Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 11 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 11, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10,14-22):
Amigos míos, no tengáis que ver con la idolatría. Os hablo como a gente sensata, formaos vuestro juicio sobre lo que digo. El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan. Considerad a Israel según la carne: los que comen de las víctimas se unen al altar. ¿Qué quiero decir? ¿Que las víctimas son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios, y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber de los dos cálices, del del Señor y del de los demonios. No podéis participar de las dos mesas, de la del Señor y de la de los demonios. ¿Vamos a provocar al Señor? ¿Es que somos más fuertes que él?

Salmo 115,12-13.17-18
Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación,invocando su nombre.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,43-49):
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis "Señor, Señor" y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose.»
1Corintios 10, 14-22: Formemos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan Salmo: 115: Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.
HOMILIA
Lucas 6, 43-49: ¿Por qué me llamas "Señor, Señor"?
Jesús se fija en sus discípulos y nos hace pensar que lo que hemos sembrado en la vida eso cosecharemos porque como él dice: “cada árbol se reconoce por sus frutos”. De lo que hemos cosechado en la vida se hablará en nuestra vida y es signo de que la presencia de Dios está en nuestra vida, porque “el hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro bueno del corazón.” El corazón centro de nuestra vida habla por sí solo de nuestras acciones. De ahí sale que no basta decir que somos cristianos, tenemos que demostrarlo con hechos, No bastan las palabras tenemos que demostrarlo con obras concretas.

Dios exige de nosotros coherencia de vida que se refleja en la afirmación de Jesús, “de la abundancia del corazón habla la boca. Decir Señor, Señor es muy fácil pero somos embusteros al llamarlo Señor, cuando en realidad no ponemos en práctica lo que él nos ha enseñado. Por eso el Señor nos dice hoy que si lo escu7chamos nos parecemos al que va a construir su casa con cimientos bien fundados y los pondrá sobre roca para que jamás puedan ceder ante las adversidades.

A eso va Pablo en la Carta a los Corintios, porque considera que en la vida sacramental, algunas de las prácticas dejaban bastante que desear. Del mismo modo que en loos versículos 1-13 considera la práctica del bautismo y no se olvida de recordar el carácter sacramental de este sacramento, y luego reflexiona sobre el sacramento de la eucaristía a la menciona de modo claro con “el cáliz de la bendición que bendecimos” y con “pan que partimos” (16)
Pablo recuerda las notas características de la eucaristía: en primer lugar, es un sacrificio agradable a Dos, mediante el cual el que lo ofrece entra en comunión con aquel al que se eleva la ofrenda. Pablo da una gran importancia a ésta primera y fundamental experiencia mística, sin la que cualquiera celebración sacramental se agota en pura exterioridad y crea divisiones. En segundo lugar, la eucaristía es para Pablo un sacramento de la unidad: por su propia naturaleza, tiende a edificar la Iglesia como cuerpo místico de Cristo. Un solo cáliz “y un único pan”: por consiguiente, una sola Iglesia. Esta dimensión escatológica -también sacramental- se encuentra en estrecha conexión con la precedente se entra a formar parte de la Iglesia, porque se pertenece a Dios, porque se está arraigado en el Cuerpo de Cristo. La eucaristía es asimismo para Pablo signo distintivo de la comunidad creyente; por ella se distinguen los cristianos de cualquier otra comunidad o congregación y se distinguen como una comunidad especial. La eucaristía se convierte en el signo distintivo de los verdaderos discípulos de Cristo.

Estos temas, que encontramos en el evangelio, parecen ser considerados variaciones sobre el tema de las bienaventuranzas y de las amenazas. Se percibe en el contraste entre “el árbol bueno” y “el árbol malo” (43ss) así como el que establece Jesús entre los que construyen la casa cementada sobre la roca y el que wse construye sobre la arena (48ss).

La enseñanza que se inspira en la imagen del árbol nos remite a la situación de Palestina, una tierra que, desde diferentes puntos de vista, ofreció a Jesús muchos motivos para sus enseñanzas y para sus parábolas. El que ha tenido la suerte de visitar esa tierra sabe por experiencia cómo da frescura y vivacidad a la lectura de las páginas evangélicas.

Para Jesús, cada persona es como un árbol: porque si es bueno puede dar frutos buenos, y porque no es posible pretender que dé frutos buenos si es malo. La orientación de las palabras de Jesús va, por consiguiente, del interior al exterior (del corazón a los hechos), pero también del exterior al interior (de los hechos al corazón).
Palabras como éstas debieron estremecer a sus discípulos y a sus oyentes.. Jesús sabe bien lo que hay en el corazón de cada persona y habla desde un conocimiento que le es absolutamente propio, frente al cual todos sienten que son como un cuaderno abierto de par en paz. Para Jesús hay, pues, un tesoro bueno y otro malo (45); en ambos casos, se trata del corazón de la persona humana, fuente de sus pensamientos y manantial de sus acciones.
Una última observación nos lleva a considerar que Jesús exige a sus discípulos el compromiso de traducir la profesión de fe “Señor, Señor” (46) en actos concretos de obediencia. Pero les exige también que todo acto de obediencia se inspire en loa fe que han recibido como don.
La persona que del tesoro bien de su propio corazón saca el bien es “semejante a un hombre que, al edificar su casa, cavó hondo y la cimentó sobre la roca”. Por el contrario, la persona que de su corazón malo saca el mal es como el que construye sobre tierra insegura, sin fundamento. El corazón malo que se separa de loa Palabra y se niega al diálogo con el Señor, no sólo se aleja cada vez más del la intimidad con Dios, sino que los aparta también de las relaciones fraternas; más aún, le contrapone a todos aquellos que han sido convocados por Dios en su casa.

ORACION
Oh Señor, presentarse disfrazado con un yo que no se tiene es engaño, prome-ter un bien que no ha sido cultivado es una decepción, hablar de las propias cualidades sin traducirlas en obras es vanagloria, escuchar sin escuchar es poner en práctica una pérdida de tiempo.

Oh Señor, quien ha madurado su yo en su propia corazón estará en condiciones de presentarlo original y apetecible para el bien de muchos.

Sólo quien haya cultivado sus propios puntos fuertes en el silencio de su yo profunda podrá ofrecerlos co9n fuerza y valor p0ara apoyar a quien lo necesita.

Sólo quien vive en el silencio puede captar y valorar su propia realidad y la que le rodea, aprendiendo a exteriorizarla con pocas palabras, verdaderas, y con muchos hechos.

Oh Señor, sé que solo puedo llevar ante los otros lo que he recogido en la quietud, en tu p0resencia, porque sólo tú transformas la calidad de mis acciones.

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