Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 23 de octubre de 2010

TIEMPO ORDINARIO OCTUBR 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,7-16
A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la Escritura: «Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres.» El «subió» supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos para llenar el universo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina, en la trampa de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor.
Salmo 121,1-2.3-4a.4b-5
Vamos alegres a la casa del Señor¡ Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor.
Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,1-9)
En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.» Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?" Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas."»
HOMILIA

Efesios 4, 7-16: Cristo es la cabeza; de él todo el cuerpo se procura el crecimiento Salmo 121: Vamos alegres a la casa del Señor. Lucas 13, 1-9: Si no se arrepienten, perecerán de igual manera
En la lectura del Evangelio de hoy, que está compuesto de dos partes, en la primera encontramos una exhortación al arrepentimiento, la segunda es una parábola que nos habla de la compasión tan exigida en el seguimiento de Jesús y la crítica al disciúlado pasivo, timorato e improductivo. Lucas nos pone con una de las actitudes fundamentales del discipulado cristiano: el arrepentimiento y la consiguiente recon-ciliación, mostrándonos que Jesús es compasivo y misericordioso, pero no blandengue ni mucho menos alcahuete. Lo que propone Jesús es un cambio de de mentalidad que nos lleva a los seres humanos a cambiar las bases de las relaciones interpersonales y comunitarias, haciéndolas relaciones en resistencia no violenta, justas y generadora de vida digna. La parábola de la higuera viene a dar la profundidad que necesita el discípulo de seguimiento, exigiéndole la tarea de poder dar frutos nacidos de la semilla del evangelio. Aunque dichos frutos requieren tiempo, y de condiciones apropiadas para madurar todo tiene un límite. El fruto vendrá cuando la Palabra de Dios se ponga en maduración cuando demos abundantes frutos de solidaridad y de fraternidad.

Si recordamos la enseñanza de Pablo, donde hablaba de la belleza e importancia que tiene sentirnos partícipes de un solo cuerpo, la Iglesia, y ha exaltado la dimensión de la unidad. Pero ahora habla de a favor de la variedad y riqueza de los dones, que, distribuidos por Cristo en us ascensión alñ cielo, quedan personalizados.

Pablo ejemplifica diciendo que Jesús, después de haber subido por encima de todo para “llenar” –de vida y gracia sobreabundante, como es obvio- todas las cosas, hallamado a algunos para entregarles el don de constituirles apóstoles, ha llamado a otros para constituirles profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y doctores. Cada uno tiene un don relacionado con su tarea específica, pero todos y todo está ordenado, a continuación, al crecimiento armónico del “cuerpo de Cristo” (12), que es la Iglesia, Los individuos están dotados de su carisma para beneficio de toda la comunidad cristiana. En la medida en que cada uno los administre como es debido, obrando “ con autenticidad el amor” (15) todos y cada uno realizará “en plenitud la talla de Cristo” (13), que procede de ir constantemente a él, “que es la cabeza” (15b).

Pablo habla de la belleza de la plenitud de la talla que procede de vivir de manera solidaria, en beneficio del crecimiento de todo el cuerpo presidio por la caridad. Pablo denuncia contra lo que pone en guardia, es el desordenado e infantil dejarse llevar por todas las olas y todos los vientos de pensamiento que estén de moda, arrastrados por hombres que obran el engaño con tal astucia que, casi sin que medie pensamiento alguno, y lleva al error (14)

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