Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 24 de febrero de 2010

FEBRERO 24, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Jonás 3, 1 -10

Los ninivitas se convirtieron de su mala vida
Vino la palabra del Señor sobre Jonás: - «Levántate y vete a Ninive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: - «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Ninive: -«Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos.» Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Salmo 50, 3-4. 12-13. 18-19
Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. .

Lucas 11, 29-32

A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás
En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: - «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»
Jonás 3,1-10: “Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió
Lucas 11,29-32
“Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias”
Lucas 11,29-32: “No se le concederá más señal que la de Jonás”
Hoy se nos ofrece la posibilidad de contemplar la capacidad y la actitud de conversión. Se nos ofrece una comunidad no judía que se convierte ante la predicación del profeta Jonás y otra comunidad, ésta judía, que exige signos novedosos. Jesús no dará estos nuevos signos simplemente se limitará a redescubrir el comportamiento de ambos grupos y a plantearnos la novedad de la presencia de Cristo al decirles simplemente quer él es mayor que el profeta Jonás. Se nos ofrece la posibilidad los signos comunes y las diferencias entre Jonás y Jesús. Tendríamos que ver los signos de Jonás que quiere escapar, y Jesús que asume hasta las últimas consecuencias su misión después de tres días en el vientre del pez, tres días en la tumba. Desde luego que Jonás es signo para esta generación y Jesús es el único signo. Jonás es un signo de amenaza de muerte y destrución y Jesús que solo trae signos de vida y esperanza.

Este signo de Jesús para esta generación “malvada y perversa” es el llamado que tenemos los discípulos y misioneros de Jesús enla comunidad de sus seguidores. Pero no nos podemos encerrar así como lo intenta el profeta Jonás, también puede haber otros signos en otras latitudes, los ninivitas,. Tenemos que abrir los signos que no vio Jonás, porqu entre nosotros hay otro que es mayor que Jonás y Salomón, una que puede ver la semilla de la vida y el Espíritu en tantas personas que son hoy la manifestación de Dios entre nosotros.

En la Cuaresma Dios nos muestra que él no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva. Dios es Padre y siempre tiene entrañas de miseri-cordia. Dios está en el corazón de cada hombre y espera pacientemente hasta que el hombre abra de par en par las puertas de su casa, para que abra la inteligencia y la mente y el corazón.

El hombre quiere encontrar el espacio infinito de Dios en el universo entero. Es que el hombre necesita a Dios. El Señor viene y saluda al hombre en el centro de su vida e inteligencia, en la sintonía alegre del encuentro, en la capacidad de la capacidad de la nueva existencia establecida desde la esperanza y la conversión.

La conversión es un volver sobre los pasos andados, la conversión es la actitud cristiana del hombre creyente porque Dios quiere hacernos caminar con El a través de la realidad de cada día y en medio de las soledades de la sociedad y la comunidad. Los cristianos sentimos el desfallecimiento, el desencanto, el ritmo perdido y la intolerancia como la del profeta Jonás. Las personas nos volvemos recalcitrantes cuando Dios nos interpela y nos llama, nos interroga y nos compromete. Así es como los hombres huimos de Dios y nos abocamos continuamente al misterios (Jonás 3.1’10).

Dios quiere nuestra sencillez y humildad para hacer de nosotros el reposo del perdón y la reconciliación., Dios quiere de nosotros la verdad porque el hombre está harto de mentiras y de falsedad que enturbian la convivencia y hacen a la persona intolerable. Dios quiere lavar el pecado individual y colectivo. Dios borra y tacha nuestras miserias y límites porque conoce el barro en que hemos sido modelados. Dios quiere ser nuestro alfarero, la mano que modele nuestra imagen para parecernos más a él. Dios es perdón y misericordia, compasión y consuelo, inmensidad y dicha. Dios es nuestro y nuestra paz (Salmo 50)
El signo de Dios es la paz y el perdón, y este es el texto que nos ofrece el profeta Jonás, aunque el profeta no crea en la misión que el Señor le ha enviado a completar en Níneve. El evangelista conoce la preferencia de Jesús por la multitud (Lucas 4,42; 5,1; 6,7; 8,4; 9,37; 12,1; 14,25). Lucas presenta a Jesús como el predicador de la Palabra. El Señor ha dado a los judíos signos de la llegada del Reino. Las curaciones y los exorcismos, la multiplicación de los panes, la resurrección de los muertos, eran señales evidentes de la llegada del Reino de Dios. Cristo. Ofrece un signo no es espectacular, sino más bien el signo misterioso de la resurrección, pero antes de sufrir la muerte, y experimentar el dolor y padecer la cruz (Lucas 11,29-32).

Oramos como todos los días usando las oraciones de la liturgia.

ORACION

Te Damos gracias, Padre de bondad, y te glorificamos, Señor, Dios del universo, porque no cesas de convocar a los hombres de toda raza y cultura, por medio del Evangelio de tu Hijo, y los reúnes en un sólo cuerpo que es la Iglesia.

Esta Iglesia vivificada por tu Espíritu, resplandece como signo de unidad de todos los hombres, testimonio de tu amor en el mundo y abre a todos las puertas de la esperanza.

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