Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 14 de mayo de 2010

TIEMPO PASCUAL. MAYO 14, 2010

PALABRA DE VIDA
HECHOS DE LOS APOSTOLES 1,16-17,20-26

Uno de aquellos días, Pedro tomó la palabra en medio de los discípulos —había allí como ciento veinte personas—, y les dijo:
16 «Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura, pues el Espíritu Santo había anunciado por boca de David lo que hizo Judas; este hombre, que guió a los que prendieron a Jesús,
17 era uno de nuestro grupo y había sido llamado a compartir nuestro ministerio común.
20 Esto estaba escrito en el libro de los Salmos: Que su morada quede desierta y que nadie habite en ella. Y también está escrito: Que otro ocupe su cargo.
21 Tenemos, pues, que escoger a un hombre de entre los que anduvieron con nosotros durante todo el tiempo en que el Señor Jesús actuó en medio de nosotros,
22 desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue llevado de nuestro lado. Uno de ellos deberá ser, junto con nosotros, testigo de su resurrección.»
23 Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Entonces oraron así: «Tú, Señor, conoces el corazón de todos. Múestranos a cuál de los dos has elegido
He 6,4
25 para ocupar este cargo y recibir este ministerio y apostolado del que Judas se retiró para ir al lugar que le correspondía.»
26 Echaron a suertes entre ellos y le tocó a Matías, que fue agregado a los once apóstoles.

SALMO 113,1-8
1 ¡Aleluya!
1 ¡Alaben, servidores del Señor,
1 alaben el nombre del Señor!
2 ¡Bendito sea el nombre del Señor
2 ahora y para siempre!
3 ¡Desde donde sale el sol hasta su ocaso,
3 alabado sea el nombre del Señor!
4 ¡El Señor domina a todas las naciones,
4 su gloria está por encima de los cielos!
5 ¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
5 que se sienta en las alturas,
5 pero que se inclina para ver
5 los cielos y la tierra?
7 Al pobre lo recoge desde el polvo,
7 de la mugre retira al desvalido,
8 para darle un asiento entre los nobles,
8 con los grandes de su pueblo.

JUAN 15,9-17

9 Como el Padre me amó, así también los he amado yo: permanezcan en mi amor.
10 Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
11 Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa.
12 Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado.
13 No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos,
14 y son ustedes mis amigos si cumplen lo que les mando.
15 Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre.
16 Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca. Así es como el Padre les concederá todo lo que le pidan en mi Nombre.
El mundo odia a Jesús y a los suyos
17 Amense los unos a los otros: esto es lo que les mando.

HOMILIA

Hechos 1,15-17.20-26: Echaron suerte, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstoles Salmo 112: El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo Juan 15,9-17: Prmanezcan en mi amor. Podemos decir que iniciamos otra etapa en la vida de la comunidad y nuestra vida. Jesús no se ha ido aunque hemos celebrado ayer la Ascensión del Señor, tenemos una nueva presencia, ahora somos nosotros la verdadera presencia de Jesús, en Pentecostés hemos de aprender que esa presencia de Jesús en medio de nosotros es el Espíritu que celebramos cada año en el tiempo de Pentecostés.

Prestemos atención a “como” comienza este pasaje, tiene algo impor-tante, porque tiene una idea de causa: el Hijo ama a sus discípulos con el mismo amor al Padre, tiene algo importante, nos ofrece una idea de causa: el Hijo ama a sus discípulos con el mismo amor al Padre, y con el mismo amor divino que el Padre le tiene. Permanecer en este amor es cumplir los mandamientos, es hacer caso a su mensaje y a sus palabras.

Hasta ahora ha insistido en el mandamiento del amor, el mandamiento él ama a sus discípulos con el mismo amor divino que el Padre le tiene. Cuando dice “permanecer en este amor” les está diciendo que este amor es cumplir sus mandamientos, es hacer caso a su mensaje y a sus palabras.
El mandamiento que les da Jesús consiste en amarse unos a otros de manera constante y de por vida, cómo él lo ha hecho, y lo demostró al dar la vida, como él lo ha hecho. Lo que quiere decir, que ser discípulo implica amar a Jesús y amarse mutuamente, y el amor de discípulo hacia sus hermanos ha de ser tan grande que esté dispuesto a entregar la vida.

El amor de Jesús es obediencia y amor. Del amor y obediencia brota de su unión con el Padre. De la unión de Jesús brota de su unión con el Padre, que se va a expresar en obediencia y amor. De la unión con Jesús y la obediencia a él brota la alegría de los discípulos y permanecerá en ellos mientras prosigan su misión y den mucho fruto.

El mandamiento final es precisamente el amor, éste solo puede subsistir si produce aún más amor; el amor de los discípulos tomará por modelo el acto supremo de amor de Jesús, su entrega de la propia vida. Esta es la clave que nos ayudará a ser fieles a la misión encomendada a favor de todos los seres humanos.

Comencemos nuestra reflexión mirando quién es Matías. El hecho básico que sabemos de él es que fue elegido por los Once para sustituir a Judas Iscariote. Fue elegido porque había seguido a Jesús en su ministerio público, es decir, desde el bautismo de Jesús hasta el día de la Ascensión de Jesús al cielo. Su nombre lo encontramos en la segunda lista de los santos en el Canon Romano. Según Eusebio de Cesárea, Matías habría sido uno de los setenta discípulos a los que había elegido Jesús, según Lucas 10,1ss y los envió en misión.
Pedro al comienzo de su ministerio apostólico, se ocupa de dar a conocer a la primitiva comunidad cristiana la importancia que tiene proceder a la composición del número de los apóstoles: doce. Es necesario sustituir a Judas, que había desertado de la fe y hecho incompleto aquel número. Sólo así podía continuar la tradición apos-tólica su tarea de manera eficaz y creíble.

El que debe ser elegido en lugar de Judas Iscariote, debe haber compartido los acontecimientos históricos del ministerio público de Jesús, debe atestiguar los acontecimientos de la resurrección del Señor. Todo esto termina con una oración (24ss) porque la elección no es obra suya, sino que ha sido confiada totalmente a la voluntad y a la intervención del Señor. Es nos dice que siempre tenemos que tener abiertas nuestras decisiones a la voluntad de Dios e inspirar nuestras voluntades en las del Señor.

Por eso el evangelio nos dice que el apóstol, debe “permanecer en el amor”, en el amor de Jesús a ellos y en el amor del Padre a Jesús. Permanecer en el amor significa vivir en comunión perfecta, que es, al mismo tiempo, es decir, en relación con los hermanos en la fe y con Dios, términos últimos de nuestro amor. El verdadero discípulo de Jesús, precisamente porque se siente amado y comparte con Jesús el amor del Padre, sabe que debe observar un mandamiento, “el mandamiento del amor.” También nosotros, como discípulos del Señor, nos sentimos mvilizados a amar. Por último el verdadero discípulo de Jesús, que es verdaderamente su amigo, se siente llamado a vivir este amor “hasta el final”, esto es hasta la entrega de sí mismo. En esto se diferencia el amigo del siervo.
ORACION

Señor, quiero ser tu amigo. No mirar mis méritos, sino tu corazón misericordioso. Seré tu amigo únicamente si tú no cesas de mirarme con una amor de predilección, perdonando mi pecado.
Señor Jesús, quiero ser tu amigo, porque todavía tengo que aprender mucho de ti y tú tienes que confiarme y entregarme aún muchas cosas. Podré decir que soy tu amigo sólo cuando me hayas cofigurado totalmente a ti, identificado por completo al Padre.




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