Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 22 de mayo de 2010

TIAEMPO DE PASCUA MAYO 2010

PALABRA DE VIDA
Hechos 28,16-20,30-31
Llegados a Roma, el capitán entregó los presos al gobernador militar, pero dio permiso a Pablo para alojarse en una casa particular con un soldado que lo vigilara.
17 Tres días después Pablo convocó a los judíos principales. Una vez reunidos, les dijo: «Hermanos, acaban de traerme preso de Jerusalén. He sido entregado a los romanos sin que yo haya ofendido a las autoridades de nuestro pueblo ni las tradiciones de nuestros padres. 18 Los romanos querían dejarme en libertad después de haberme interrogado, pues no encontraban en mí nada que mereciera la muerte. 19 Pero los judíos se opusieron y me vi obligado a apelar al César, sin la menor intención de acusar a las autoridades de mi pueblo.
20 Por este motivo yo quise poder verlos y conversar con ustedes, pues en realidad, por la esperanza de Israel yo llevo estas cadenas.»
30 Pablo, pues, arrendaba esta vivienda privada y permaneció allí dos años enteros. Recibía a todos los que lo venían a ver,
31 proclamaba el Reino de Dios y les enseñaba con mucha seguridad lo referente a Cristo Jesús, el Señor, y nadie le ponía trabas.

Salmo 11,4-5,7

El Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo. Sus ojos están observando y fija su mirada en los hijos de Adán.
5 El Señor explora al justo y al impío, y su alma odia a quien ama la violencia7 Porque el Señor es justo y ama la justicia, los que son rectos contemplarán su rostro.

JUAN 21,20-25

20 Pedro miró atrás y vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el que en la cena se había inclinado sobre su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» 21 Al verlo, Pedro preguntó a Jesús: «¿Y qué va a ser de éste?» 22 Jesús le contestó: «Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme.»
23 Por esta razón corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no iba a morir. Pero Jesús no dijo que no iba a morir, sino simplemente: «Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa?»
24 Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito aquí, y nosotros sabemos que dice la verdad. 25Jesús hizo también otras muchas cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros.

Hechos 28,16-20.30-31: Vivió en Roma, predicando el reino de Dios Salmo 10: Los buenos verán tu rostro, Señor . Juan 21,20-25: Tú sígueme

Nos encontramos al final del tiempo de Pascua. Jesús ha subido al cielo. Pero antes de irse d sus últimas instrucciones a los discípulos, ayer le había dicho a Pedro que era el pastor de la Iglesia y le da su última indicación “sígueme”. Y Pedro le pregunta al Señor al ver a Juan que tam-bién los sigue: “?Y éste qué? Está Pedro preocupado de uno de los discípulos, Juan: sabemos de la pregunto pero no sabemos del por qué. La respuesta del Señor es específico y concreta y parece decirle, “deja en mis manos el destino de los otros.”

Sabemos que este punto es específico, es decir, exige una respuesta de testimonio verdadero, de compromiso de fe. El discípulo de concentrar su corazón y sus energías, toda su vida es el seguimiento de Jesús. Y como ha sido llamado le exige responder por sí mismo. El Señor de ocupa del llamado que hace, pero cada uno debe responder por si mismo, de ellos se ocupa el Señor con todo su amor. Y este es el caso de Juan, como ayer ha sido el discurso de Jesús, y es claro al decirle a Pedro “Sígueme”. No hay que desviar la atención que el Señor ha dirigido a cada uno de ellos y por lo tanto deben responder por sí mismos. Es decir, el discípulo, todos ellos, se trata de no desviar la atención mirando a los otros. De los otros se dedica el Señor. Hay que poner la mirada en Jesús y seguirlo hasta el fin, porque el Resucitado nos lleva siempre más allá porque ser permitió a Pablo quedarse en casa particular…”que todas las cosas de Jesús no caben en todos los libros del mundo.

Es que el libro de los Hechos nos hablaba de que todo el mensaje de Jesús debía llegar a Roma, por eso empieza “cuando entramos en Roma” con Pablo. Según la lectura de hoy esta agitado viaje de Pablo a Roma parte desde Cesara a la isla de Creta, con catorce días de tempestad, la estancia en Malta y al final el viaje desde Malta a Roma. Y la cálida acogida de parte de los cristianos. Este relato es un resumen de su actividad en Roma, donde Pablo puede vivir en “régimen de libertad vigilada”, en una casa privada. Comienza, como siempre, la predicación a los judíos con resultados alternos, “Pablo podía anunciar el Reino de Dios y enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor con toda libertad y si obstáculo alguno.”

Lucas ha alcanzado su objetivo: la carrera de la Palabra es imparable: el evangelio ha alcanzado el corazón del mundo, es predicado con toda libertad y sin obstáculo alguno “hasta los confines del mundo”. Nada ha podido ni podrá detenerlo. Pablo es un de los muchos testigos de Jesús, un campeón ejemplar, heroico y dotado de autoridad. Las vicisitudes personales de Pablo no parecen interesar demasiados a Lucas, pero corta aquí su relato, sin enformarnos de la suerte del campeón: la que importa de verdad es la realidad de que Pablo haya culminado su propia misión, un misión que es la todo cristiano a saber: ser testigo e la resurrección, tener el valor de anunciarla ´por doquier, convertir cada situación, en uan ocasión para decir que Jesús es el Señor y Salvador. “La Palabra de Dios no está encadenada” (2 Timoteo 2, 8s). No hay ocsión en la que no se pueda anunciar la Palabra de Dios.

El final del evangelio de Juan está relacionado con la propia misión del discípulo amado. Este texto está formado por dos pequeñas unidades que también están subdivididas a su vez: predicación del futuro del discípulo amado (20-23) y la segunda conclusión del evangelio (24s). El redactor de esta conclusión, capítulo 21, a través de una comparación entre Pedro y el otro discípulo, pretende identificar de manera inequívoca el “otro discípulo de Jesús a quien Jesús tanto quería.” (Juan 13,23; 19,26; 21, 7,20). La pregunta que Pedro pregunta a continuación, a Jesús recibe de parte de Jesús un respuesta que no deja lugar, ya que afirma la libertad soberano de Dios con respecto a cada hombre.

. El texto de hoy no se refiere a problemas de dificultades en la primera Iglesia, sino a demostrar sobre una base histórica y el discípulo amado. Se afirman dos cosas: a) que carecía de una base histórica la opinión difundida de que el discípulo amado no había muerto; b) de que esa muerte una vez acaecida, tenía la misma importancia para el Señor la misma importancia que el martirio sufrido por el apóstol Pedro.

Por último, los versículos finales (22-24s) subrayan una cosas simp0le, pero verdadera: la revelación de Jesús, ligada al ministerio de su persona, es algo tan grande y profundo que escapa al alcance del hombre.

Es importante lo que signifia este testimonio del evangelio de Juan, Jesús se lo dice a Pedro: “Tú sígueme.”

ORACION

Ayúdame, Señor, a soportar los males en la tierra de los que hemos de morir para gozar de tus bienes en la tierra de los vivos.

Aquí soportamos los males de este mundo en la tierra de los mortales; allá arriba veremos los bienes del Señor en la tierra de los vivos para siempre. Que nadie, sin embargo, piense separar a estos dos apóstoles, Pedro y Juan. Ambos vivían la vida que se personifica em Pedro y ambos vivirían la vida que se personifica en Juan. Ambos, por medio de la fe, una seguía a Cristo, el otro estaba a la espera. Ambos, por medio de la fe, soportaban las miserías de este mundo y esperaban, ambos también, la fidelidad futura de la bienaventuranza eterna. Amen.

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