Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 17 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEBRE 17, 2010

PALABRADE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis 4, 1-11
Yo, Juan, en la visión vi en el cielo una puerta abierta; la voz con timbre de trompeta que oí al principio me estaba diciendo:«Sube aquí, y te mostraré lo que tiene que suceder después.»Al momento caí en éxtasis. En el cielo había un trono y uno sentado en el trono. El que estaba sentado en el trono brillaba como jaspe y granate, y alrededor del trono había un halo que brillaba como una esmeralda.En círculo alrededor del trono había otros veinticuatro tronos, y sentados en ellos veinticuatro ancianos con ropajes blancos y coronas de oro en la cabeza. Del trono saltan relámpagos y retumbar de truenos; ante el trono ardían siete lámparas, los siete espíritus de Dios, y delante se extendía una especie de mar transparente, parecido al cristal.En el centro, alrededor del trono, había cuatro seres vivientes cubiertos de ojos por delante y por detrás: El primero se parecía a un león, el segundo a un novillo, el tercero tenía cara de hombre y el cuarto parecía un águila en vuelo. Los cuatro seres vivientes, cada uno con seis alas, estaban cubiertos de ojos por fuera y por dentro. Día y noche cantan sin pausa:«Santo, Santo, Santo es el Señor, soberano de todo: el que era y es y viene. »Y cada vez que los cuatro seres vivientes dan gloria y honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, adorando al que vive por los siglos de los siglos, y arrojan sus coronas ante el trono, diciendo:«Eres digno, Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.»

Salmo 150, 1-2. 3-4. 5
Santo, Santo, Santo es el Señor, soberano de todo.Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas.
Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes. Todo ser que alientaalabe al Señor.

Lectura del santo evangelio según Lucas 19, 11-28
En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro.Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: "Negociad mientras vuelvo." Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras él una embajada para informar: "No queremos que él sea nuestro rey." Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: "Señor, tu onza ha producido diez." Él le contestó: "Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades." El segundo llegó y dijo: "Tu onza, señor, ha producido cinco." A ése le dijo también: "Pues toma tú el mando de cinco ciudades." El otro llegó y dijo: "Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo, porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras." Él le contestó: "Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses." Entonces dijo a los presentes: "Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez." Le replicaron: "Señor, si ya tiene diez onzas." "Os digo: 'Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.' Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia."»Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

HOMILIA

Apocalipsid 4, 1-11: Santo es el Señor, soberano de todo; el que era y es y viene Salmo 150: Santo, Santo, Santo es el Señor, soberano de todo Lucas 19, 11-28: A quien no tiene se le quitará aun lo que tiene

Jesús va de camino a Jerusalén, a la ciudad santa, donde tendrá lugar el acontecimiento central de la historia de la salvación: su muerte y su resurrección. Esta parábola que Jesús relata a sus seguidores tiene como fin tumbar las expectativas mesiánicas de los que esperaban la irrupción e instauración del reino de Dios por medio de la fuerza y del poder de las armas. Jesús enseña una esperanza distinta, la cual no viene de la fuerza humana, sino que es propia de la voluntad de Dios: la muerte y la resurrección de Jesús. Jesús es el Mesías esperado, es el prometido por Dios, pero no como rey destructor o continuador de un sistema religioso y político que genera muerte; Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, aquel hombre que con sus palabras y acciones salva a la humanidad, que con su entrega generosa y solidaria en la cruz otorga vida plena. La instalación del reino de Dios se inicia con la muerte y resurrección de Jesús y continúa con la entrega y el servicio generoso que cada uno de nosotros realiza, desde nuestras capacidades y dones, en favor de una nueva sociedad, fundamentada en los valores y principios del Evangelio.

Los apóstoles entenderán y también nosotros aceptaremos que el Reino de dios es la realización de Jesús muere y resucita y a nosotros nos espera lo mismo. Cualquier visión que sea distinta a ésta es soñar con ilusiones, las cuáles nos tentaran a través de la historia, pero Jesús nos indica hoy por donde debemos apuntar nuestra fe en la acción de Jesús.

Esto tiene sentido claro en las cartas que Juan escribe a las siete Iglesias, pero Juan no se queda solamente ahí, nos ofrece dos visiones, la primra de las cuales es la lectura de la Iglesia para el día de hoy. Por medio de algunos símbolos, por otra parte, bien conocidos para los que conocen el Antiguo Testamento, construye juan un gran esxcenario que tiene en su centro un trono de gloria. En ese trono está sentado el eerno y se desarrolla en una gran procesión y se eleva una especie de himno de alabanza y de acción de gracias. La visión sirve únicamente para concentrar la atención de todos –también la nuestra- sobre aquel “que está sentado en el trono” porque es Dios el creador de todas las osas (2). Ante dios se desarrolla una especie de procesión y se eleva una especie de himno de alabanza y de acción de gracias. Los elementos descriptivos sirven para únicamente para concentrar la atención de todos sobre aquel “que está sentado en el trono” porque es Dios y a él sólo se le debe todo acto de adoración. De ahí que la visión descripta por Juan tiene una función eminentemente práctica: la de introducirnos a cada uno de nosotros o, mejor, a la asamblea litúrgica que celebra los santos misterios, en esa liturgia celestial que constituye de modelo de toda liturgia terrestre.

Las distintas aclamaciones que suben hacia el Eterno, “el Señor todopoderoso” (8) constituye la expresión de una piedad que conserva intacto su valor tanto hoy como yer. En pr4imer lugar, “trisagio”, el tres veces santo, dirigido “al que era, el que es y el que está a punto de llegar”. Eso sintetiza, en cierto modo, la historia de la humanidad, la cual, en cuanto visitada por Dios, se convierte en historia de la salvación el otro himno de alabanza que cierra esta lectura (11) reconoce en aquel que esta sentado en el trono al Creador de todas las cosas y cuya voluntad está en el origen de la creación. No invita a no albergar temor alguno en virtud de la protección que nos viene del Eterno.

En el evangelio de hoy para entender la parábola es preciso tener presente dos motivos fundamentales que se entrelazan en esta lectura de Lucas, él quiere decir allí lo que significa ser discípulos; por otro lado entroudce al rey rechazado El primer motivo prosigue y desarrolla el tema de las páginas ante3riores, mientras que el segundo introduce el tema de las páginams que siguen. Tenemso que fijararnos en el comienzo de la parábola (11), porque con ella Lucas pretende ilustrar el tema de la inminencia escatológica, uniendo no sólo con el tema histórico de la entrada de Jesús en Jerusalén, sino también con la cuestión del “cuándo vendrá el reino de Dio (17,20).

Y todo esto representa una interpretación múltiple y diferenciada de la parábola, en la que Lucas, por otra parte, introduce algunos retoques personales. Por ejemplo, la alusión al “país lejano” (12) al que se marchó el hombre noble: de este modo Lucas indica que queda todavía una cantidad de tiempo antes de que vuelva el Señor. Bueno es recordar que en 21,8 pondrá Lucas en guardia contra un posible error de valorización y de perspectiva en la espera del retorno del Señor.
Otro detalle de Lucas que merece ser puesto en relieve es el deber de hacer fructificar las minas o talentos. En efecto, si bien el Señor tada en venir, no es menos cierto que vendrá y que lo hará como juez; ante él es preciso presentarse con frutos en las manos para que no nos diga que no nos conoce (de que habla Lucas en 12,47ss): La exhortación evangélica llega así a todo discípulo de Jesús. Por eso Juan en la primera lectura dice: “Santo, santo, santo, Señor dios todopoderoso” Apocalipsis 4,8

ORACION

Santo, santo, santo es el Señor. Has hecho el mundo para nosotros: la flores de mil colores para alegrarnos, la lluvia para refrescar la tierra; los pájaros para llenar el aire3 de cantos; la luna y las estrellas para hacernos soñar.

Santo, santo, santo es el Señor. Nos has creado y colmado de don es; la inteligencia para captar tus maravillas; la voluntad para amar el universo; la fantasía para alcanzar loo imposible; la sonrisa para difundir tu alegría. Santo, santo, santo es el Señor.

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