Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos,proclamaré su grandeza con acción de gracias. Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,1-12):
HOMILIA
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El poder de la seducción de una muchacha condujo al embriagado Herodes dictar una sentencia contra Juan, largo tiempo reprimida en el rey Herodes. Pero no psasó mucho tiempo antes que Herodes Antipas empezara a temblar frente a la voz potente de Jesús, quien recogió la insignia de Bautista y comenzó a remover los cimientos del poder que se había asentado sobre Israel. Este relato nos describe con claridad los efectos que la misión de Jesús es mantener una actitud crítica frente a la sociedad y a las formas de vida que atentan contra los valores evangélicos, los idscípulos continuadores de la misión de Jesús tendrán que seguir denunciando las injusticias, el anuncio de la buena noticia se hace incómodo para aquellos que buscan su propia seguridad. La suerte de Juan va a atraer consigo la condenación de Jesús, de quien Juan es el precursor.
Por eso tenemos que leer con atención la historia que hemos leído hoy de Jeremías y al hecho de su advertencia pronunciada por el profeta en la entrada del templo, dodne el profeta Jeremía denuncia a los jefes y ente el pueblo, y que van a terminar acusándolo de profetizar la destrucción del templo y de Jerusalén, “santos” ambos por ser morado de Dios. Anunciar su final era pronunciar era pronunciar una blasfemia que merecía la sentencia de muerte (11) y Jeremías reivindica en su defensa el mandato de Dios (12). Con esto precisa que el centro de su mensaje no es la destrucción de Jerusalén y de su templo sino la conversión de su pueblo: eso es lo que desea el Señor, y a su obtención se dirige la amenaza del castigo que, sib embargo, si la advertencia consigue el efecto esperado, no será llevada a cabo (13). Jeremías abe que es, en verdad, profeta de Yavhé: los jefes religiosos y políticos se abstienen de condenar a muerte a un inocente, cuya sangre pesaría su conciencia como una culpa ulterior que, ciertamente no quedaría si castigo (14ss). El fragmente que leemos en la misa de hoy concluye con el (24) en el que se indica que Jeremías salvó la vida gracias gracias a la protección que le otorgó un personaje dotado de autoridad frente a los jefes del pueblo, Ajican, hijo de Safán.
Lo mismo le va a pasar a Jesús, Mateo después de contar cómo rechazaron a Jesús sus paisanos, pone el relato del martirio de Juan Bautista, tomando como motivo la reacción de Herodes Antipas al oír hablar de Jesús y sus obras (1ss) Herodes, a quien los romanos le habían reconocido la gobernación sobre Galilea y Perea, había decretado el arresto y la posterior decapitación del Bautista a causa de la fuerte denuncia por parte de este último del pecado del tetrarca. Este habá repudiado a su esposa y tomado como mujer a la esposa de su hermano (3,’5) La intransigente llamada del Bautista a la observancia de la ley moral se había vuelto insoportable para la pareja adúltera. Si bien la voluntad homicida de Herodes estaba frenada por el temor de una sublevación popular –y, añade el evangelista Marcos, por cierta estima que el tetrarca alimentada por el Bautista (Marcos 6,20)- no sucedía loo mismo con Herodías. Por eso cuando Herodes le juró a su hija darle lo que le pidiera, Herdodías consiguió que el tetrarca le entregara la cabeza de Juan (6-11). La muerte del Bautista, cuya noticia llegaron a Jesús sus discípulos de Juan (2), es el último eslabón de una cadena de acontecimientos a través de los cuales ha llevado Juan a término su propia misión de precursor. Jesús comprende que está llamado a recorrer el mismo camino.
En en discurso de la despedida que siguieron a la última cena, Jesús declaró: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6). Jesús es la verdad desconocida y combatida por los que se deja n instigar por aquel que es “mentiroso y padre de la mentira” (Juan 8,44) Ahora bien, el que sigue a éste no llega a la vida, sino a la muerte. Sin embargo, tiene tantos seguidores porque en este mundo el éxito de la elección parece producir un efecto contrario: los testigos de la verdad son aplastados, hechos callar, muertos en el campo de concentración, de ayer y de hoy. Es una constante de la historia que estallas persecuciones allí donde hay alguien que dice de modo claro, y comprensible, con su vida y con sus palabras la verdad de Dios. La verdad es incómodo, del mismo modo que es incómodo el amor, porque implica la renuncia a nuestros propios intereses egoístas y pide la apertura al otro.
La Palabra del Señor, una vez más, nos sirve de espejo. ¡?En que rostro nos reconoceremos? ¿En el Jeremías y en el de Juan Bautistas? ¿o en de los sacerdotes y el de los profetas corruptos, o en el de los sacerdotes y en el de los profetas corruptos o en el de Herodes y Herodías? Escuchemos, hoy, la voz del Señor, que es la voz de la verdad.
ORACION
Concédeme tu Espíritu de fortaleza: que no me deje calentar el corazón y encuentre en ti una alegría más fuerte que cualquier miedo. Haz de mí también un testigo de la verdad que tú eres.

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