Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 24 de junio de 2010

TIEMPO ORDINARIO SAN JUAN BAUTISTA 24 DE JUNIO, 2010

PALABRAS DE VIDA
Lectura del libro de Isaías (49,1-6):
Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.»Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»
Salmo 138,1-3.13-14.15
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamenteSeñor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto,de lejos penetras mis pensamiento distingues mi camino y mi descanso,todas mis sendas te son familiares. Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno.Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma. No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,22-26):
En aquellos días, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: "Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos." Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: "Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias." Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66.80):A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.» Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados.Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.
HOMILIA

Isaísas 49,1-6: Te hago luz de las naciones Salmo:138: Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente. Hechos 13,22-26: Antes de que llegara Cristo, Juan predicó Lucas 1,57-66.80: Juan es su nombre
Hoy estamos celebrando la fiesta de San Juan Bautista, nos encontramos con Zacarías su padre, aquel que ha quedado mudo por no haberse confiado en la acción del Señor, pero, el evangelio de hoy dice algo muy claro “que “el niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.” Y nos presenta el desierto un lugar de soledad, reflexión y encuentro entre Dios y cada uno de nosotros, y que vuelve nuestra vida y la moldea

Sólo quien se sienta profundamente llamado en su historia de vida siente la fuerza de la misión. En el evangelio, el nacimiento de Juan el Bautista, está envuelto entre la alegría de la familia, la comunidad, y la incógnita de saber que algo especial hay en este niño. La imagen de alegría contrasta al ver la imagen de su padre Zacarías mudo, por no haberse confiado a la acción Dios; el evangelio de hoy termina diciendo que “el niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.” El desierto, es un lugar de soledad, reflexión y de encuentro entre Dos y cada ser humano que decide vivir en este lugar Dios sigue llamando al desierto de nuestras vidas para encontrarnos, creciendo y fortalecernos, para moldear nuestra vida al estilo del Reino que ha inaugurado en su Hijo Jesús. Debemos descubrir cada día en la familia y comunidades, ese desierto que nos invita a encontrarnos con Dios, que al igual que a Juan el Bautista y el profeta Isaías han aprendido a conocer y presentarlos como lugar de la acción de Dios con su pueblo.

Lógico que el Señor nos llama por nuestro nombre pues cada uno de nosotros es único, y especial ser, llamados con nombre propio, por allí en nuestras vidas se manifiesta en cada uno de nosotros la presencia divina.

Pero entremos en las lecturas de hoy, que es la fiesta de San Juan Bautista y por eso es introducida por dos lecturas, un salmo y el evangelio de Jesús. A la amenaza de Asiria, que a su vez se ha acogido a Egipto, para oponerse a la expansión babilónica. Una vez caído Nínive (612) Nabucodonosor se convierte en rey de Babilonia (605), y se apodera del frágil reino de Judá con Jeconías. Reconquista Jerusalén en el año 598 y procede a una primera deportación en la que se ve implicado el profeta Daniel. En lugar de Jeconías un inexperto para las armas, se nombra a Sedecías (598-587). En este tiempo se desarrollo la acción del proeta jeremías (Jeremías 22,13-17).

Los problemas políticos de Judá está relacionado con los dramas de su pueblo con la infidelidad al Señor, bajo Joaquín padre de Jeconías narrados al comienzo del capítulo 24.
Los textos que leemos tanto se dirigen tanto al libro de los Hechos como el texto de evangelio de Lucas. Tenemos que entender algo muy importante, que a veces no entendemos porque separamos el evangelio de Lucas del Libro de los Hechos y en realidad son un mismo libro. Aunque el libro de los Hechos se refiere al desarrollo de la Iglesia desde la resurrección y ascensión de Jesús, también se refiere como leímos hoy a un discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia, que en realidad se refiere a la res-ponsabilidad judía, que al no aceptar a Jesús, Dios tiene provisto otro camino que es en realidad “la misión a los gentiles.” Y a esto va a seguir con otro discurso de Pablo el sábado siguiente en la sinagoga donde Pablo exhorta “a permanecer en la gracia de Dios” y que va a llevar “a la separación entre el evangelio y el judaísmo.”
El evangelio de hoy nace del evangelio de Lucas y es muy breve, Lucas 1,57-66 y 80. Con el nacimiento de Juan se cumple el anuncio hecho a Zacarías. A la alegría de los padres se une la de los vecinos y parientes, y todos dan gracias al Señor por haber concedido un signo tan grande de su benevolencia “misericordia”. Zacarías lo han circuncidar al niño al octavo día, con lo que se volvió plenamente miembro del pueblo de Dios. Por eso se nos invita a repetir con frecuencia y vivir la Palabra, expresado en las palabras de Zacarías: Bendito sea el Señor Dios de Israel.” (Lucas 1,68)
Se nos indica que Zacarías, invadido por el Espíritu Santo, pronuncia una “bendición”, que es en primer lugar un himno de acción de gracias dirigido “al Dios de Israel”, autor de la “historia de la salvación” que va a llegar a su realidad con el nacimiento del Mesías, en las promesas hechas a “nuestros padres”, porque el Señor es fiel a su pacto y a su juramento”.

Se expresan en el canto a la redención mesiánica como liberación “de nuestros enemigos y del poder de todos los que no odian” (71) Y la e que aquí se trata es servir al Señor “con santidad y justicia” (74s). Y que al hombre redimido lo dirige “hacia el camino de la paz” (79)

En la segunda parte del himno, esboza la futura misión de su hijo y esboza su futura misión. Será un día “profeta del Altísimo” como los antiguos profetas pero como “precursor del Mesías”. Isaías dijo de él “irá delante del Señor” (Isaías 1, 17) preparándole el camino, llamará al pueblo a la conversión y señalará a Cristo “aquel que salva de los pecados.” Si visita salvífica se describe poéticamente como la salida del sol, que ilumina a los que viven “en tiniebla y sombras de muerte” (Isaías 9,1).

El relato se cierra (80) con una noticia relacionada con el crecimiento del pequeño Juan. El Espíritu sigue actuando en él. Su misión de desarrollará en el desierto para preparar al Mesías. Su misión se desarrollará también en el desierto.

ORACION

Oh Dios, Padre bueno, tú que te dignaste alo enviar a Juan para preparar el camino de tu Hijo amado, haz que, acogiendo con prontitud y docilidad a tus designios, incluso cuando se nos presenten misteriosos, reconozcamos en ellos tu salvación. Abre nuestros corazones a la gratitud y a la bendición, para que siempre te acuerdes de tu amor y no dejes nunca de visitar desde lo alto a cuanto se encuentren en las tinieblas y en las sombra de muerte, para colmarlos de tu luz y de tu misericordia, en Jesucristo, nuestro Señor.

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