Salmo responsorial: 4,2-5,7-8
Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha, si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?» Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría que si abundara en trigo y en vino.
1Reyes 17, 7-16: La orza de harina no se vació, como lo había dicho el Señor por medio de Elías Salmo 4: Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro. Mateo 5, 13-16: Ustedes son la luz del mundo
Esto que leemos en la Palabra de Dios es la experiencia de todos nosotros. Hoy hablamos mucho de pobreza, pero cuando éramos niños, tal vez éramos pobres, pero pobreza era compartir el corazón con el vecino y nuestras casas estaban abiertas para todos. Esa es la experiencia que el Señor le enseña a Elías. Por eso le envía a Sarepta porque allí será alimentada por una viuda, que sólo vive con su hijo, donde la comida alcanzará para todos, al compartir todos puede ser alimentado. Pero nosotros nos hemos olvidado de Sarepta allí nos envía el Señor hoy. Es cierto, el profeta y la vida se encuentran en medio de una idolatría reinante. Por eso el profeta contrapone la la figura de su Dios contra los otros dioses idólatras.
Y el evangelio es continuación del Sermón del Monte Jesús usa dos imágenes la sal y la luz. ¿Por qué la sal no da sabor? ¿Por qué la luz no ilumina? Los que escuchan sus palabras se transforman en la sal y la luz del mundo. Porque son constructores de un mundo nuevo, una manera nueva de ser y de estar en el mundo. Sabemos que las enseñanzas de Jesús, no son como una vela que se esconde debajo de los muebles o sin el sabor que da la sal. hoy como ayer la Buena Noticia se debe hacer presenta en el testimonio de vida de cada cristiano y en el vivir cotidiano que vivimos en el mundo de hoy y con quienes vivimos hoy.
Nos muestra la primera lectura de hoy como Dios, el dios de Israel, obra también en tierra pagana y guía al profeta a una ciudad costera, donde tendrá asegurado el alimento. Y en esta historia el prodigio se realiza que da autenticidad a su misión. No es por tanto Jezabel y sus falsos dioses, sino una pobre viuda que puede dar testimonio de la intervención de Dios a favor de los que confían en él. Y puesto que se trata de una extranjera, el episodio abre una perspectiva universalista que tomará cuerpo con el Nuevo Testamento: la viuda de Sarepta se concierte en el tipo de los paganos llamados a la mesa del Reino.
El sentido del episodio podemos tomarlo de la cita del mismo por Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4,24-26): el profeta a quien no escuchan los suyos tiene más crédito en tierras paganas. Por otra parte, podemos establecer una comparación entre la viuda de Sarepta y la del evangelio (Marcos 12,41-44; Lucas 21,1-4) para señalar la gran generosidad. Pero no sólo esto: la viuda se contrapone a Jezabel, cuya insaciable avidez condena el autor sagrado (1 Reyes 21,1ss).
El evangelio nos asegura que quien sigue el código de vida encerrado en las bienaventuranzas ser-a sal de la tierra y luz del mundo. El “vosotros” enfático para diferenciar la conducta cristiana de la conducta del fariseo y los paganos, a quienes el sermón del monte hace referencia en más ocasiones. La responsabilidad del cristian0, por otra parte, tiene un valos cósmico, universal, planetario.
La “sal” encierra una pluralidad de significados. Es un condimento insustituible. Posee propiedades conservantes. Se unas en la realización de los sacrificios (Levítico 2,13) y, por consiguiente asumía un carácter “consagratorio”, en caso de que hubiera perdido el poder de salar, era “pisoteada” como un gesto desacralizador. Por último, la sal alude a la sabiduría (Marcos 9,50) y con ella debemos condimentar nuestras palabras (Colosenses 4,6).
Los discípulos son “la luz del mundo” no de modo diferente a Cristo, que es la fuente de la misma (Juan 8,12). “A caso se trae la lámpara que taparla…” suena al pide de la letra el paralelo de Marcos 4,21) Si la lez se pone bajo una vasija de barro, se apaga inevitablemente (eso era lo que se hacía en aquel tiempo para apagar la luz sin que hiciera humo.) El evangelista volverá, a continuación, sobre la imagen de la luz (Mateo 6,22ss)
El hombre “el hombre ha sido creado para realizar obras buenas” (Efesios 2,10), para irradiar la luz que Cristo derrama sobre él (Efesios 5,14). El Señor, es la “la luz que ilumina”, nos transforma en “luz iluminadora”, la luz que se refleja en nosotros, dice San Gregorio Magno. La comunidad de los “iluminados” (Hebreos 6,4; 10,32) viene a constituir un candelabro de oro, imagen de la Iglesia donde Cristo establece su morada (Apocalipsis 1,13). El candelabro de los siete brazos remite, en la tradición judía, a la totalidad del tiempo (la primera semana del Génesis) y a la totalidad de la persona, resumida, de manera simbólica, en los sentidos superiores con sus siete sacrificios (dos ojos, dos orejas, dos narices y la boca.) ¿En qué medida mis sentidos, encendidos por el fuego del Espíritu, se comunican con Dios?
La Palabra de dios nos invita a repetir con frecuencia y vivir hoy la Palabra de Dios: “Vosotros sois sal, sois luz” (Mateo 5,13ss).
ORACION

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