Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mi vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»
Salmo 33, 4-5. 6-7. 16-17. 18-19
El Señor libra de sus angustias a los justos.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.
Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.
. Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos.
Mateo 6, 7-15
Vosotros rezad así
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los genti-les, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»
Isaías 55,10-11: “Así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía” Salmo 33: “El Señor libra de sus angustias a los justos” Mateo 6,7-15: El padrenuestro
Tal vez el Padrenuestro, la oración del Señor, la oración del cristiano es lo que más repetimos y hacemos desde niños, con mayor o menor devoción, concentrados o mecánicamente, desde el corazón o solamente de los labios, solos o en comunidad, pero es la oración que más nos une a Dios, nuestro Padre, nuestro “abbá”. Deberíamos poner atención y rezarla como hijos e hijas de Dios, o en comunidad sintiendo en nuestro interior el plural de la respon-sabilidad que tenemos en la misión de todos, de la urgencia de asumir nuestra parte en la tarea diaria de hacer realidad el Reinado de Dios.
Los hombres nos expresamos en “palabras” y los cristianos nos expresamos en “el Padrenuestro”. Nuestra vida está expresada por expresio-nes, signos, símbolos e imágenes. El hombre de nuestros días ha encontrado la fluidez de las palabras en la rapidez de nuestras comunicaciones. El hombre de hoy neesita de la palabra, se vale de las palabras, se expresa en palabras para su comunicación y su lenguaje, invita a la conversación pero no dialoga. El hombre de neustro tiempo tiene un gran vacío en la inmensidad del mundo, de la sociedad, de la ciudad donde vive y de la familia que forma. El hombre de nuestro tiempo necesita palabras consoladoras. La Palabra de Dios llena la sintonía de la profundidad, el isterio que nos da la vida, el gozo que aumenta nuestra esperanza, necesita la buena noticia de Dios.
Los profetas son los hombres y las expresiones de la Palabra. La Palabra es divina porque nace de Dios y surge de la boca misma de la divinidad. La palabra es humana porque se susurra a la mente humana, un mensaje de paz, un mensaje de luz, un mensaje de esperanza. Por eso la Palabra de Dios necesita de una respuesta del ser humano. Lo recuerda Isaías hoy, (55,10-11).
Lo sabemos, el hombre de nuestro tiempo, ha perdido la ocasión de la comunicación. Los hombres hemos roto los horizontes del encuentro, el sosiego inusitado del diálogo, la cercanía admirable del misterio de Dios que es Palabra, comunicación, encuentro. Las personas hablamos muchos pero en realidad hemos perdido el poder de la conversación, de la oración y con ello nos hemos arruinados. Nos falta la calma necesaria para encontrar el misterio, el misterio del hombre en el horizonte infinito de Dios.
Lo discípulos de Jesús eran grandes comunicadores de alegría, de fe, de proyectos infinitos y fraternos. Los amigos de Jesús, de todos los tiempos necesitan, como lo necesitamos nosotros, el aliento vivo del Espíritu para musitar, para nombres el nombre de Dios como Padre. Necesitan, como necesitamos nosotros y nos podemos engañar con repetir el Padrenuestro. Necesitan y necesitamos gozar de que dios es nuestro Padre, pero el de todos, y ser conscientes de su amor y conocedores de que El da siempre a cambio de nada.. Dios obra sin esperar nada, sin comprometernos con nada porque fue él, sólo é quien se comprometió hasta el final con nosotros. Es decir, se hizo nosotros, y ésa es la grandeza de su Palabra, no nuestras palabras vacías a veces sin sentido otras, sino la suya, esa que llama, que invita y siempre conduce al amor. La fuerza de la Palabra penetró en los resquicios de la historia, de nuestra historia, se hizo una canción que todos debemos inter-pretar por la alegría de sentirnos salvados, reconciliados, fortalecidos, espe-ranzados, porque somos la vida en plenitud. Vivir en esta aventura significa embarcarnos en los mares de Dios, en los océanos de la vida, aunque parezca zozobra la nave en que nos hemos embarcados en nuestra propia vida.
Te recordamos como lo hace hoy Isaías, para que podamos vivir y realizar tu voluntad: “Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven a ella sino después de empapar la tierra, así será mi Palabra que sale de mi boca no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.”
Oramos con la liturgia de este tiempo.
ORACION
Y ahora, mientras ofreces a tu pueblo, un tiempo de gracia y reconciliación, lo alientas en Cristo para que vuelva a ti, obedeciendo más plenamente al Espíritu santo y se entregue a la salvación de todos los hombres.
Por eso, llenos de admiración y agradacimiento, unimos nuestras voces a los de los coros celestiales para cantar la grandeza de tu amor y proclamar la alegría de nuestra salvación.

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