Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 23 de marzo de 2010

MARZO 23, 2010

PALABRA DE VIDA


Números 21, 4-9

Los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirar a la serpiente de bronce
En aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edom. El pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: - «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.» El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: - «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.» Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: - «Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.» Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

Salmo 101,2-3. 16-18. 19-21
Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti.
Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti; no me escondas tu rostro el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame en seguida.
Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión y aparezca en su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones.
Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

Juan 8, 21-30

Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: - «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.» Y los judíos comentaban: - «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: "Donde yo voy no podéis venir vosotros"?» Y él continuaba: - «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo SOY, moriréis por vuestros pecados.» Ellos le decían: -«¿Quién eres tú?» Jesús les contestó: - «Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría de-cir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.» Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.» Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.
HOMILIA
Números 21,4-9: Los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirar a la serpiente de bronce Salmo 101: Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti. Juan 8,21-30: Muchos creyeron en él

Las lecturas de hoy nos ponen en claridad lo que Jesús comenzó ayer. Es típico de Jesús el hecho de su enseñanza de hoy, para probarles que sus enemigos viven en las tinieblas. Juan nos presenta a Jesús que nos trajo el relato de la mujer adultera, y esto le da a Jesús la oportunidad de proclamarse a sí mismo como la Luz, ayudado por la experiencia del templo que celebra la fiesta “de las chozas” que es el tiempo en que celebran las luchas en Israel desde Egipto a la tierra prometida. Y Jesús usa esa oportunidad en el templo de Jerusalén.

Jesús presenta su lucha contra los dirigentes judíos que no entienden el contenido profundo de sus palabras. Muestra la diferencia que existe entre sus interlocutores y él, “ustedes son de aquí abajo, pero yo soy de arriba: ustedes son de este mundo, pero yo no soy de este mundo.” Hay un gran distancia entre ellos y él, pues los intereses son tan distintos; mientras Jesús se esfuerza por la transparencia en el mundo de la obra de Dios, su proyecto de amor y de acogida para todos sin distinción; ellos se mantienen aferrados a sus propios intereses, que no les permiten descubrir en el diario acontecer la presencia y manifestaciones de Dios. Este es el pecado que Jesús considera que ellos viven, por les eso profetiza el pecado en que viven si no creen “que yo Soy.” Ambos tienen intereses distintos, Jesús busca la obra de Dios en el mundo, ellos se mantienen aferrados a sus propios intereses que no le permite ver en el diario vivir las manifestaciones de Dios, y por eso les vaticina que “morirán en sus pecados si no creen que yo Soy”

Ya lo empezamos a ver en las dos lecturas, en el libro de los Números representado en las serpientes de bronce en el desierto. Y en el evangelio el hecho de que Jesús es levantado en alto el Viernes Santo en el Calvario.
Las serpientes en el Antiguo Testamento es el producto de la opresión y la esclavitud, los desencantos y la desesperanza. Los hombres de Israel son mordidos por los mismos hombres. Las serpientes de la vida envenenan con su lengua los destinos de la humanidad y Dios tiene misericordia de los suyos. El signo de la serpiente levantada es el signo de la vida, por eso cuando los hebreos eran mordidos por las serpientes y miraban la serpiente levantada por Moisés y todos quedan curados (Números 21,4-9).
Pero también Juan usa a las serpientes para expresar la glorificación de Cristo en la cruz. Lo dice Juan “Cuando vosotros elevéis al Hijo del hombre, entonces sabréis que soy yo.” *Isaías usa el nombre revelado a Moisés en el Éxodo 3,14 y usado por Juan (8,28). No sólo él pertenece al mundo de lo alto, sino que ha descendido sobre la tierra y Dios le ha concedido “un Nombre sobre todo nombre” (Filipense 2,9). Tres veces repite Jesús la fórmula “cuando sea levantado en alto conoceréis que yo soy” (Juan 3,14: 8,24; 12,32).. En Juan se reconoce una vez que los judíos serán responsables de esta elevación sobre la cruz, cuando Juan habla de los judíos que conducen a Jesús para crucificarlo (Juan 8,28).

Cristo es el Hijo del hombre que ha descendido del cielo y “será elevado” en lo alto de la cruz. Y él podrá apropiarse el Nombre divino por excelencia “Yo soy” y es el nuevo Moisés anunciado (Deuteronomio 18,18). El pecado judío es rechazar la divinidad de Jesús, a quien Dios le ha concedido el Nombre. Y éste puede ser nuestro propio pecado al no reconocer a Jesús por el traspasado por nuestros pecados, pero librfe para redimir al hombre, como nuestro verdadero redentor. El es el Crucificado por nuestros pecados y muerto para nuestra libertad. Su muerte es un grito a la vida, como garantía de la resurrección (Juan 8,21-30).

ORACION
Por la pasión de tu Hijo sé propicio a tu pueblo, Señor, concédenos, por esta celebración que actualiza el único sacrificio de Jesucristo, la misericordia que no merecen nuestros pecados. Por Jesucristo. Amén. (Oración de las ofrendas, el Viernes Santo.

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