Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,5-13):
Estos días nos encontramos con fiestas especiales. Este día nos encontramos con la fiesta del Santo Rosario. Este día el evangelio nos pone de cara con la necesidad de perseverar en la oración. La invitación de Dios es bien clara: toar conciencia de la misericordia y la disposición de El para responder a las demandas de sus hijos en el arduo proyecto de seguir posibilitando su reinado en el mundo de los seres humanos. Nos ha prometido que hará cosas buenas con los discípulos de su Hijo Jesús. Por eso, como respuesta a la oración de la comunidad creyente, que desea vivir, orar, predicar, y compartir el mismo destino del Mesías. Dios le otroga el don del Espíritu Santo, valentía, fortaleza, testimonio, capacidad de servicio, perseverancia, para hacer del evangelio una realidad viva y eficaz.
Jesús nos orienta a lo que es realmente: el “reino de Dios”, donde compartimos la relación con el Padre, Dios, manifestado en él, sin olvidarnos que dicha relación no puede estar separada de la misericordia con los demás seres humanos que se relacionan con El.
A pesar de que el rosario parezca un elemento piadoso tan caracterizadamente católico romano, y a pesar incluso de que en los oscuros tiempos tardo-medievales fuera tomado como signo de la ayuda de María a las tropas cristianas contra los musulmanes (batalla de Lepanto), los estudios dicen que en realidad el rosario fue “fundado por Santo Domingo (de Guzmán)”, sino que fue “importado” en la época de las cruzadas, en el contacto (¡bélico!) de los cristianos con los musulmanes, que tienen una práctica piadosa semejante. Y dice la antropología histórico-cultural que los musulmanes lo tomaron a su vez del Asia Central, probablemente de un uso hindú, y que el hinduismo también lo llevó a Japón...
Es decir, que el rosario no es tan católico, o que el catolicismo no fue su original, pues como todas las relaciones, ha sido elaborado (o sea se ha desarrollado y ha evolucionado) bajo la ley común sin sincretismo. Todas las religiones han aprendido de otras. Es decir, el rosario no es tan católico, o el catolicismo no es tan original, porque se ha elaborado y aprendido de otras. Todas las religiones cumplen la misma función, -aunque sean bien diferentes y que todas nos han enseñado- la teología de pluralismo religioso: que todas las religiones cumplen la misma función aunque sean bien diferentes y que todas pueden aprender críticamente de las otras.
Pero volvamos a las lecturas del día de hoy, y nos dice algo referente a esto como es la gran inventiva airada de pablo a los gálatas, pero tenemos que recordar que este maestro y padre de su fe vive para comunicar su convivencia fundamental (2,20). Vean lo que dice: sin embargo, que Dios salva al hombre no por el cumplimiento de la Ley, sino a través de la fe en Jesucristo. Así que nosotros hemos creído en Cristo Jesús para alcanzar la salvación por medio de esa fe en Cristo y no por el cump0limiento de la Ley. En efecto, por el cumplimiento de la Ley ningún hombre alcanzará la salvación. (2,16) Pablo interpela a los gálatas para que reflexionen sobre su insensatez: la de volver a ser deudores de la Ley, como si no hubieran conocido “a Jesucristo clavado en una cruz” (3,1), fuente única de la salvación. Pablo sabe que es posible vivir en este mundo, que es posible vivir en la carne (o sea, plenamente encarnados en la propia realidad física, psíquico y socio-cultural) aunque viviendo al mismo tiempo “creyendo en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mi” (2,20). Y el horizonte cambia por completo Es como pasar de una cámara en la que estamos obligados a accionar una manivela para poder respirar a un lugar abierto inundado por el sol y por el vivificante aire del mar.
Por eso Dios concede el Espíritu y obra maravilla (ver 3,5) también entre los gálatas obra en orden a un “creer” que se vuelve operativo, luego en la caridad. Está claro el hecho de que los gálatas crea en Cristo y su evangelio, anunciado por Pablo, no significa ue deben omitir el cumplimiento de los mandamientos de la Ley (no robar, no levantar falso testimonio, no atentar contra nuestra propia vida ni contra la de los otros, etc.) Creer significa como dice Pablo, ser crucificados en nuestra propia parte egoísta hasta poder decir: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” 82,20). Es evidente, por tanto, que, en virtud de [el y con él, no sólo omitiremos hacer el mal, sino que intentaremos, con el amor del Espíritu Santo, realizar todo el bien posible.
En efecto, ahora se trata de aprender cuál debe ser la “actitud interior” del que se dirige a un Dios que es Padre y profundamente amigo del hombre. La enseñanza está coloreada por dos pequeñas, aunque vivaces parábolas: la primera es la del que va a medianoche aq casa de un amigo. La petición a esa hora, en condiciones incómodas para quien debe abrir la puerta de su casa, no puede ser atndida de inmediato. El acento del relato está puesto en la “insistencia” de quien llama al corazón (más que a la puerta) de un gran amigo, con confianza, con la “certeza confiada de obtener.” El mensaje está aquí.
La segunda parábola profundiza en la categoría de paternidad usando varias imágenes de contraste: pan-piedra, pez-serpiente, huevo-escorpión. El pez como el pan, es símbolo de Cristo, la serpiente evoca la serpiente de Génesis 3, el enemigo por excelencia del hombre. El huevo es símbolo de la vida; el escorpión, que lleva el veneno en la cola, evoca la muerte. La serie de verbos, fuertemente correlacionados entre sí, pe aparece después de la primera parábola, “Pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá” quiere persuadirnos a fondo de que la oración nunca es una pérdida de tiempo ni un desafío a un dios lejano y sordo. La oración tiene siempre una respuesta positiva. Con todo debe ser perseverante. (ver Lucas 18,1).
La pregunta de Jesús que aparece después de la segunda parábola supone una interpelación a nuestra sensibilidad más profunda. Sabemos que no somos buenos por naturaleza; sin embargo, el vínculo de la paternidad es tal que un padre, por el hecho de serlo, no puede dar más que cosas buenas y positiva a sus hijos. ¡Ojo! Lo más positivo, el don por excelencia, es el don de los dones: el Espíritu Santo, que se concede siempre a quien ora. Esto es lo que dice Lucas, a diferencia de Mateo, que habla en cambio de “cosas buenas” (Mateo 7,11) Aunque la oración parezca no tener respuesta según nuestra lógica, siempre excesivamente “terrena”, en realidad siempre es escuchada. Y el elhecho de que Dios dé su Santo Espíritu a quien otra significa que el “don” incluye todo verdadero bien en orden a la salvación. Tenemos que orar siempre así: “Jesús, me fío de ti. Obtenme del Padre el Espíritu Santo.”
ORACION
Señor, te ruego que aumentes mi fe. En un mundo, por otra parte, ebrio de sus propios éxitos científicos y tecnológicos y, por otra parte, incierto, desesperado en sus propios egoísmos, concédeme fundamentar plenamente en ti mi pensamiento y mi acción.
Concédeme la lucidez de un pensamiento fuerte y verdadero por estar sostenido por la verdad de tu Espíritu Santo y, también, la audacia de un obrar honesto y bueno, todo él penetrado por la fuerza de la caridad, que sólo tu Espíritu puede derramar en mi corazón, si estoy libre del orgullo de creerme bueno.

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