Salmo 84,9ab-10.11-12.13-14
La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,35-38):
Efesios 3, 2-12: También los gentiles son coherederos de la promesa Salmo de Is 12, 2-6: Sacarán agua con gozo de las fuentes del Salvador. Lucas 12, 39-48: A quien mucho se le dio, mucho se le pedirá
Jesús comienza advirtiendo a sus discípulos, es un texto formado por tres partes. Primero advierte de estar preparados y atentos de la venida del Hijo del Hombre. Es necesario para los tiempos convulsionados de hoy de estar en una actitud que le dé sentido a nuestra experiencia de fe: hay que estar alertas a las moniciones del Espíritu en la historia. Con la agudeza evangélica podemos comprender los sentidos de la revelación de Dios en la comunidad humana. Segundo el texto nos pone cara a cara con la ingenuidad del dirigente de la comunidad: las palabras que decimos: las palabras que dices Jesús ¿son para nosotros o para todos? La respuesta de Jesús es clara, tanto ayer como hoy, estamos llamados a ser dirigentes fieles, responsables sin perder el carácter liberador, profético y salvífico del servicio coherente con el Evangelio. Por último, el texto despliega el fondo teológico, con una invitación concreta: la administración responsable de los bienes recibidos no importando si son administración responsable de los bienes recibidos no importando si son muchos o pocos. En definitiva el sentido del texto es su totalidad, importa a la conducción responsable de la comunidad cristiana por parte de sus animadores, nosotros.
En la primera lectura de hoy, el hecho de que los efesios fueran de origen pagano le da a Pablo la oportunidad para apuntar su situación procedente de la gran pobreza por la falta de Cristo. No tenerle a Dios significa “estar lejos” de Dios; tenerle significa “estar cerca” gracias a la Sangre que ha derramado por nosotros. En realidad los griegos vivían en una situación desfavorable en referencia a los israelitas, no podían participar, en consecuencia, de las promesas (12).
El punto central ee la afirmación de Pablo de que “Cristo es nuestra paz” (1ss). Tenemos que entender el doble sentido de la palabra “paz”. Por una parte dee trata de la abolición de aquellos que, en lo tocante a la Ley, separaba a judíos y paganos. Por otra parte, es la paz de todo hombre con Dios, entendida como una reconciliación que tiene lugar por el hecho de que ha sido eliminado el pecado. En Cristo, -él solo- quien ha llevqdo a cabo tanto como otra paz. Verdaderamente, la separación era una enemistad tan profunda que formaba como “muro” que separaba al hombre de Dios y a los hombres entre ellos. La observancia de la Ley, caída en un ciego legalismo formalista, impedía la obediencia a Dios de una manera sustancial; esa obediencia es ahora posible por la pacificación que tiene lugar con la encarnación del Verbo y el rescate de su muerte en la cruz. En virtud, de esta paz nuestra nace el “hombre nuevo” (16). EL camino, tanto para los que proceden del paganismo tanto como para los fueran judíos, es ahora un sereno ir al Padre con la fuerza unificadora del Espíritu.
Pablo pone a continuación la premisa de nuestra identidad con la Iglesia. Ahora, somos “conciudadanos dentro del pueblo de Dios; … (19) sólidamente “edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas” (20), Nuestra piedra angular es Jesús. De élnos viene la posibilidad de evolucionar espiritualmente hasta llegar a ser, caminando con los hermanos, verdadero templo de Dios, su morada por intervención del Espíritu.
Jesús dirige una invitación: “Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas” (35), y una exclamación reconfortante: “Dichosos ellos” (38) e introduce una pequeña parábola dividida en dos partes: una en la que los sieros esperan al amo, y otra, igualmente sorprendente en su brevedad, en la que el amor, a su vuelta de la boda, en vez de querer reposar, invita a los siervos, a que se sienten a la mesa y él mismo se pone a servirles.
Llama la atención el tema de la “vigilancia”, que resulta familiar en la enseñanza de Jesús. La imagen de las lámparas encendidas recuerda a las vírgenes “vigilantes” de la parábola narrada por Mateo 25,1-13 y encuentra su contrapunto en el pesado sueño de Pedro, Santiago y juan, en absoluto dispuestos a compartir la angustia mortal de Jesús en el huerto de los Olivos. Dormían, en efecto, porque “sus ojos estaban cargados” (Marcos 14,40). La invitación de Jesús: “Velad y orad para que podáis hacer frente a la prueba” (Marcos 14,38) había caído completamente en el vacío.
El gesto de tener cenida la cintura y las lámparas encendidas, expresa el hecho de estar dispuestos a quedarse o ir allí donde el amo quiera. Jesús recoge, del vestuario típico de los hombres de Palestina de aquellos tiempos cunado se preparaban para el trabajo o para emprender el camino de noche, la evidencia “de un estado de vela espiritual” de gran importancia para un verdadero crecimiento en los ámbitos humano y cristiano. No por casualidad recoge Lucas otra invitación perentoria de Jesús: “procurad que vuestros corazones no sed emboten por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida.” (Lucas 21,34) En efecto nada como el embotamiento entorpece los ojos del corazón, arranca el crecimiento y siembra la vida de falsas ilusiones. El embotamiento espiritual hace perder el sentido de esta vida y de la que vendrá, en la que el Señor nos invitará al banquete servido por su amor para siempre.
ORACION

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