Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 31 de julio de 2010

TIEMPO ORDINARIO, 31 DE JULIO, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Jeremías (26,11-16.24):
En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los príncipes y al pueblo: «Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis oído con vuestros oídos.»Jeremías respondió a los príncipes y al pueblo: «El Señor me envió a profetizar contra este templo y esta ciudad las palabras que habéis oído. Pero, ahora, enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, escuchad la voz del Señor, vuestro Dios; y el Señor se arrepentirá de la amenaza que pronunció contra vosotros. Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca. Pero, sabedlo bien: si vosotros me matáis, echáis sangre inocente sobre vosotros, sobre esta ciudad y sus habitantes. Porque ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar a vuestros oídos estas palabras.»Los príncipes del pueblo dijeron a los sacerdotes y profetas: «Este hombre no es reo de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios.» Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías, para que no lo entregaran al pueblo para matarlo.
Salmo 68
Escúchame, Señor, el día de tu favorArráncame del cieno, que no me hunda; líbrame de los que me aborrecen, y de las aguas sin fondo. Que no me arrastre la corriente, que no me trague el torbellino,que no se cierre la poza sobre mí.
Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos,proclamaré su grandeza con acción de gracias. Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,1-12):
En aquel tiempo oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús, y dijo a sus ayudantes: «Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.» Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.» El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús.

HOMILIA
Jeremías 26, 11-16. 24: El Señor me ha enviado ustedes, a predicar estas palabras.Salmo 68: Escúchame, Señor, el día de tu favor . Mateo 14, 1-12: Ése es Juan el Bautista
.
Tenemos que indicar que el Herodes de quien se habla en esta historia es Herodes Antipas, el hi8jo de Herodes el Grande. Tiene el título de tetrarca de Galilea y Perea, dode ejercía su reinado bajo el estricto control de Roma. Y la predicación de Juan Bautista ocasionó un problema a Herodes Antipas y la predicación de Juan obligó a Herodes a ponerlo en prisión. Es que Juan denunciaba la relación que Herodes mantenía con Herodías, esposa de su hermano Filipo, con la intención de apoderarse de su territorio. Juan acusaba a Herodes el adulterio y la desmedida ambición de Herodes.
Mateo al ubicar el relato, en este momento anunciaba el el destino trágico de la situación de Jesús, y la relación entre el Mesías y el Precursor. La muerte de Juan anuncia la muerte de Jesús. Juan aparece como el profet5a asesinado por los poderosos de su pueblo y su muerte pone de manifiesto la actitud hostil de Israel hacia Jesús. Esta referencia a la actitud hostil de Juan y de Jesús es clara en el evangelio de Mateo, que concluye el episodio con una nueva referencia de Jesús, a quien los discípulos de Juan anuncian la muerte de éste.

El poder de la seducción de una muchacha condujo al embriagado Herodes dictar una sentencia contra Juan, largo tiempo reprimida en el rey Herodes. Pero no psasó mucho tiempo antes que Herodes Antipas empezara a temblar frente a la voz potente de Jesús, quien recogió la insignia de Bautista y comenzó a remover los cimientos del poder que se había asentado sobre Israel. Este relato nos describe con claridad los efectos que la misión de Jesús es mantener una actitud crítica frente a la sociedad y a las formas de vida que atentan contra los valores evangélicos, los idscípulos continuadores de la misión de Jesús tendrán que seguir denunciando las injusticias, el anuncio de la buena noticia se hace incómodo para aquellos que buscan su propia seguridad. La suerte de Juan va a atraer consigo la condenación de Jesús, de quien Juan es el precursor.

Por eso tenemos que leer con atención la historia que hemos leído hoy de Jeremías y al hecho de su advertencia pronunciada por el profeta en la entrada del templo, dodne el profeta Jeremía denuncia a los jefes y ente el pueblo, y que van a terminar acusándolo de profetizar la destrucción del templo y de Jerusalén, “santos” ambos por ser morado de Dios. Anunciar su final era pronunciar era pronunciar una blasfemia que merecía la sentencia de muerte (11) y Jeremías reivindica en su defensa el mandato de Dios (12). Con esto precisa que el centro de su mensaje no es la destrucción de Jerusalén y de su templo sino la conversión de su pueblo: eso es lo que desea el Señor, y a su obtención se dirige la amenaza del castigo que, sib embargo, si la advertencia consigue el efecto esperado, no será llevada a cabo (13). Jeremías abe que es, en verdad, profeta de Yavhé: los jefes religiosos y políticos se abstienen de condenar a muerte a un inocente, cuya sangre pesaría su conciencia como una culpa ulterior que, ciertamente no quedaría si castigo (14ss). El fragmente que leemos en la misa de hoy concluye con el (24) en el que se indica que Jeremías salvó la vida gracias gracias a la protección que le otorgó un personaje dotado de autoridad frente a los jefes del pueblo, Ajican, hijo de Safán.

Lo mismo le va a pasar a Jesús, Mateo después de contar cómo rechazaron a Jesús sus paisanos, pone el relato del martirio de Juan Bautista, tomando como motivo la reacción de Herodes Antipas al oír hablar de Jesús y sus obras (1ss) Herodes, a quien los romanos le habían reconocido la gobernación sobre Galilea y Perea, había decretado el arresto y la posterior decapitación del Bautista a causa de la fuerte denuncia por parte de este último del pecado del tetrarca. Este habá repudiado a su esposa y tomado como mujer a la esposa de su hermano (3,’5) La intransigente llamada del Bautista a la observancia de la ley moral se había vuelto insoportable para la pareja adúltera. Si bien la voluntad homicida de Herodes estaba frenada por el temor de una sublevación popular –y, añade el evangelista Marcos, por cierta estima que el tetrarca alimentada por el Bautista (Marcos 6,20)- no sucedía loo mismo con Herodías. Por eso cuando Herodes le juró a su hija darle lo que le pidiera, Herdodías consiguió que el tetrarca le entregara la cabeza de Juan (6-11). La muerte del Bautista, cuya noticia llegaron a Jesús sus discípulos de Juan (2), es el último eslabón de una cadena de acontecimientos a través de los cuales ha llevado Juan a término su propia misión de precursor. Jesús comprende que está llamado a recorrer el mismo camino.

En en discurso de la despedida que siguieron a la última cena, Jesús declaró: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6). Jesús es la verdad desconocida y combatida por los que se deja n instigar por aquel que es “mentiroso y padre de la mentira” (Juan 8,44) Ahora bien, el que sigue a éste no llega a la vida, sino a la muerte. Sin embargo, tiene tantos seguidores porque en este mundo el éxito de la elección parece producir un efecto contrario: los testigos de la verdad son aplastados, hechos callar, muertos en el campo de concentración, de ayer y de hoy. Es una constante de la historia que estallas persecuciones allí donde hay alguien que dice de modo claro, y comprensible, con su vida y con sus palabras la verdad de Dios. La verdad es incómodo, del mismo modo que es incómodo el amor, porque implica la renuncia a nuestros propios intereses egoístas y pide la apertura al otro.

La Palabra del Señor, una vez más, nos sirve de espejo. ¡?En que rostro nos reconoceremos? ¿En el Jeremías y en el de Juan Bautistas? ¿o en de los sacerdotes y el de los profetas corruptos, o en el de los sacerdotes y en el de los profetas corruptos o en el de Herodes y Herodías? Escuchemos, hoy, la voz del Señor, que es la voz de la verdad.

ORACION
Perdona, Señor, mi poco coraje. Me siento muy semejante a tu apóstol Pedro, que, que cuando le preguntaron si era uno de los tuyos, negó incluso conocerte. El miedo a perder la compañía de alguien o un mal entendido respeto humano me frenan a la hora de pronunciar las palabras, de realizar acciones coherentes con ese Evangelio que, sin embargo, deseo vivir. En ciertos lugares es motivo de vergüenza declararse cristiano.

Concédeme tu Espíritu de fortaleza: que no me deje calentar el corazón y encuentre en ti una alegría más fuerte que cualquier miedo. Haz de mí también un testigo de la verdad que tú eres.

No hay comentarios.: