Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 10 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 10, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9,16-19.22b-27):
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. Ya sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio. Corred así: para ganar. Pero un atleta se impone toda clase de privaciones. Ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita. Por eso corro yo, pero no al azar; boxeo, pero no contra el aire; mis golpes van a mi cuerpo y lo tengo a mi servicio, no sea que, después de predicar a los otros, me descalifiquen a mí.

Salmo 83,3.4.5-6.12
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación. Porque el Señor es sol y escudo, él da la gracia y la gloria; el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,39-42):
En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo," sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.»
HOMILIA

1Corintios 9, 16-19. 22b-27: Me he hecho todo a todos, para ganar a algunos Salmo: 83: ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Lucas 6, 39-42: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?
Jesús entra en contacto con un ciego. Indudablemente un ciego no puede guiar a otro ciego. Podemos ayudar a otros si primero nos ayudamos a nosotros mismos. Sería injusto querer corregir al otro cuando primero no miro al mal que estoy actuando frente a los demás. Podemos imitar a Jesús pero primero tenemos que ver cual es el comportamiento de Jesús frente a las personas, cómo él se expresaba en ciertas situaciones y como enfrentaba loas dificultades, entre otras cosas.

También se nos habla hoy que si queremos sacar la viga que tiene la otra persona, primero que limpiar nuestro ojo. Es decir, no juzguemos a los demás sin primero revisar cómo está nuestra vista en la presencia del Señor y de los hermanos. Descubramos nuestro propio pecado. Seamos más bien compasivos y misericordiosos como el Padre lo es con todos nosotros sus hijos.
En este texto también se nos habla de quien quiera ayudar a sacar la paja que tiene el ojo de la otra persona, primero que se saque la viga que tiene en el propio. Es decir, no juzguemos a los demás sin primero revisar cómo está mi vida frente a Dios y los hermanos. Descubramos nuestro propio pecado. Seamos, más bien, compasivos y misericordiosos como el Padre lo es con todos nosotros, sus hijos. Ese es el camino que tenemos que aprender ante todo.

Pablo se en cuenta en la misma situación en la carta a los Romanops Tiene que defender, no defender su persona, sino defenderse de los problemas creados por los fariseos. Tiene que defensar su trabajo de apóstol en medio de la comunidad cristiana de Corinto. No faltan algunos, que en otras cosas lo acusan de obrar por interés en el ejercicio de su ministerio, como si hubiera alguna recompensa material en ello, o por menos una afirmación personal en loq eu hace o ha hecho.
En primer lugar afirma que es una “obligación” para él y, no un motivo de gloria, predicar el evangelio (16), aparece aquí la teoría del siervo-esclavo, esto es, del que se ha puesto libremente al servicio de su Señor y no puede sustraerse a una obligación concreta. Pablo sabe que es un mandado y que no puede hacer huelga en la viña del Señor. Más aún afirma Pablo “Y pobre de mi sinjo anunciara el evangelio” (16b): se sabe constantemente sometido al juicio de Dios, de quien espera todo veredicto de fidelidad o infidelidad.. La amenaza que siente pesar sobre él, lejos de q uitarle el espíritu de iniciativa, le invita a tomar siempre nuevas iniciativas apostólicas. La única recompensa que espera es la de predicar gratuitamente el Evangelio, que de ninguna manera fgratuita, le ha sido confiado )lea Mateo 10,8).

En la cima de todas sus preocupaciones está el santo orgullo que le lleva a decir: “todo esto lo hago por el evangelio”, que, de manera gratuita le hay sido confiado (23). Es hermoso e instructivo señalar esta total concentración física y espiritual de Pablo en su ministerio, en el que se manifiesta una vez más generosa, cada vez más desinteresado, cada vez más consagrado (ver 2 Corintio 6,3; Filipenses 3,7-14).

La paja y la vida podría ser el título del evangelio que hemos leído. La enseñanza de Jesús versa sobre este gran contraste y se dirige a sus contemporáneos para ponerles en guardia contra el peligro de la presunción, que lleva a la ruina, precisamente como a los fariseos, que, en mat3eria de presunción, no tenían rival. Estas palabras de Jesús van dirigidas a los discípulos: se trata de una parábola _escrita por Lucas- que no tiene necesidad de explicaciones, porque desmantela con toda claridad la actitud propia de quien ejerce su ministerio de guía respecto a sus hermanos. A contraluz aparece una insistente invitación de Jesús a la humildad, a la verdadera humildad, en virtud de la cual el que es guía no se erige como juez de sus hermanos, sino que, a lo sumo, se expone voluntariamente a la recíproca corrección fraterna.

Del discuso parabólica pasa Jesús, de una manera insensible, a un discurso expositivo: “el discípulo no es más que su maestro…” y a un discurso provocador; ¿Cómo es que vez la mota en el ojo de tu hermano?... ¿Y como puedes decir a tu hermano?... ¡Hipócrita! (41ss) La intención de Jesús es suscitar intensiones de vida comunitaria en aquellos a quienes confían su evangelio, esto es su propuesta de vida nueva. No hay verdadera espiritualidad cristiana sin la práctica de los mandamientos y, más aún, sin una adhesión total a la novedad evangélica. En labios de Jesús, el discurso sobre la mota y la viga se convierte a una invitación, más insistente que nunca, a asumir con valor nuestras propias responsabilidades y a no caer en las trampas que, en su tiempo, habían enredado la práctica de los fariseos.

ORACION

Servir al Padre fue para ti, Señor, “una manifestación de tu amor”. Enséñame el verdadero espíritu de servicio, el que marca el camino de la abnegación, de la pobreza, de la persecución, de la obediencia hasta la entrega total de nosotros mismos.

Servir a los hermanos fue para ti, Señor, “tu alegría”. Enséñame a aliviar las heridas ajenas, a consolar a los afligidos, hacer vivir a los deprimidos, a calmar a los violentos, a instruir a los ignorantes, a predicar el Evangelio sin presunción y con humildad.

Para ti, Señor, servir es “una opción” que orientó tu existencia y cualificó toda tu vida. Enséñame y hazme comprender que para mí tampoco es opcional el servicio, sino que forma parte constituva de mi vida de apóstol: servir para llegar a Cristo, como Pablo, al mayor número posible de hermanos y hermanas.

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