Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 16 de marzo de 2010

MARZO 16, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Ezequiel 47, 1-9. 12

Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente
En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear. Me dijo entonces: - «¿Has visto, hijo de Adán?» A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. Me dijo: - «Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.».

Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9
El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra, y los montes se desplomen en el mar.
. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora.
El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra.

Juan 5, 1-3. 5-16

Al momento aquel hombre quedó sano
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: - «¿Quieres quedar sano?» El enfermo le contestó: - «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.» Jesús le dice: - «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.» Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: - «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.» Él les contestó: - «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.» Ellos le preguntaron: - «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?» Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: - «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.» Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
HOMILIA

Ezequiel 47,1-9.12: Vi que manaba agua del lado derecho del templo. Salmo 45: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Juan 5,1-3.5-16: Al instante aquel hombre quedó sano.

Jesús es el que aparece en nuestras vidas cuando lo necesitamos. Como decíamos ayer. él es el ”hoy y aquí” de nuestras vidas. Como dice Ezequiel hoy, él es como el agua del templo, y como nos dice Juan, es la curación en la piscina. No le importa el tiempo en que aparece, el profeta debe recorrer las aguas del templo, y el paralítico debe esperar por años que le llegue el tiempo encontrarse con él. Ni siquiera sabe quien es este personaje. A todos los toca la misma experiencia del Ezequiel o del para-lítico. Ellos dos no podían ver las acción es de Dios y de Jesús, pues Ezequiel tiene que enfrentar el agua y darse cuenta que ya no puede permancer en el agua, y el paralítico tiene que esperar años para encontrar aquel, que ni él conoce que le pueda dar el mandato “levántate y anda”, y le puede dar la misma orden: “no peques más, no sea que te ocurra algo peor.” Ninguna acción de Dios le habá tocado, uno tras otro se sucedían los años, pero la fiesta de la liberación no había llegado a aquel hobre. Ahora sí y la ha aceptado con alegría. Obedece a Jesús, no le preocupa la ley del sábado.

Su situación era inmutable, pero no ya y ahora.No hay ningún protocolo de Jesús, simplemente se cumple para él lo que tantos en el pueblo que sed encuentra postrado a la espera de alguien que se acuerde de él. Para él llega el momento, hay alguien que se acuerda de él. Jesús es el de siempre, “ordena” y esta orden de Jesús es cumplida por el paralítico, toma su camilla y marcha a casa. «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.» No le importa el escándalo de los maestros de la ley, porque para el paralítico la única práctica religiosa, no es el sábado, sino las palabras que le ha dicho Jesús. Inclusive se alegra de romper el sábado, cuando le preguntan, la respuesta es clara y sencilla, las palabras que le ha dicho “aquel que ni él sabe quién es.”

Jesús renueva esta sucesión inmutable de cosas. Ni siquiera tiene en cuenta que el “procedimiento” es meter al enfermo en la piscina, no tiene sentido para él ese “protocolo”; prescinde de esa imagen porque tal vez es precisamente el lugar, como elemento simbólico, que mantiene al pueblo postrado a la espera de que alguien se acuer-de de él. No le importa el escándalo de los fariseos, “los guardianes de las prácticas religiosas,” porque para el paralítico la única práctica religiosa, no es el sábado, sino las palabras que le ha dicho Jesús. Inclusive se alegra de romper el sábado, cuando le preguntan, la respuesta es clara y sencilla: “el que me curó me lo dijo.” Lo que le importa es que se lo ha dicho aquel a quien él no conoce, y no le preocupa infringir nada menos la ley del sábado.

Pero Jesús sabe bien lo que le ha dicho, y le advierte: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»

Jesús retoma a las palabras de Ezequiel. El sabe bien que el agua es signo de vida, y esto sucede junto a la piscina de Betseda. Es una fuente de energía como nos dice el Génesis 26, 15-33, con los pozos que tenían las aguas que los siervos de Isaac habían abierto en el desierto. Jesús lo sabe y el paralítico lo sabe, el Agua es vigor, fuerza y fuente de existencia. Jesús habrá recordado al entrar en la piscina, que el agua que salía del Edén al comienzo de la creación y que se detuvo por el pecado de Adán, y que surge de nuevo en el desierto durante el tiempo del Éxodo, pero brotaba en la roca y se abre en doce ríos y aparece ante Ezequiel, como una sola corriente, que sale del templo del Señor. Es agua que crece y fluye con la abundancia por doquier. (Ezequiel 47,1-9,12).

El evangelio habla de la piscina de Betseda, que significa “casa de gracia” que subre a la ciudad santa con motivo de la fiesta de Pentecostés anta un hombre que lleva treinta y ocho años paralítico. Los años tienen un valor simbólico. Tal vez Juan ha tomado esto del libro del Deuteronomio, para simbolizar a un hombre enfermo que en el fondo representa al pueblo de dios, a quien Jesús ha venido a ofrecer la salvación (Deuteronomio 2,14). Juan utiliza una actualización de la Palabra para expresar la salvación del paralítico, obra llevaba a realización por Jesús.

La curación que hace Jesús sucede en sábado, pues el Maestro de Nazaret e interpreta de manera nueva la ley del descanso. La obligación del descanso sabático no debe impedir al hombre hacer el bien, y cura al hombre con la autoridad de su Padre. Para esto lo ha enviado el *adre y todo el mundo debe creer en él como el enviado de Dios para tener la vida. Y esto interpreta la salvación que acontece en y por la persona de Jesús. Esta salvación es lo que acentúa Juan en la piscina de Betseda (Juan 5,1-3, 5-16).

Oramos hoy por tu bondad y piedad con nosotros con las oraciones que usamos en este tiempo de Cuaresma y aclamamos y celebramos elo memorial de nuestra reconciliación.

ORACION

Te damos gracias Padre fiel y lleno de ternura, porque tanto amaste al mundo, que le has entregado a tu Hijo para que fuera nuestro salvador y nuestro hermano.

El manifiesta su amor para con los pobres y los enfermos, para con los opequeños y los pecadores.
El nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano; su vida y su palabra son para nosotros la prueba de tu amor; como un padre siente ternura por sus hijos, así tú sientes ternura por tus hijos.

Por eso te alabamos y glorificamos, y cantamos tu fidelidad y bondad.

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