En aquellos días, la reina de Sabá oyó la fama de Salomón y fue a desafiarle con enigmas. Llegó a Jerusalén con una gran caravana de camellos cargados de perfumes y oro en gran cantidad y piedras preciosas. Entró en el palacio de Salomón y le propuso todo lo que pensaba. Salomón resolvió todas sus consultas; no hubo una cuestión tan oscura que el rey no pudiera resolver.
Cuando la reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón, la casa que había construido, los manjares de su mesa, toda la corte sentada a la mesa, los camareros con sus uniformes sirviendo, las bebidas, los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó asombrada y dijo al rey: "¡Es verdad lo que me contaron en mi país de ti y tu sabiduría! Yo no quería creerlo; pero ahora que he venido y lo veo con mis propios ojos, resulta que no me habían dicho ni la mitad. En sabiduría y riquezas superas todo lo que yo había oído. ¡Dichosa tu gente, dichosos los cortesanos que están siempre en tu presencia, aprendiendo de tu sabiduría! ¡Bendito sea el Señor, tu Dios, que, por el amor eterno que tiene a Israel, te ha elegido para colocarte en el trono de Israel y te ha nombrado rey para que gobiernes con justicia!"
La reina regaló al rey cuatro mil quilos de oro, gran cantidad de perfumes y piedras preciosas; nunca llegaron tantos perfumes como los que la reina de Sabá regaló al rey Salomón.
· Salmo Responsorial: 36"La boca del justo expone la sabiduría."
Encomienda tu camino al Señor,confía en él, y él actuará:hará tu justicia como el amanecer,tu derecho como el mediodía.
La boca del justo expone la sabiduría,su lengua explica el derecho;porque lleva en el corazón la ley de su Dios,y sus pasos no vacilan. R.
El Señor es quien salva a los justos,él es su alcázar en el peligro; el Señor los protege y los libra, los libra de los malvados y los salva porque se acogen a él.
· Evangelio: Marcos 7,14-23 "Lo que sale de dentro es lo que hace impuro el hombre"
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: "Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga."
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. El les dijo: "¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina." Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: "Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro."
HOMILIA
El evangelio de hoy continúa con la historia de ayer que nos presentaba a Jesús enfrentando a los fariseos. Los fariseos se escandalizan con las actitudes de los discípulos de Jesús porque no guardan las costumbres rituales y lo mismo hacen con Jesús porque su doctrina y conducta da más importancia a las intenciones del corazón y no sobre las apariencias. Y todas esas discusiones con Jesús o los discípulos terminarán con la muerte de Jesús por su postura tan lire y los primeros cristianos terminarán echados de la sinagoga.
Jesús termina con tres maldades que todas ellas del corazón y que nos recuerdan la fragilidad humana enriquecida por la libertad predicaba por Jesús. Tenemos que revisar esas advertencias de Jesús porque también hoy tenemos o podemos tener ese mismo peligro en la vivencia de nuestra religión.
Se habla de la relación del reino de Salmón con pueblos del Oriente. Y se nos presenta a una desco-nocida reina de Sabá, tal vez la dirigente de una lejana tribu de las tribu sabea QUE SE HA ESTA-BLECIDO EN EL NORTE DE Arabia, la cua emprende un viaje tan largo hasta Jerusalén para conocer a Salomón. La sabiduría de la que habla el texto, según la mentalidad de todo el Oriente antiguo nos muestra la sabiduría de u rey que es kla de un rey justo. Salón le ha pedido a Dios y Dios se la ha concedido )3,5-15, 5, 9-14) de tal manera que la reina de sabá puede exclamar: “feliz tu gente, felices tus sirvientes, que estn siempre a tu lado y escuchan tu sabiduría” (8).´
Esto lo volveremos a ver en las profetas, la bajada de las tribus sabeas hacia Jerusalén (Isaías 60,6). También el salmo 72,10 “Que los reyes de Tarsis y de los pueblos lejanos le traigan presentes; que los monarcas de Arabia y de Sabá le hagan regalos.” Luego vemos a Mateo que usa en el evangelio como llamada a la fe de Jesucristo. Se trata de una llamada dirigida a las jóvenes comunidades cristianas, aunque e manera especial a los judíos. Estos últimos al revés que los paganos rechazan la salvación trída por Jesús y no reconocen que “aquí hay alguien que es más importante que Salomón.” (Mateo 12,42)
Podemos dividir el texto e tres partes (14-16); el discurso de Jesús (15), la enseñanza a los discípulos (17-23): la verdadera impureza, el corazón, el catálogo de los vicios.
El tema central es el comportamiento del hombre respecto a las exigencias del Reino. Los fariseos hablan de la pureza a propósito de las abluciones, y Jesús responde tomando en cuenta el problema de la impureza atribuida por la Ley a ciertos alimentos. Jesús pone el centrol en el corazón del hombre. Al final pone un catálogo de vicios que podemos encontrar, ampliamente documentados, en toda la literatura paulina. Y es el pensamiento que resuena entre líneas: “No os acomodéis a los criterios de este mundo; al contrario, transformaos, renovad vuestro interior.” (Romanos 12,2). “Renunciad a vuestra conducta anterior y al hombre viejo, corrompido por apetencias engañosas. De este modo, os renováis espiritualmente y os revestís del hombre nuevo, creado a imagen de Dios, para para llevar una vida verdaderamente recta y santa.” (Efesios 4,22-24).
De ahí recordarnos hoy Marcos 7,14: “Escuchadme.”. Por eso San Agustín v a a decir, “He dado fe a tus libros, pero sus palabras son arcanos profundos.”
¡Oh Verdad, lumbre de mi corazón, no me hablen mis tinieblas! Me incliné a éstas y me quedan oscuras, pero desde ellas, sí, desde ellas te amé con pasión.”Erré y me acordé de mi ti. Oí tu voz, detrás de mí,” que volviese pero apenas la oí por el tumulto de los sin-paz. Mas he aquí que ahora, abrasado y anhelante, vuelvo a tu fuente. No sea yo mi vida; mal viví de mí: muerte fui para ella. No sea yo mi vida: mal viví de mí; muerte fui para mí. En ti comienzo a vivir; háblame tú, sermonéame tú. “He dado fe a tus libros, pero sus palabras son arcanos profundos.” (SAN AGUSTIN DE HIPONA)

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