1 En ese día cantarán de esta manera en el país de Judá:
1 Tenemos ahora una ciudad amurallada;
1 El ha construido para defendernos
1 no una, sino dos murallas.
2 Abran las puertas para que entre la gente buena,
2 que cumple fielmente 3 y se queda firme.
3 Tú la guardas en paz porque confía en ti.
4 No duden nunca de Yavé,
4 pues Yavé es la Roca para siempre.
5 El doblegó a los que vivían en las alturas,
5 en la ciudadela de la cual nadie podía apoderarse;
5 la derribó, la demolió y la redujo a escombros.
6 Ahora es pisoteada,
6 pasan sobre ella los pies de los humildes y de los pobres.
SALMO 118,8-9,19-2125-27
1 pues su bondad perdura para siempre.
Más vale refugiarse en el Señor
8 que confiar en los poderosos.
19 «¡Abranme las puertas de justicia
19 para entrar a dar gracias al Señor!»
20 «Esta es la puerta que lleva al Señor,
20 por ella entran los justos».
21 ¡Te agradezco que me hayas escuchado,
21 tú has sido para mí la salvación!
25 ¡Danos, oh Señor, la salvación,
25 danos, oh Señor, la victoria!
26 «¡Bendito sea el que viene
26 en el nombre del Señor!
26 Desde la casa del Señor los bendecimos:
27 el Señor es Dios, él nos ilumina».
27 Formen la procesión con ramos en la mano
27 hasta los cuernos del altar.
MATEO 7,21-24,27
21 No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo.
24 Si uno escucha estas palabras mías y las pone en práctica, dirán de él: aquí tienen al hombre sabio y prudente, que edificó su casa sobre roca. 25 Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca. 26 Pero dirán del que oye estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tienen a un tonto que construyó su casa sobre arena.
27 Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbó y todo fue un gran desastre.»
HOMILIA
Isaías 26,1-6: “Que entre un pueblo justo, que observa la lealtad” Salmo 117: Bendito el que viene en nombre del Señor. Mateo 7,21.24-27: El hombre prudente construyó sobre roca.
El evangelio nos presenta en palabras bastante fuertes un reproche que debe confrontar nuestra vida personal, familiar y comunitaria: ¿cuántas veces nos hemos llamado cristianos, seguidores auténticos de Jesús, hemos rezado y participado en muchas celebraciones, pero no hemos sido solidarios con las personas que a nuestro lado nos necesitan? El cristiano de todos los tiempos necesita revisar permanentemente esta situación, confrontarse con el Evangelio y descubrir cuáles son las bases de su vida y de su fe, si lo que piensa está de acuerdo con lo que hace, si existe coherencia entre lo que dice creer y su vivencia de fe.
El tiempo del Adviento es tiempo de tomar en serio nuestra vida y nuestra experiencia de discípulos de Jesús.
Por eso no deja de llamarnos la atención las ideas del profe3ta Isaías. Por ejemplo, hoy nos encontramos con una himno de acción de gracias. No llama la atención que este himno que llama a Jerusalén “fuerte” en oposición a la soberbia de Babilonia.
El himno lo cantan los habitantes de la ciudad, que necesita ser reconstruida y levantar murallas que den garantía y seguridad a Jerusalén. Pero es bueno detenerse a pensar que las murallas, pero pueden convertirse en barrera contra kis humildes. Pero el profeta nos muestra una ciudad donde la ente no v ive en sus propias seguridaddes, sino abierta al mundo. La ciudad se convierte en seguridad también para otros, llamados “pueblos justos” (2). Por eso a sus habitantes se los llama “pueblo justo”, que se mantenido fiel” (2) Solamente con esta apertura al otro, al pobre, los habitantes de la ciudad encontrarán la verdadera salvación y seguridad.
Por eso el evangelio usa dos imágenes antitéticas del hombre prudente y del hombre necio, que representa la alianza de Dios con Israel, fórmulas, que según los diversos testimonios del Antiguo Testamento, concluyen siempre con una serie de bendiciones y maldiciones. Nos dice el evangelio que naturalmente es más cómodo edificar sobre extensas llanuras de arena, pero tales construcciones sin cimiento sólidos están determinadas a ser arrastrados por aguaceros y ventoleras (27). Por consiguiente, es capital la calidad del cimiento; sólo apoyando las obras en una Palabra imperecedera de verdad es como la vida humana logra su realización prescindiendo de exterioridad: “No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos” (21). Este es el pelibro de los primeros carismáticos-entusiasta de la comunidad primitiva buscando milagros y manifestaciones espectaculares. Estos grupos, ayer y hoy, que sólo una obediencia filial y seria a la voluntad del Padre, indica la calidad del seguimiento de los discípulos de Jesús (vea Mateo 7,21-23).

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