Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 30 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 30, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Job (19,21-27):
Job dijo: «¡Piedad, piedad de mí, amigos míos, que me ha herido la mano de Dios! Por qué me perseguís como Dios y nos hartáis de escarnecerme? ¡Ojalá se escribieran mis palabras , ojalá se grabaran en cobre; con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca! Yo sé que está vivo mi Vengador y que al final se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios; yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos lo verán. ¡Desfallezco de ansias en mi pecho!»

Salmo 27,7-9,13-14
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vidaEscúchame, Señor, que te llamo, ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo,que tú eres mi auxilio; no me deseches.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 1-12):
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios." Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios." Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»

HOMILIA
Job 19, 21-27: Yo sé que está vivo mi Redentor Salmo 26: Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Lucas 10, 1-12: Descansará sobre ellos la paz.

Jesús ha elegido a sus discípulos y comienza el tiempo de enviarlos como él fue enviado por el padre para anunciar el proyecto del Padre. Un hecho importante, es que los constructores del Reino no son individuos separados, por eso envía 70 discípulos y los manda de dos en dos. Son pocos los que se arriesgan por seguir a Jesús por sus planes son muy serios. Por eso la oración de Jesús es “que envíes trabajadores a su viña” y ésta es una realidad que debemos tener presente. El seguimiento de Jesús no es tarea fácil. Les da simple indicaciones para la misión, no bolsas, no alforjas, no sandalias, es decir, nada material es necesario. Coman lo que les sirvan. Serán muchas las dificultades “os envío como corderos en medio de lobos” (3), nos enfrentaremos con personas que no estarán a favor nuestro ni de Dios y las consecuencias pueden ser muy duras. El mensaje que debemos llevar no es de buen gusto para todas las personas y de seguro va a incomodar a muchos, porque sacuden estructuras injustas que oprimen a los seres humanos. Pero tenemos que ponernos en marcha. El mundo necesita hombres y mujeres de paz y bien, que trasmitan esa paz y esa bondad que tanto anhelamos.
Muchas veces tendremos que usas las palabras que usa hoy Job, “?Hasta cuando me afligiréis y mi acribillaréis con vuestras palabras?” Llegamos así al capítulo 19, en que nos encontramos con el diálogo entre Job y sus amigos. Estos no hacen más que repetir la tesis de que las pruebas son el testigo de que Job es culpable ante Dios. Pero Job sigue confesando su inocencia. Para Job no hay mayor tormento que tener que tener que resistir a las excesivas palabras de sus amigos. El diálogo prolongado por diversos días, ha extenuado a Job. El sufrimiento más fuerte con el que enfrenta ahora es no conseguir proclamar su inocencia. Su prueba consiste en considerarse inocente, pero no poder probarlo ni ante Dios n antes sus amigos. “Grito: ¡Violencia! Y nadie me responde. Pido auxilio y nadie me defiende. Dios me ha cerrado el camino para que no pase, ha envuelto en tinieblas mis senderos” (19,7ss).
Entonces es cuando piensa Job dejar por escrito su defensa, para que, un día, tal vez nosotros mismos que leemos hoy sus palabras, le hagamos justicia: “!Ojajá se escribieran mis palabras! ¡!Ojalá se grabaran en el bronce! ¡Ojalá con punzón de hierro y plomo se esculpieran para siempre en la roca! (23ss). Pero esta solución no le convence. Piensa también en apelar al supremo “defensor” para que le haga justicia: ¡Pues yo sé que mi defensor está vivo! (25) Este defensor (Go´el) según la ley judía, es el único testigo que puede ser oído como defensa. Después de haber insultado a Dios, le llama ahora “defensor, redentor”. Nosotros, que conocemos el evangelio, apelamos, en cambio, al amor, a la caridad, al Dios omnipotente y misericordioso salvador.

En el evangelio en los versículos 1-6 del capítulo 9 de Lucas veíamos que Jesús encargaba a sus discípulos hacer lo mismo que él había hecho: expulsar a los demonios y curar a los enfermos (Lucas 8, 25-56). La iglesia no tiene otra misión que continuar la misión de aquel que la envió. Los doce apóstoles son el fundamento de la misión de la Iglesia. Ahora bien, junto con ellos, Jesús eligió a otros muchos. La mies es abundante, pero los obreros son siempre pocos. El trozo del Evangelio se hoy se refiere a los setenta y dos discípulos que anuncian el mensaje del Reino (10,1-12). El número “doce” recuerda a las doce tribus de Israel. Y el “setenta y dos” remite, en cambio, a los setenta y dos pueblos de la tierra enumerados en Génesis 10. La misión de los discípulos tiene por ello un aspecto universal, se extiende a toda la tierra. Estos setenta y dos discípulos constituyen el signo de todos aquellos que el dueño de la mies llama para llevar el Evangelio. No se trata, en realidad, de una empresa humana, de algo que dependa de nuestra capacidad; se trata del Reino de Dios.

Los obreros del Reino no son tanto aquellos que lo anuncian como Cristo mismo en persona. Se trata de dejar hacer a Jesús más que hacer nosotros mismos. Lo importante es ser como él, adoptar su estilo, con su acontecer y sus frutos, y gracia a ello con su alegría. “!En marcha! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos.”! (3) El Señor nos invita a no lamentarnos de los tiempos y de las dificultades de la misión. Más aún las dificultades constituyen precisamente el signo del Reino. El signo con el que viene el Reino. Son la obra del Espíritu Santo. Jesús pude a los discípulos que no se preocupen: “no es preocupéis del modo de defenderos, no de lo váis a decir; el Espíritu Santo os enseñará en ese mismo momento lo que debéis decir” (12,11-12) El Maestro no quiere que caigamos en la ansiedad. La misión es siempre un milagro del Señor. Por eso nos dice hoy: “Se ha acercado a nosotros, el Reino de Dios.” (Lucas 10,9)
ORACION.
“Pero no ruego solamente por ellos, sino por todos los que creerán en mí por medio de su palabra. Te pido que todos sean uno, Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado.” (Juan 17,20ss).Señor Jesús, te Damos gracias porque has rogado con nosotros, que, por la palabra de tus apóstoles, hemos creído en ti. Haz que permanezcamos unidos a ti, confiados en tu oración. Si ésta nos faltara, no estaríamos junto a ti; no podríamos darte gracias ni alabarte, ni darte a conocer a muchos de nuestros hermanos.

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