13 Alguien fue a informarle a David: «Los hombres de Israel se pasaron a Absalón». 14 David entonces dijo a sus servidores y a los que estaban con él en Jerusalén: «¡Rápido, huyamos, porque en caso contrario no escaparemos de Absalón! Salgamos inmediatamente, porque si nos alcanza, nos derrotará y pasará a cuchillo la ciudad».
30 Mientras David subía el monte de los Olivos, iba llorando, con un velo en la cabeza y caminando descalzo. Todos los que estaban con él llevaban también la cabeza cubierta y subían llorando.
5 Como el rey David se acercara a Bajurim, salió un hombre de la familia de Saúl que se llamaba Simeí, hijo de Guera. Mientras caminaba, iba lanzando toda clase de maldiciones. 6 Y tiraba piedras a David y a los servidores del rey, mientras el rey David caminaba rodeado a derecha e izquierda por el pueblo y su guardia. 7 Simeí lo maldecía: «¡Andate, ándate! No eres más que un sanguinario y un criminal! 8 Yavé ha hecho recaer sobre ti la sangre de la familia de Saúl; así como tú le quitaste el trono, así también ahora Yavé se lo da a tu hijo Absalón. Te ha venido la desgracia porque eres un sanguinario».
9 Abisaí, hijo de Seruya, dijo al rey: «¿Por qué ese perro furioso maldice al rey mi señor? Déjame pasar el torrente y le corto la cabeza».
10 Pero el rey le respondió: «Hijo de Seruya, no te metas en mis asuntos; tal vez me maldice porque Yavé le dijo: ¡Maldice a David! ¿y quién tendrá derecho a preguntarle por qué lo hace?» 11 David dijo entonces a Abisaí y a sus servidores: «Si mi hijo, el que salió de mí, quiere atentar contra mi vida, con cuánta mayor razón ese hombre de Benjamín. Déjenlo que maldiga si Yavé se lo dijo. 12 A lo mejor Yavé toma en cuenta esta pena mía para devolverme la felicidad después de la maldición de hoy».
13 David y sus hombres continuaron su camino mientras Simeí seguía en la misma dirección pero al otro lado de la quebrada; maldecía, tiraba piedras y levantaba polvo.
Salmo: 3
2 ¡Señor, cuántos son mis adversarios, 2cuántos los que se alzan contra mí! 3 ¡Cuántos los que me dicen: «Ya no tienes en Dios salvación»!
4 Mas tú, Señor, eres mi escudo, mi gloria, el que levanta mi cabeza. 5 Tan pronto como llamo al Señor, me responde desde su monte santo.
6 Yo me acuesto y me duermo, y me levanto: el Señor me sostiene. 7 No le temo al pueblo que me rodea, que por todas partes me amenaza.
MARCOS 5,1-20
Llegaron a la otra orilla del lago, que es la región de los gerasenos. 2 Apenas había bajado Jesús de la barca, un hombre vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, pues estaba poseído por un espíritu malo. 3 El hombre vivía entre los sepulcros, y nadie podía sujetarlo ni siquiera con cadenas. 4 Varias veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y hacía pedazos los grillos, y nadie lograba dominarlo. 5 Día y noche andaba por los cerros, entre los sepulcros, gritando y lastimándose con piedras.
6 Al divisar a Jesús, fue corriendo y se echó de rodillas a sus pies.
7 Entre gritos le decía: «¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo! Te ruego por Dios que no me atormentes.» 8 Es que Jesús le había dicho: «Espíritu malo, sal de este hombre.» 9 Cuando Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?», contestó: «Me llamo Multitud, porque somos muchos.»
10 Y rogaban insistentemente a Jesús que no los echara de aquella región. 11 Había allí una gran piara de cerdos comiendo al pie del cerro. 12 Los espíritus le rogaron: «Envíanos a esa piara y déjanos entrar en los cerdos.» Y Jesús se lo permitió. 13 Entonces los espíritus impuros salieron del hombre y entraron en los cerdos; en un instante las piaras se arrojaron al agua desde lo alto del acantilado y todos los cerdos se ahogaron en el lago. 14 Los cuidadores de los cerdos huyeron y contaron lo ocurrido en la ciudad y por el campo, de modo que toda la gente fue a ver lo que había sucedido.
15 Se acercaron a Jesús y vieron al hombre endemoniado, el que había estado en poder de la Multitud, sentado, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. 16 Los testigos les contaron lo ocurrido al endemoniado y a los cerdos, 17 y ellos rogaban a Jesús que se alejara de sus tierras.
18 Cuando Jesús subía a la barca, el hombre que había tenido un demonio le pidió insistentemente que le permitiera irse con él. 19 Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti.» 20 El hombre se fue y empezó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos quedaban admirados
HOMILIA
La acción de Jesús resulta incómoda, fue un bien para alguien pero perjudica los intereses de otros. Se nos ocurre que hay que cerrar las puertas a la salvación que se le da a otro. Preferimos quedarnos como estamos y alejar lo que más se pueda esa presencia que nos incomoda, que nos hace cambiar, que nos propone salvar.
De todas maneras en el evangelio conocemos una faceta intere-sante: Quien ha sido tocado por la libertad que trae Jesús está dispuesto a asumir su mismo estilo de vida, el “endemoniado curado” quería irse con Jesús, quien le propone que se quede con los suyos y allí proclame la Buena Nueva del Reino, las maravillas que hace la misericordia de Dios.
La maldición del (8) da en el blanco en cierto modo, porque David usurpó el reino a Saúl y teme ahora que la rebelión de su hijo pueda ser lo mismo. David teme que Dios lo haya abandonado como lo hizo con Saúl (11), por eso rehusa la tentación de mandar a matar a Semeí y aceptó la afrente como una prueba. Su esperanza es la conciencia de que el sufrimiento de hoy pueda ser una ocasión de bien para el mañana (2).
Son interesantes las historias. Violencia, venganza y terror unen a David saliendo de Jerusalén y el vago geraseno que se oculta entre los sepulcros. El cambio de David se debe a través de la purificación por el sufrimiento. El endemoniado no grita por si mismo, el demonio habla en él, pero Jesús lo cura y Jesús se lo indica, es la Palabra de Dios la que lo ha curado yle da una misión nueva. Es que Jesús nos recuerda con frecuencia que debe vivir por la Palabra de Dios: “”Cuéntales todo lo que el Señor ha hecho por contigo y como ha tenido compasión de ti.(Marcos 5,19).
ORACION
Cuantas veces he querido romper, los grilletes y las cadenas. Cuantas veces he creído que las cosas no iban en la dirección que deseaba porque se oponía cualquier obstáculo en la realización de mis planes. He intentado cambiar las cosas, me he rebelado y me parecía justificada la indignación e incluso la ira. Hubiera querido “cortar cabezas” como sugería Abisay; he comprobado con todas mis fuerzas que intentaba “mantenerme atado”, como decían los gerasenos.

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