4 David le dijo: «Dime, pues, cómo sucedieron allá las cosas». Ese hombre respondió: «El pueblo huyó del campo de batalla, muchos del pueblo cayeron, y también murieron Saúl y su hijo Jonatán».
11 David rasgó su vestimenta, y todos los que estaban con él hicieron lo mismo.
12 Se lamentaron mucho, lloraron y ayunaron hasta el atardecer por Saúl y su hijo Jonatán, por el pueblo de Yavé y por la casa de Is rael que habían perecido a espada.
17 Luego entonó David una lamentación por Saúl y su hijo Jonatán,
18 y ordenó que se la aprendieran los hijos de Judá; es el canto del arco que se puede leer en el Libro del Justo:
19 ¡Ay, la gloria de Israel pereció en los montes!
19 ¿Cómo cayeron esos héroes?
23 Amados y amables eran Saúl y Jonatán:
23 ni la vida ni la muerte pudieron separarlos.
23 Más ligeros eran que las águilas,
23 tenían más fuerza que los leones.
24 ¡Lloren por Saúl, hijas de Israel!
24 Las vestía con ropas de colores,
24 joyas de oro ponía en sus trajes de fiesta.
25 ¡Cómo cayeron esos héroes!
25 ¿Quién hirió de muerte a Jonatán en el combate?
26 ¡Jonatán, hermano mío, por ti tengo herido el corazón,
26 pues te quería tanto! Tu amor era para mí
26 más dulce que el amor de las mujeres.
27 ¿Cómo cayeron esos héroes?
27 ¿Cómo fueron rotas sus armas?
SALMO 80 2-3,5-7
2 Escucha, pastor de Israel, que guías a José como un rebaño, tú que te sientas en los querubines 3 resplandece delante de Efraín, Benjamín y Manasés.
3 ¡Despierta tu valentía, ven y sálvanos!
4 ¡Oh Dios, retómanos en tus manos, haz brillar tu faz y sálvanos!
5 ¿Hasta cuándo, Señor, Dios de los ejércitos, vas a desconsiderar las oraciones de tu pueblo?
6 Le diste por comida un pan de lágrimas, han bebido sus lágrimas hasta saciarse.
7 Somos la presa que se arrebatan nuestros vecinos, y nuestros enemigos se burlan de nosotros.
MARCOS 3,20-21
20 Vuelto a casa, se juntó otra vez tanta gente que ni siquiera podían comer. 21 Al enterarse sus parientes de todo lo anterior, fueron a buscarlo para llevárselo, pues decían: «Se ha vuelto loco.»
HOMILIA
2 Samuel 1, 1-27: ¡Cómo cayeron los valientes en medio del combate! Salmo 79: Que brille tu rostro, Señor, y nos salve. Marcos 3, 20-21: Decían que estaba fuera de sí.
Hoy se nos plantea un gran problema a todos porque muchos creen todavía en el sistema defendido por tantos, que no buscan el plan de Dios si no su conveniencia. Como los discípulos se encuentran con elo gran problema que significa Jesús, no lo pueden entender su posición y hasta como su misma familia lo buscan pero para llevárselo con ellos para que no siga poniendo las cosas en el plan del Padre, que se opone a los planes que ellos tienen.
Al enterarse sus parientes de todo lo anterior, fueron a buscarlo para llevárselo, pues decían: «Se ha vuelto loco.» Se ha vuelto un peligro para todos comenzando con su familia. También envuelven a su madre. No es que María estuviera en contra de Jesús. No basta leer su canto en la casa de Isabel para quitarnos los pensamientos de la cabeza.
Jesús, con su acción y su palabra, desafía el orden legalmente establecido. Su forma de actuar, se convierte en una amenaza para la autoridad política del momento, en blasfemia para el aparato religioso y en vergüenza para los más cercanos a él, su familia. Hoy vemos como la familia de Jesús corre en su búsqueda, con el único deseo de detener su acción en medio de aquella sociedad. Jesús no es comprendido por los de su tiempo, tampoco por su familia, que se encontraban envueltos en los enredos socio-religioso de entonces. Él, que era un líder social y religioso, vive en carne propia el rechazo y la incomprensión de los suyos. La gente está tan conforme con la realidad que vive, que no se imaginan, algo nuevo, no quieren conocer nuevas realidades, ni de Dios, ni del ser humano, ni de su sociedad. Por eso hasta su familia lo busca, lo quieren encerrar, porque todos dicen que está fuera de sí, que está loco.
El gran problema de Jesús es enfrentar al orden establecido, sabe que tendrá que pagar muy caro las estructuras de poder. No cuenta ni siquiera con los más cercanos. La pregunta es clara para nosotros: ¿También para nosotros?
Exige valentía el responder a esta pregunta, pero dejémonos guiar por la Palabra de Dios que hemos escuchado hoy. Comenzamos hoy el Segundo Libro de Samuel, después de leer brevemente el Primero. El texto comienza presentando la derrota de Saúl, o mejor el sincero lamento de David por este triste acontecimiento. El canto fúnebre parece una elegía guerrera, desprovista de elementos religiosos. Primero, muestra las vicisitudes del pueblo del Señor; el pueblo liberado de Egipto constituido por una relación de alaianza con Dios y suspendido siempre del hilo de su gracia y su juicio. El lamento de David es una toma de conciencia de la situación irredenta en la que vive Israel en ese momento, dependiente aún de los filisteos.
Al mismo tiempo el canto revela la nobleza del ánimo de David, el elegido del Señor; preocupado por el pueblo, capaz de admitir la relativa grandeza de sus adversario, capaz de sentir ternura fiel hacia su amigo Jonatán. La lamentación del pueblo es releída por el Señor como invocación en una dura prueba de fe.
El evangelio es bien breve pero nos presenta la presencia y la actividad del Señor después de las escaramuzas descrita en las secciones anteriores, y adquieren una resonancia notable. Tenemos que entender bien claro que el clamor y la atención de la gente no conducen necesariamente a la fe. Jesús tiene que caer frente a los primeros rechazos serios. Primero de sus mismos familiares y parientes, que preocupados por el buen nombre de la familia emprenden medidas drásticas para resolver una situación que resulta, por lo menos embarazosa. No basta la consanguinidad para crear una simpatía con el Evangelio; es necesario formar parte de la consagui-nidad por la gracia y la fe.. El amigo de Dios deberá encontrar, necesa-riamente aislamiento y hostilidad a veces, le vendrá la desconfianza de donde menos podría esperarla. ¡Qué doloroso es sentirse juzgados mal por nuestros propios allegados. Se hacen añicos las expectativas de los familiares o de los amigos porque somos diferentes de cómo ellos nos habrían querido y se “nos marca” como personas extrañas, como afectadas por perturbaciones psíquicas. Por eso tendremos que decirle a Dios como Samuel hoy, porque repetimos y vivimos hoy la Palabra: “Concédeme, Señor, el don precioso que es un amigo.” (2 Samuel 1,26) Es el pensamiento de David acerca de su amigo Jonatán.
ORACION
Te doy gracias, oh Dios, por todos áquellos que me has ado como amigos y por todos aquellos de quines me has hecho amigos: hombres y mujeres que con su prudencia fiel, me han hecho conocer algo de mí mismo y algo de ti.
Te doy gracias por la alegría que han proporcionado a mis días y también por el dolor que hemos soportado juntos. Con ellos he aprendido que todo lo que comparto resulta multiplicado y que “dar” sin esperar nada a cambio se transforma en un “recibir” rebosante.Te doy gracias por todos y cada uno de mis amigos, cada uno con su particular modo de ser luz de amor y de esperanza en mi historia. Y quisiera pedirte por quienes no han conocido la amistad o ya no consiguen fiarse después de una experiencia de amistad traicionada. Hazte reconocer –siempre- a cada amigo herido tal como eres: como el Amigo. Jesús, haz resonar en el corazón de todos aquellas palabras que dijiste un día a tus discípulos: “Os he llamado amigos.”

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