de la Ley. Tenemos que recordar el sentido de la ley del talión en el Antiguo Testa-mento. Esta ley en el Antiguo Testamento establecía como equiparar el castigo con la ofensa o daño recibido. Por eso Jesús perfecciona la ley, la verdadera justicia no consiste en castigar al que hace el mal sino más bien en corregir, educar y perdonar.
Tampoco se trata de dejar que la maldad siga actuando en el mundo sino que tiene como medio mejorar los medios y actitudes, para que el que se encuentra en el error, comprenda, cambie y enmiende su vida. La intención de Jesús es hacer un mundo nuevo, un ser humano nuevo y una ley que tienda a perfeccionar todas las demás leyes: la ley del amor, que perfecciona todas las demás, que no esclaviza al ser humanó La semilla divina que habita en cada ser humano hace posible seguir los pasos de Jesús, que nunca fueran tibieza y servilismo, sino acción concreta de Jesús a favor de favor de los más débiles y de quienes de quienes necesitan sentirse amados por Dios para cambiar, esa fuerza poderosa que habita oculta y misteriosa en el ser humano y esto no se compra ni se vende, sólo se pueda ocultar en el ser humano porque sólo se puede regalar y recibir.
Con esto empieza la primera lectura donde Elías pone en tela de juicio a los reyes de Israel. Lo sabemos, el rey Acab no sólo confía en los manejos políticos que en la protección divina (capítulo 20). Este rey se mana con su mujer Jezabel, ávida de extender las posesiones reales. El hurto y el homici dio cometido por Abad en contra de Nabot el pobre campesino indica la degradación moral de la monarquía, que proclama el ayuno y la con-vocación de la comunidad. La lapidación de Nabot (Exodo 22,27, Lucas 24,16) a tada por dos testigos (Números 35,30; Deuteronomio 17,6) que aquí resultan falsos.
En el fondo la ley del Talión se basa en el principio de retribución y en la exigencia de reparación. Es lo que dice Génesis 4,23ss. Al abolir esta reciprocidad Jesús, corta de raíz el pecado. Por eso nos enseña Jesús a ser tolerantes, a no oponernos con espíritu de venganza e intolerancia a quien nos pone en una situación de prueba, sabiendo que de ese modo se corta la espiral de violencia y la prepotencia.
En momentos como estos podemos decir, Señor, es muy natural sentir el deseo de devolver el golpe que recibimos. Y es más humano aún, querer dar un ‘buen escarmiento’ a quien nos la ha jugado. Y es muy propio del ser humano actual, ser prevenidos y adelantarse incluso a ‘pegar’ primero a quien, “por las dudas”, nos la quiera jugar. Señor Jesús, hoy nos hablas de la ley de Talión. Y no me dirás que no es una ley justa, donde las haya. Responder al mal con la misma medida de mal, dando acuse de recibo a quien nos haya causado daño: “Ojo por ojo y diente por diente”.Hace unos días sentí que ponían la mano sobre mi mochila, en la calle. Y mi reacción instintiva fue alzar la mano y ponerla en forma de cuchillo. Iba a darle un golpe seco al ladrón/a que quería hurgar en mi bolso. Pero, al girarme, con temor y rabia, descubrí, para mi sorpresa, que era una gran persona y una buena amiga la que me estaba gastando una broma. Desde entonces, me he preguntado un montón de veces: “¿Y si le hubiese pegado? ¿Y si le causo un daño grave? ¿Tendría justificación mi reacción, aunque realmente hubiese sido un/a ladrón/a el que o la que tanteaba mi mochila?Ciertamente, es humano. Incluso, muchos me dirían que está justificado. Pero ninguna de esas voces habría respondido a mi pregunta. Porque mis oídos reconocen tu Voz. Y el mensaje que de verdad quiero escuchar es el que sale de tu boca. Mi Señor Jesús, comprendo tu mensaje evangélico. El mal no se destruye con otra porción equilibrada de mal, sino con una dosis exagerada de bien. Este bien es perdón para quien da el primer golpe. Es don para el que intenta arrebatar mi propiedad. Es compañía para quien hace de su presencia una obligación, porque está solo/a y es encuentro y respuesta a quien llama a mi puerta.
Repite con frecuencia y vive oyla Palabra: “No vuelvas la espalda al que te necesita.” (Mateo 5,42)
Qué dificil me resulta, Señor, saber perder en la vida. Me pides que me mida con la cruz. Hazme comprender, Señor, que “encuentra lo mejor de sí mismo quien decide perder.

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