Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 15 de mayo de 2010

TIEMPO DE PASCUA, MAYO 15, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 18,23-28

Apolo demostraba con la Escritura que Jesús es el Mesías
Pasado algún tiempo en Antioquía, emprendió Pablo otro viaje y recorrió Galacia y Frigia, animando a los discípulos. Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en la Escritura. Lo habían instruido en el camino del Señor, y era muy entusiasta; aunque no conocía más que el bautismo de Juan, exponía la vida de Jesús con mucha exactitud. Apolo se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Su presencia, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.
Salmo 46,2-18-9.10
Dios es el rey del mundo.
Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra.
Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.
Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Ros de Abrahán; porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso.
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 23b-28

El Padre os quiere, porque vosotros me queréis y creéis
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

Hecho 18,23-28: Apolo demostraba con la Escritura que Jesús es el Mesías Salmo 46: Dios es el rey del mundo. Juan 16,23b-28: Pidan y recibirán

Jesús se ha ido a cielo y los discípulos continúan la misión que les ha encomendado y los prepara para la venida del Espíritu de la verdad. Jesús les habla de la oración que les ha dado y les manifiesta que todo lo que pidan al Padre les será dado.

Jes inaugura para ellos los tiempos de la comunicación y comunión inmediata con el Padre. Lo mismo pasa con nosotros, dado el gran amor entre el Padre y el Hijo, amar a Jesús y reconocer que vino de Dios, entraremos en esa comunión, sólo será necesario amar como Jesús lo ha hecho. El amor del Padre alcanza a todos y vivifica a todos y todos los que asumen el proyecto de Jesús, permaneciendo fieles a sus mandamientos y la misión recibida de Jesús serán fieles a ese proyecto del Reino

El proyecto será amar comunitariamente, pidiendo a Dios, confiando completamente en el Padre para que se realice este Proyecto de justicia y paz para todos los pueblos y en neustra casa de la tierra.

Continuamos viendo la acción de Pablo, viaja ahora desde Antioquía y continúa su misión entre los paganos. La atención se dirige ahora a Efeso, otra ciudad importante donde se habían detenido Priscila y Aquila. Es interesante observar que primero se refiere Lucas a la mujer. Aqu[i en ausencia de Pablo conocen a Apolo, un notable predicador, teólogo y misionero, que enseña precisamente a Jesucristo, aunque de manera incompleta, dado que sólo conocía el bautismo de Juan.

Apolo viene de Egipto, a donde ya ha llegado la Buena Noticia. Da la impresión que ha sido convertida por los discípulos del Bautista que conocieron a Jesús. Los Hechos nombran a un número de discípulos, centrados todos esos en Pedro y Pablo, pero que parece no tener toda la narración de la predicación, y vemos un grupo de misioneros, como Apolo, que recorrían el mundo.
También es interesante destacar el trabajo de laicos que se permiten “corregir” a muchas personalidades que contribuyen al arraigo del nuevo “camino del Señor” enm Grecia, gracias a la contribución de un Apolo “puesto al día”. Toda la Iglesia contribuye en la empresa de la evangelización, cada uno con sus límites, pero con el apoyo fraterno de todos. Maravilla esta Iglesia fraterna, que parece tener la preocupación de la difusión del Evangelio en todos los ámbitos.
El evangelio se centra en el tema de la oración, basada en la unión entre el Padre y el Hijo y en la manifestación de Jesús con el don de la oración eficaz, porque él es el único camino para la la oración dirigida a Dios. Los discípulos no estaban acostumbrados a orar en el nombre de Jesús (24). Ahora, sin embargo, por medio del Espíritu Santo enviado por el Padre, se ha inaugurado un tiempo nuevo en el que se pueden dirigir al Padre en elk nombre de Jesús, porque su Señor, en virtud de su paso al Padre, se ha convertido en el verdadero medidor entre Dios y los hombres.

EN consecuencia, Jesús, prosiguiendo el diálogo con sus discípulos, realiza una constatación sobre el pasado y, a continuación provoca que se pueden dirigir a una visión del pasado sobre el futuro, “por loo que se refiere al pasado,” que abarca toda su vida terrena. “Por lo que se refiere al futuro,” desde el acontecimiento de la Pascua en adelante, sus palabras dejarán de tener velos y llegará al fondo de sus corazones (25). En efecto, con la venida del Espíritu después de la Pascua se inicia la nueva era que Jesús hablará abiertamente y todos podrán conocer la verdad sobre el Padre y lo que él pretende hacer conocer a los hombres.

En loa oración es donde los discípulos conocerán la íntima relación que existe entre Jesús y el Padre, y la de éstos con ellos. A con- tinuación será escuchados, porque existirá un conocimiento perfecto en el amor y en la fe con Cristo, co que será casi una misma cosa. Más aún, serán escuchados por son amados por el mismo Padre a causa de su fe en el misterio de la encarnación del Hijo (26s).La Palabra de Jesús es una Palabra de vida que merece ser custodiada en el corazón.
La comunión de los discípulos con Jesús y con su misión les garantiza que el Padre escuchará su oración como escucha la del Hijo. Del mismo modo que las obras y las palabras de Jesús no son suyas sino del Padre, tampoco las obras y las palabras de los discípulos soin suyas sino de Jesús, presente dentro de ellos: la omnipotencia de Jesús es la omnipotencia de los discípulos. Por eso Jesús nos invita a repetir con frecuencia y vivir hoy la Palabra: “Pedid y recibiréis, paraqué vuestra alegría sea completa.” (Juan 16,24)

ORACION

¡Pedir en tu nombre, oh amadísimo Salvador, no sólo pronunciar tu nombre, sino hacer mía tu causa perseguirla con tu corazón, ver el mundo con tus ojos, comprender tu alegría, querer entregarse como te entregaste tú! ¡Qué lejos estoy de todo esto! Por eso me queda en ocasiones decepcionados en mi oración; por eso pierdo el ánimo en mi compromiso con tu servicio por eso, ante la escasez de resultados, me viene la tentación de abandonar.

Serñor, mira con piedad mis veleidades al servirte, ven al encuentro de mis ilusorias esperanzas de gratificaciones, para sostenerme y purificarme. Forma en mí un corazón semejante al tuyo. Dadme el impulso desinteresado de tu amor. Átame continuamente con el amor del Padre, para que pueda amar a mis hermanos como él los ama, como tú los amas, como yo quisiera amarlos. Y los amaré si vienes en mi ayuda. Ven, Señor, no me abandones. Envuélveme en tu luz y con tu amor.



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