Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 25 de enero de 2010

ENERO 25, 2010

PALABRA DE VIDA
HECHOS DE LOS APOSTOLES 22,3-16

«Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad. Teniendo a Gamaliel de maestro, fui instruido en la Ley de nuestros padres en la forma más seria, y era un fanático del servicio de Dios, como ustedes ahora
4 Así que perseguí a muerte a este camino e hice encadenar y meter en la cárcel a hombres y mujeres; 5 esto lo saben muy bien el sumo sacerdote y el Consejo de los Ancianos. Incluso me entregaron cartas para nuestros hermanos de Damasco, y salí para detener a los cristianos que allí había y traerlos encadenados a Jerusalén para que fueran castigados.
6 Iba de camino, y ya estaba cerca de Damasco, cuando a eso de mediodía se produjo un relámpago y me envolvió de repente una luz muy brillante que venía del cielo. 7 Caí al suelo y oí una voz que me decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» 8 Yo respondí: «¿Quién eres, Señor?» Y él me dijo: «Yo soy Jesús el Nazareno, a quien tú persigues.»
9 Los que me acompañaban vieron la luz y se asustaron, pero no oyeron al que me hablaba. 10 Entonces yo pregunté: «Qué debo hacer, Señor?» Y el Señor me respondió: «Levántate y vete a Damasco. Allí te hablarán de la misión que te ha sido asignada.»
11 El resplandor de aquella luz me dejó ciego, y entré en Damasco llevado de la mano por mis compañeros. 12 Allí vino a verme un tal Ananías, un hombre muy observante de la Ley y muy estimado por todos los judíos que vivían en Damasco. 13 Me dijo: «Saulo, hermano mío, recobra la vista». Y en el mismo instante pude verle.
14 Entonces agregó: «El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, veas
15 Con todo lo que has visto y oído serás en adelante su testigo ante las personas más diversas. 16 Y ahora, ¿a qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su Nombre.»

SALMO 117,1-2

1 ¡Alaben al Señor en todas las naciones,
1 y festéjenlo todos los pueblos!
2 Pues su amor hacia nosotros es muy grande,
2 y la lealtad del Señor es para siempre.

MARCOS ¡6,15-18

15 Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación.
16 El que crea y se bautice, se salvará; el que se niegue a creer será condenado.
17 Estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán con sus manos serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán sanos.»

HOMILIA
Hechos 22,3-16 Levántate, recibe el bautismo que, por la invocación del nombre de Jesús, lavará tus pecados
Salmo 116: Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio. Marcos 16,15-18: Final del Evangelio de Marcos, envío misionero universal.

Nosotros tememos hoy el peligro de olvidar de donde hemos venido y de nuestra originalidad. En los primeros tiempos los cristianos vivían como una comunidad carismática, basada en el testimonio y la vida de otros cristianos. Pero hoy, tenemos la Palabra que nos viene no solamente del testimonio de los apóstoles sino nde la acción viviente del Señor, la Palabra que él nos ha heredado. Al principio losw cristianos siendo miembros vivos del Cuerpo de Cristo Místico vivían del gozo y el testimonio del Señor Resucitado, ayudados con la fuerza de la comunidad.

La fiesta de hoy, la conversión de Pablo que se vuelve la Palabra viviente del Señor en medio de las primeras comunidades. El nos dio un elemento importante para la comunidad, asumió la fe en Cristo sin miedo a la persecución y a la muerte, funda innumerables comu-nidades, y sobre todo con él se inicia el camino del Evangelio hacia el mundo gentl, lo que dio fuerza a los discípulos de la Iglesia. Allí nestá la guía de Dios y de su Espíritu, y en Pablo el perseguidor del cristianismo, harán posibles de él, el mundo no judío conozca la Buena Noticia de Jesús el Cristo. Para Pablo no importa lo que haya pasado, pues como él mismo lo hizo siguió el mandato de Jesús “vayan por el mundo proclamando la Buena Noticia a la humanidad.” Tenemos que reconocer que Dios tiene mejor imaginación que nosotros y siempre va a encontrar, como lo hizo con la vida de Pablo, los múltiples caminos para revelarse a la humanidad. Lo sabemos bien que revelarse a la humanidad es buscar su salvación, Pablo nos dio y dejó un ejemplo de esto.

Pero veamos como esto encontró su realidad en la vida de pablo y en el mensaje de Marcos. Port eso hoy nos encontramos con uno de los tres relatos de la conversión de Pablo. Pueden ver los otros en Hechos 9, y Hechos 26) Con eso Lucas nos adorna, y él escribe alrededor de los fines del siglo primero. Esto es lo que la primera comunidad conocía de Pablo. Todos conocemos, porque es parte de la Buena Noticia, la conversación de Jesús con Pablo en el camino de Damasco. Ambos se conocen recíprocamente allí. Es un primer paso a su unión posterior y que Lucas se encarga en unirlo en un simple pregunta de Pablo: “?Qué debo hacer, Señor” (10). Pablo está subyugado por el poder del Señor. Su salvador y maestro. Y desea seguir de una manera completa en hacer de su vida según su voluntad, y el proyecto del Resucitado. Al fina encuentra la misión el que ha conocido la voluntad de Dios y ha visto al justo, recibiendo su Palabra de su misma boca, se vuelve testigo de los que ha visto percibiendo la Palabra de su misma boca, y se vuelve ahora testigo de las cosas que ha visto y oído ante todos los hombres. Ser misionero e3s ahora el único de vivir para Pablo.

Y esto está unido con la orden del Señor a los discípulos en el evangelio de hoy. Lo mismo es lo que el Señor dirigió a Pablo. Aunque Pablo no pertenece a los Doce, es autentico apóstol de Jesús, las Palabras de Jesús de hoy también se dirigen a Pablo. El Resucitado afirma en primer lugar un mandato: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura.” La orden no deja sitio a ninguna interpretación, pide sumisión y espera obediencia. Dios tiene el proyecto de salvar a la humanidad por medio de sus colaboradores y Jesús sigue teniendo necesidad de misioneros testigos.

El hecho de la salvación _y este3 es el segundo dato que nos ofrece Jesús- es fruto de la predicción y se lleva a cabo mediante el acto de fe del que escucha: “El que crea y se bautice se salvará.” (16) Sin escuchar la fe no hay ninguna posibilidad de salvación (16). Dios que nos ha creado sin ningún consentimiento de nuestra parte, no quiere salvarnos sin nosotros. Y sus últimas palabras contienen una promesa: “A los que crean, les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas…(17) y por estos signos podrán los seres humanos reconocer la presencia consoladora de Dios en medio de nosotros.

Pablo es el testigo que nos enseña que creer implica, ante todo “encontrar personalmente a una persona,” al Dios hecho hombre, Jesús de Nazaret. No se cree en una doctrina, en una fórmula, en un sistema sino en una persona, la única digna de ser creída. Y siempre la fe cristiana se traduce en “misión”, el ejemplo de Pablo es claro y decisivo. Quien ha recibido la don de la salvación en Cristo se siente impulsado íntimamente a darlo a los otros.

Por eso por Pablo nos atrevemos a mencionar el poder de la Palabra: “Para mi la vida es Cristo y el morir una ganancia.” (Filipense 1, 22)

ORACION
Oh Padre, Dios de infinita bondad y misericordia, concédenos caminar fielmente a ejemplo de San Pablo, por el camino que nos has abierto en Cristo Jesús. Haz, oh Dios, que nuestros caminos –como el de Pablo- se crucen con el tuyo, el que nos has indicado en Cristo, tu Hijo, y en el cristianismo. Que, como el apóstol Pablo, queramos caminar con Jesús y seguir sus pasos hasta que lleguemos a ti, meta última de nuestra vida, meta esperada y suspirada.

Concédenos, oh Padre, andar juntos por este camino bendecido por ti, a fin de que ninguno de nosotros se pierda y nuestra comunión celestial pueda ser; en el tiempo, signo que manifieste aquella comunión que gozaremos juntos a ti en la eternidad bienaventurada.



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