Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 22 de marzo de 2010

marzo 22, 2010

PALABRA DE VIDA

Daniel 13, 41c-62

Ahora tengo que morir, siendo inocente
En aquellos días, la asamblea condenó a muerte a Susana. Ella dijo gritando: - «Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí.» El Señor la escuchó. Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios movió con su santa inspiración a un muchacho llamado Daniel; éste dio una gran voz: - «¡No soy responsable de ese homicidio!» Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron: - «¿Qué pasa, qué estás diciendo?» Él, plantado en medio de ellos, les contestó: - «Pero, ¿estáis locos, israelitas? ¿Conque, sin discutir la causa ni apurar los hechos condenáis a una hija de Israel? Volved al tribunal, porque ésos han dado falso testimonio contra ella.» La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron: - «Ven, siéntate con nosotros y explícate, porque Dios mismo te ha nombrado anciano.» Daniel les dijo: - «Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar yo.» Los apartaron, él llamó a uno y le dijo: - «¡Envejecido en años y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: "No matarás al inocente ni al justo. " Ahora, puesto que tú la vis-te, dime debajo de qué árbol los viste abrazados.» Él respondió: - «Debajo de una acacia» Respondió Daniel: - «Tu calumnia se vuelve contra ti. El ángel de Dios ha recibido la sentencia divina y te va a partir por medio.» Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo: - «¡Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad. Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?» Él contestó: - «Debajo de una encina.» Replicó Daniel: - «Tu calumnia se vuelve contra ti. El ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros.» Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión. Según la ley de Moisés, les aplicaron la pena que ellos habían tramado contra su prójimo y los ajusticiaron. Aquel día se salvó una vida inocente.
Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí, nfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mí copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Juan 8, 1 -11

El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se Presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron: - «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: - «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: - «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: - «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: 1 -«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

Daniel 13,1-9.15-17.19-30.33-62: Ahora tengo que morir, siendo inocente Salmo 22: Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo. Juan 8,12-20: Yo soy la luz del mundo

Nosotros caminamos en el tiempo de Cuaresma y nuestro objetivo es la Pascua. Tendremos que darnos cuenta de esto si queremos entender esto que estamos recorriendo que llamamos Cuaresma. De lo contrario será siempre creernos que nos hemos decidido por el Señor, pero en el fondo estamos haciendo que los judíos que sed encontraron con Jesús, que habá venido por ellos, pero como vemos en los evangelios que hemos leído en esta cuaresma, que eran ilusiones y que no estaban decididos a aceptar lo que él vino a traerles de parte de Dios. Jesús le dijo algo que nunca lo entendieron y la confirmación de esto es que lo colgaron en la cruz, se burlaron de él y al verlo muerto unos volvieron a su casa con cierta actitud, que tampoco entendía o como los jefes de Jerusalén que se atrevieron a decirle a Pilatos, “ese impostor nos dijo que al tercer día resucitaría… y le pidieron que mandara soldados al sepulcro no fuera que los discípulos lo robaran y dijeran que había resucitado…” Pilatos que era como ellos les creyó y mandó soldados a cuidar el sepulcro de Jesús.
Nosotros no nos atrevemos a decir lo mismo, pero a lo mejor vamos a celebrar la Pascua, como si nada hubiera pasado. Y vamos a renegar de la verdad fundamental de la Pascua. “Dios salva siempre, nunca condena. Es algo e todos los días, pedimos perdón a Dios antes de comenzar la misa, perdón en el cual no creemos, lo decimos sí, pero no lo creemos. Vamos a cantarle a Dios una de las grandes mentiras “perdona a tu pueblo, perdónale, Señor…” todavía bautizamos para el perdón de los pecados, pero a los que bautizamos son infantes. Pero nos da miedo pensar en eso, él no vino a perdonar sino a abrirnos la vida que dura para siempre.
Por eso, Jesús en el templo después de la derrota de sus adversarios se proclama como la Luz del mundo. Pero Juan ha mostrado un caso de oscuridad, pero que les importaba Para ellos es una mujer pecadora y como Daniel el profeta le cuesta convencer al pueblo que ella no era una pecadora. Los judíos se encuentran con una pecadora, cosa que Jesús no niega, pero dios y él vino en nombre de Dios sólo v ino a salvar, porque él como su Padre nunca condena. Las leyes de Dios que buscaban la concordia y la armonía entre el pueblo, ellos las han convertido en un yugo que esclaviza. Pero Jesús con sue enseñanza recupero la luz para quienes creen en Dios y Jesús se autodefine como la luz y por eso ellos le exigen un testimonio; que acredite su autoridad para enseñar y para realizar las acciones que realiza. Ellos necesitan hacer cumplir la ley de Moisés, que exigir que todo testimonio tenía que ser acreditado por dos testigos. Pero Jesús se apoya en el testimonio de sus propias obras, y en el respaldo de sus propias obras y en el respaldo de su propio Padre, porque Dios salva siempre, nunca condena.

Jesús con su enseñanza recupera la luz para los que creen en Dios, y con ello da testimonio de sus propias obras y con ello da por cumplida la ley que ellos exigen, basadas en el Deuteronomio 17,6;19,15.
Nuestro mundo sigue necesitando de esa luz que es Cristo, sus enseñanzas y sus obras. Y para esto tendríamos que estar allí, los que por el bautismo hemos sido incorporado a su vida


Con su enseñanza Jesús recupera la luz para quienes creen en Dios. Jesús se apoya en el testimonio de sus propias obras y en el respaldo de su propio Padre, y con ello da por cumplida la ley que ellos exigen basados en Dt 17,6; 19,15.
Nuestro mundo sigue necesitando de esa Luz que es Jesús, sus enseñanzas y sus obras. Y para eso tendríamos que estar ahí, los que por el bautismo hemos sido incorporados a su vida.
Por eso la historia de Susana es una actualización salvífica. El profeta Daniel afirma lo que leemos a lo largo de la Biblia: Dios salva siempre, nunca condena. Los hombres somos muchas veces los jueces falsos de las acciones humanas. Juzgamos con los defectos del prójimo y murmuramos. Sabemos que la imaginación es la loca de la casa y hacemos de las apariencias juicios temerarios que hieren la intimidad de las personas, destruyen los derechos fundamentales de la personalidad, es decir, el derecho a la fama y el honor. Dios quiere una vida construida en la verdad y la esperanza para manifestar la luz y la salvación. Lo hemos escuchado hoy, (Daniel 13,1-9, 15-17, 19-30,33-62).

Juan nos muestra en el evangelio la obra de Jesús como luz del mundo. Para esto se vale del símbolo de la luz y la misión de Jesús. La Luz es el nombre propio de Jesús, se refiere a su esencia. Y la luz es símbolo de la vida. Y esas realidades se comunican a sus discípulos. Jesús mismo es la es la luz y la vida, con la cual el hombre es dignificado en su naturaleza porque Dios mismo se ha hecho hombre. Y como dice el Concilio Vaticano II ”revela al hombre al mismo hombre”. (Documento Gaudium and spes 22.)

OREMOS

Y ahora, Señor, mientras ofreces a tu pueblo un tiempo de gracia y reconciliación, lo alientas en Cristo para que vuelva a ti, obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo, y se entregue al servicio de todos los hombres. Haz que seamos santos para que unamos nuestras voces a los de los coros celestiales para cantar la grandeza de tu amor y proclamar la alegría de nuestra salvación. Amén.

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