Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,6-11):
Jesús continúa con su plan de enseñanza del pueblo que se reúne con él en las sinagogas. Al entrar en una de ellas se encuentra con un hombre con la mano paralizada y movido por su misericordia viola nuevamente la ley del sábado. Pero nunca falta fariseos y saduceos estaba en la sinagoga y Jesús les dirige una pregunta: “Qué está permitido hacer en sábado? ¿Hacer el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla? Pero los fariseos y saduceos se quedan callados, están planeando eliminarlo. Pero Jesús no les teme y le pone ante ellos y loa comun9odad reunida al hombre enfermo paralizado y Jesús vuelve a poner la ley del amor encima de la ley del sábado. Cuando nosotros, servidores de Jesús, ponemos cualquier ley sobre el amor a Dios y al prójimo, nos olvidamos que la misericordia de dios está sobre cualquier ley.
Por supuesto se hizo silencio ni los fariseos ni los escribas ni la gente de la sinagoga habló. Jesús llama al hombre enfermo y le hace extender la mano derecha y lo cura, y el hombre quedó sano. La obediencia de este hombre y su fe lo salvaron.
Nosotros que nos llamamos servidores de Cristo cuantas veces colocamos nuestras leyes y normas sobre las personas. Nos decimos: “hay de aquel que viola una ley o norma”. Pero Jesús sigue mostrándonos la misma actitud, nos sigue dando el mismo ejemplo de misericordia y compasión por el hermano que sufre. Este hermano nunca queda desamparado frente a Jesús.
Pablo en su Carta nos ocupa con un caso de inmoralidad, asunto extremadamente grave y que no puede ser silenciado. Pero lo más que sorprende es el hecho es que pablo en vez de acumular prohibiciones o recomendaciones, se remite al acontecimiento pascual, que así como ha caracte3rizado la vida la vida de Cristo, debe caracterizar la vida de los cristianos: “Suprimid la levadura vieja y sed masa nueva” (7) tenemos delante los principios “viejo-nuevo”, y con él pretende Pablo remover no sólo una especie de pereza espiritual, sino también y sobre todo una adhesión estática y nostálgica a lo que la venida de Cristo ha sido definitivamente superado. La comunidad de Corinto está amenazada, pues, pues con permanecer asentadas en las posiciones de siempre han perdido el ritmo de marcha inaugurado por la presencia de Cristo.
En el evangelio Lucas nos muestra la actitud de los fariseos y saduceos referentes a la posición sobre el sábado, pero Jesús toma una ocasión de la curación de un paralítico a quien Jesús le ha restaurado su enfermedad. Y esto va a producir en los fariseos la misma actitud que tuvieron cuando acusan a Jesús de comer espigas en día de sábado. Pero aquí es aún más fuerte, pues una determinada mentalidad farisea hubiera deseado bloquear la capacidad milagrosa del Señor. Es absurda la pretensión de los fariseos y permite a Jesús a liberar de la maldad de los fariseos, este leer en corazón del hombre: tanto en quienes lo escuchan y le siguen como en el de quienes les espían y quisiera sorprenderlo en un fallo.
Una vez liberado el paralítico, Jesús enfrente a sus adversarios no en el terreno de lo que es lícito hacer en día de sábado como en cualquier otro. De ahí la pregunta de Jesús (9). La certeza que anima a Jesús es tal que no espera la respuesta de sus adversarios: la da por descontado, y lo mismo haríamos nosotros si nos atenemos con fidelidad a las indicaciones del Maestro. Es inútil recordar lo que Jesús ha hecho y ha dicho desencadena en sus adversarios rabia que se juzgan a sí mismo condenarlo a muerte, y lo harán. Antes de matarlo físicamente lo condenan a muerte espiritualmente: en la raíz de esto encontramos siempre la intolerancia y la violencia. Por eso Pablo nos recuerda en la Carta a los Corintios 5,7: “Cristo, que es nuestro cordero pascual, ha sido ya inmolado.”
Lo que no entienden sus enemigos es que la Ley, “toda ley” debe ser considerada como “don de Dios” a su pueblo, tanto en al antiguo como al nuevo, incluido a todo hombre y mujer que quiere prestar un oído activo a la Palabra portadora de la verdad. Toda Ley se nos ofrece como “una luz para nuestros pasos” como lámpara que ilumina nuestro camino. La Ley, toda ley, se nos ofrece como “pedagogo”, es decir, como institución capaz de educarnos en el ejercicio de la libertad con la que reconocemos el primado de Dios y la prioridad de Cristo en cada una de nuestras decisiones.
Oh Señor, líbrano de la ceguera de los fariseos, que por amor a la Ley llegaron a matarte y, para defender sus tradiciones, no tenían escrúpulos a la hora de pisotear al prójimo.
¡Qué consuelo oír a Pablo agitar a la comunidad de Corinto para que sustituya la levadura vieja por ázimos nuevos de sinceridad y de verdad!

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