Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 18 de junio de 2010

TIEMPO ORDINARIO JUNIO !8, 2010

PALABRA DE VIDA

Lectura del segundo libro de los Reyes (11,1-4.9-18.20):
En aquellos días, cuando Atalía, madre del rey Ocozías, vio que su hijo había muerto, empezó a exterminar a toda la familia real. Pero cuando los hijos del rey estaban siendo asesinados, Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, raptó a Joás, hijo de Ocozías, y lo escondió con su nodriza en el dormitorio; así, se lo ocultó a Atalía y lo libró de la muerte. El niño estuvo escondido con ella en el templo durante seis años, mientras en el país reinaba Atalía. El año séptimo, Yehoyadá mandó a buscar a los centuriones de los Carios y de la escolta; los llamó a su presencia, en el templo, se juramentó con ellos y les presentó al hijo del rey. Los centuriones hicieron lo que les mandó el sacerdote Yehoyadá; cada uno reunió a sus hombres, los que estaban de servicio el sábado y los que estaban libres, y se presentaron al sacerdote Yehoyadá. El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo. Los de la escolta empuñaron las armas y se colocaron entre el altar y el templo, desde el ángulo sur hasta el ángulo norte del templo, para proteger al rey. Entonces Yehoyadá sacó al hijo del rey, le colocó la diadema y las insignias, lo ungió rey, y todos aplaudieron, aclamando: «¡Viva el rey!» Atalía oyó el clamor de la tropa y se fue hacia la gente, al templo. Pero, cuando vio al rey en pie sobre el estrado, como es costumbre, ya los oficiales y la banda cerca del rey, toda la población en fiesta y las trompetas tocando, se rasgó las vestiduras y gritó: «¡Traición, traición!» El sacerdote Yehoyadá ordenó a los centuriones que mandaban las fuerzas: «Sacadla del atrio. Al que la siga, lo matáis.» Pues no quería que la matasen en el templo. La fueron empujando con las manos y, cuando llegaba a palacio por la puerta de las caballerizas, allí la mataron. Yehoyadá selló el pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, para que éste fuera el pueblo del Señor. Toda la población se dirigió luego al templo de Baal; lo destruyeron, derribaron sus altares, trituraron las imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo degollaron ante el altar. El sacerdote Yehoyadá puso guardias en el templo. Toda la población hizo fiesta, y la ciudad quedó tranquila. A Atalía la habían matado en el palacio.

Salmo 131,11.12.13-14.17-18
El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ellaEl Señor ha jurado a David una promesa que no retractará: «Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono.» Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella: «Ésta es mi mansión por siempre, aquí viviré porque la deseo.» «Haré germinar el vigor de David, enciendo una lámpara para mi Ungido. A sus enemigos los vestiré de ignominia, sobre él brillará mi diadema.»

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,19-23):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!»
2 Reyes 11, 1-4. 9-18. 20: Ungió a Joás, y todos aclamaron: ¡Viva el rey! Salmo 131: El Señor ha elegido a Sión, / ha deseado vivir en ella. Mateo 6, 19-23: Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón
Las enseñanzas de Jesús comienzan a cumplirse. Mateo nos presenta una nueva visión del uso de las riquezas, es decir, no acumular, no tener más de lo que en realidad necesitamos, esto es lo que define la riqueza en el corazón de los discípulos al seguir la enseñanza del Maestro. No quiere decir vivir miserablemente, pues Dios no quiere eso para nosotros, pues tenemos un nuevo plan, Dios no9 quiere eso para nosotros. Al contrario tenemos derecho a vivir dignamente y con todas las comodidades que nos ofrece nuestro tiempo. Las críticas de Jesús van dirigidas contra aquellos que además de tener de sobra, acumulan, esconden, guardan; aquellos que viven en la obscuridad, pues no tienen la capacidad de darse cuenta que existen muchas personas que apenas pueden vivir con lo que tiene; esos son los que tienen el ojo enfermo, que están llenos de obscuridad pues son incapaces de darse cuenta que existen muchas personas que apenas pueden sobrevivir con lo poco que poseen. Sin embargo aquel que tiene el ojo sano, no atesora dinero ni bienes, pues tener mucho o poco materialmente hablando, pero sin embargo siempre está a tiempo para quien lo necesite, dispuesto a ayudar y compartir con otros

Este si tiene luz, porque puede ver al prójimo e iluminarlo, su verdadero tesoro está escondido en los rincones de su corazón, porque su verdadero tesoro no está en Poseer sino en SER.
Cuando nos hablas de oscuridad, Señor, casi siempre lo confundo con un color: el negro. Y me cuesta caer en la cuenta de que si viese todo blanco, o todo rojo o todo azul, también podría vivir una tremenda oscuridad.En mi día a día, ¡cómo busco afanosamente las necesidades que tengo! Se me abren los ojos como platos cuando veo comida y tengo un hambre de diez horas. Y no digamos, Señor, cómo me pongo, cuando en el verano tengo una sed a rabiar y veo que los demás beben de su botellín un agua fresquita.En otros ámbitos más tristes y peligros, el ojo del drogadicto no ve la hora de la aguja de la droga. Su única pantalla válida es la del éxtasis que le produce una sustancia alucinógena. Y el jugador de sentarse ante una maquina de juegos.... Los hombres y las mujeres sexualmente muy activos, va viendo en el escaparate de las calles y los cafés, buscando a otros hombres y mujeres, como si de ganado se tratase. Muchas mujeres se extasian ante las ofertas de los centro comerciales, para vestirnos bien y disimular las arrugas de nuestro cuerpo. No sea que quienes nos miren, a su vez, nos rechacen por razón de nuestro aspecto degradado. En general, a los hombres les gusta estar con mujeres jóvenes y atractivas. Eso muestra a los demás que aún no están viejos. Los y las adolescentes buscan y se ven reflejados a través de los ojos de otros jóvenes y adolescentes como ellos. Sin darse cuenta, pierden de vista la familia. Sus ídolos están en otra onda y son estos desconocidos quienes les marcan las pautas para estar a la última.Ando yo, y andamos muchos, descentrados, “revolcados en un merengue”, como canta el tango de Discépolo, a tientas, en la oscuridad de nuestra gran pantalla engañadora, sin ver que el verdadero Tesoro está al alcance de nuestra mano. La sociedad ha aprendido a vivir para “verse” a sí misma y los demás que “se aguanten”, si no han estado ‘espabilados’.Jesús, si con tu Espíritu retiro la pantalla que me impide ver más allá de mis fronteras temporales, descubro enseguida que uno de los grandes tesoros que me has regalado es la Amistad. Reflejo de lo que Tú mismo eres, de lo que es la Trinidad de Amor. ¡Los amigos unidos, jamás serán vencidos! Otra gran riqueza es la salud, la del cuerpo y, sobre todo, la de la mente. Con todo, hay una salud que no tiene precio. No hay hospital en la tierra que arregle los desaguisados de la “Salud” que nos configura por dentro. Esta Salud nos fue dada en tu Encarnación, y en tu Sangre derramada en la Cruz. Otro gran tesoro son los pobres verdaderos, que desde su pobreza nos enriquecen y que en su pobreza se dejan enriquecer por los demás…Todo se acabará, la comida, el agua, la droga, la juventud, la belleza física, el poderío, la soñadora y preciosa adolescencia. A la hora de la verdad, descubriremos nuestro gran vestido de fiesta. Lo “verán” todos cuando estemos en tu Gloria. Un traje cuajado de perlas de servicio sincero y generoso; unas sandalias ligeras que fueron al encuentro del necesitado y anunciaron tu Reino, una diadema en nuestra cabeza que manifiesta la realeza divina de la ya somos partícipes y una vida radiante de felicidad porque no fuimos tibios, sino ardorosos discípulos tuyos, mi Señor Jesús.Que nuestros ojos lo vean. María nos lleva de la mano, sobre todo, si reconocemos que estamos ciegos. Es lo que habla la Biblia hoy la renovación de la alianza a la muerte de Atalía, que quiso destruir la tradición yavhista a la instalación del tempo a la muerte de esta que era de la familia de Jezabel.

El evangelio nos habla de la lámpara el símbolo del ojo interior o espiritual que vive de la luz de la fe que esclarece la mente y suscita el impuso del amor en la voluntad. Por eso vemos allí la contraposición entre los “ijos de la luz y los hijos de las tinieblas. Quien tiene los ojos enfermos ve muchas luces de manera confusa; el ojo sencillo y puro ve las cosas nítidas y puras. Lo que afirma el evangelio y que se nos repite e invita a vivir de la Palabra “Donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.” (Mateo 6,21).

ORACION

Señor, dame un corazón sencillo que sepa descubrir el verdadero bien y no se deje sugestionar por los bienes aparentes, ilusorios y pasajeros.

Dame, Señor, un corazón unificado que no alimente odios, que no vaya en busca del mal, que no esté sometido a la sensualidad y al capricho. Hazme comprender que sólo tú eres el tesoro de mi corazón. Concédeme esta experiencia viva cuando te reciba en la eucaristía.

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