Queridos hermanos: Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables. Considerad que la paciencia de Dios es nuestra salvación. Así, pues, queridos hermanos, vosotros estáis prevenidos; estad en guardia para que no os arrastre el error de esos hombres sin principios, y perdáis pie. Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a quien sea la gloria ahora y hasta el día eterno. Amén.
Salmo 89, 2. 3-4. 10. 14 y 16
Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna.
Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, l a mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan
Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Que tus siervos vean tu acción, y sus hijos tu gloria.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 13-17
En aquel tiempo, enviaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: -«Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de na-die; porque no te fijas en lo que la gente sea, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pa-gamos o no pagamos?» Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: -« ¿Porqué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea.» Se lo trajeron. Y él les preguntó: -«¿De quién es esta cara y esta inscripción?» Le contestaron: -«Del César.» Les replicó: -«Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios.» Se quedaron admirados.
2Pe 3,12-15a.17-18: Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Marcos 12, 13-17: Lo que es de Dios a Dios
Nuestra historia es la historia de Jesús. Nosotros como Jesús todos loos días somos tentados y tenemos ue responder a proyecto que el tiene de nosotros, que seamos testigos de su presencia en medio de nosotros y en el mundo, escenario de nuestros testimonio de él. Nos encontramos con Jesús a quien los fariseos y los herodianos tientan a Jesús y le tienden una trampa. Y Jesús aprovecha la oportunidad para darles una lección. Le sdice que no debemos tentar y debemos vivir un mismo estándar de vida. Por eso les afirma: “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.” Lo que les está diciendo es que se mantenga fieles a Dios, y eso no sólo en el templo o momentos de oración, sino siempre, en todos los momentos de neustra vida. Las autoridades civiles merecen el respeto y cooperación, siempre y cuando es esto no significa transgredir nuestra adhesión a Dios. Tampoco es lícito que por una olvidemos nuestras responsabilidades civiles. Debemos respetar tanto a Dios como a las autoridades, mientras éstos no intenten tomar el lugar de Dios. El Cde´sar se consideraba a sí mismo Hijo de Dios y exigía de sus súbditos reverencia y dedicación, lo que se debe a la divinidad. Y de esa manera la autoridad toma el lugar de Dios. Por eso debemos tener cuentas de actitudes similares que se dan en n nuestros días. Y esto nos presenta la constante tensión entre los va,ores del Reino de Dios y los valores de las estructuras del mundo. Jesús en realidad sólo deja las cosas en claro.
Hoy entramos en la Segunda Carta de Pedro que refeleja una situación crítica por la que pasa la Iglesia en los primeros decenios del siglo II, tensa por una lado porque exige a los cristianos entre la profundización en el mensaje cristiano que propagan falsos maestros con sus falsas doctrinas. Ese será y es el caminar de la Iglesia en el mundo en que vivimos. Y la Carta de Pedro subraya, sobre todo, que es la comunidad la que habla a los creyentes en Cristo “a cuantos por la fuerza salvadora de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han obtenido una fe de tanto valor como la nuestra.” (1), y, por consiguiente también la gracia y la paz junto “con las valiosas y sublimes promesas”. (4) El cristiano es alguien que toma conciencia del don recibido con una inteligencia agradecida o un “conocimiento” y este pensamiento aparece tres veces en este texto, puesto que se siente amado por Dios con un amor de predilección y decide ser coherente con la gracia que actúa en él, una gracia más fuerte “que la corrupción que las pasiones han introducido en el mundo (4).
El pasaje presenta también las etapas intermedias y finales de este recorrido que conduce de la fe a la “vida honrada”, como actitud constante que proporciona ánimo en las dificultades: desde la vida honrada hasta “el conocimiento” hacia el esplendor de la verdad: del conocimiento “al dominio de sí mismo”” fruto de la participación en la vida del Resucitado: hacia la vida de la “paciencia”, que no es simple resignación, sino fuerza en las pruebas y resistencia a las oposiciones externas, que une el aor a Dios y el aprecio fraterno, que es fruto del aprecio a la “caridad”, al ágape, al amor pleno e ilyminado, síntesis y punto de llegada de todo camino creyente.
El evangelio nos presenta una parábola, que nos debe llevar al famoso canto de la viña que encontramos en Isaías, capítulo 5 y también al hecho histórico que se basa en el rechazo de la salvación por parte de Israel, que mata al profeta que nos muestra la parábola, al dueño-constructor que es Dios, y donde vemos que la viña y la torre simboliza a Israel: los trabadores representan a los jefes judíos a los que se les quitará la viña: los siervos son los numerosos profetas y hombres de Dios enviados a lo largo de la historia del pueblo elegido; el hijo muerto, rechazado y convertido después en piedra angular, es Jesús.
La parábola une los dos extremos: “el amor de Dios, Padre”, que llega a enviar a su Hijo, y el “rechazo de los jefes de Israel”, que llegan a matar-lo. Su finalidad no es sólo contar el pasado, sino también la historia futura: la pr´xima, la muerte de Jesús y la que continúa en el tiempo y en las opciones de cada hombre ante aquel a quien el Padre ha constituido, como piedra angular, resucitándolo de la muerte.
En torno a su persona y el misterio de su muerte y resurrección es donde se decide para cada hombre la acogida o rechazo de la salvación. A ello y sin derecho alguno de primogenitura ni de elección preferente, sino jugando hasta el final con nuestra propia libertad y responsabilidad, hasta escoger identificarnos con este nuevo misterio. Dios, en su juicio, premiará el valor de esta libertad.
Vivimos porque una Voluntad buena y amorosa nos ha preferido a la no existencia. Benevolencia, junto con la vida, nos ha ha dado la fe. Estamos salvados en la medida en que sepamos reconocer y aceptar cada día de nuestra vida, la propuesta de salvación que nos lleva a través de tantas mediaciones humanas, “todo es gracia” hasta la prueba y el martirio
Es la afirmación de Pedro hoy: “Dios con su poder y mediante el conocimiento de aquel que nos llamó con su propia gloria y potencia, nos ha otorgado todo lo necesario para la vida y la religión.” (2 Pedro 1,31)
. Por eso San Agustín afirma el efecto que realiza en Padre en nosotros: “Nuestro fruto no lo hará a Dios más rico, sino que nos hará a nosotros más felices.”
ORACION
Dios, Padre nuestro, tu amor por nosotros es grande y eterno. Desde que el hombre existe, no haces más que buscarlo, que conozca tu amor por él. Y aun cuando el hombre te dio la espalda, enviaste a tu Hijo, revelación perfecta de tu corazón. Perdóname, Padre, porque quien sabe cuantas veces habrán pasado junto a mí Aquel a quien tú has enviado sin que yo me diera cuenta. Los viñadores de la parábola mataron al hijo del dueño; quizás yo he hecho aún peor, porque no les he prestado ninguna atención, porque le he considerado insignificante, superflio, o lo he convertido en tal en aquellos en quienes no he sabido reconocer como signo de tu presencia y del amor que no se da por vncido. Ahora comprendo que esta parábola la contaste por mí: haz uqe no sea en contra de mí.
Abre los ojos de mi corazón y de mi mente. Acaba con mi presunción y, oblígame a no dejar que te vayas, como hicieron después por miedo, los jefes de los judíos, y ano dejarte pasar en vano por mi vida, sino a ser capaz de reconocerte como el Emanuel, como Aquel que se hacer carne cada día, como la vid fecunda que ha plantado el Padre en mi vida, para que dé fruto en ella, hasta la muerte.

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